Venid a León a gritar a María
Iván de Jesús Pereira
Dedicado al doctor Emilio Álvarez Montalván en homenaje a su abuelo Venancio
La Gritería leonesa, síntesis de tradición, costumbres, devociones y recuerdos empieza a las 6:00 de la tarde en la Catedral Metropolitana, donde el Obispo lanza el primer grito de gritería, inaugurando la festividad popular más bella de Nicaragua.
En el fondo esa hora nos recuerda la antigua tradición leonesa del rezo del Ángelus, cuando la campana mayor de la Iglesia de la Merced tocaba para tal ocasión y los jefes de familia, como el doctor Venancio Montalván Godoy, se levantaban diciendo: “El Ángel del Señor anunció a María”, y toda su familia, servidores y empleados, respondían: “Y ella concibió por el Espíritu Santo”, abrazándose a continuación en señal de júbilo y alegría.
La Purísima, cuyo origen se remonta a los principios del siglo XVII cuando los frailes franciscanos comenzaron a celebrar en los primeros días de diciembre novenarios en honor a María y debido al entusiasmo popular repartían novenas e imágenes para que se rezara en las casas.
No se trata únicamente de una devoción popular. En su entorno existe toda una tradición de rezos, alabados, saludos y peticiones que, con el correr del tiempo, se ha venido archivando en la memoria colectiva del pueblo leonés.
Junto a esa devoción florecen las más finas delicias nicaragüenses. Recorriendo las calles, de pronto recibo la dulzura particular de un “bienmesabe”, un nuégano, un pan de rosa, un nisperito, un chivito. Mi paladar se deleita con la tradicional chicha, o con la particular horchata.
¡Es noche de Gritería! Y mi alma de niño florece en ese instante. A mis manos llegan los limones dulces, el frescor de la caña, la ternura del ayote en miel, de la cajeta de zapoyol y del piñonate.
El chavalo alegre que porta su salbeque resurge en mis recuerdos, y a mis narices mana el olor del madroño, de la albahaca en flor, del sardinillo alegre, los pañales del Niño y el pastor escarlata. Y recuerdo al poeta Antenor Sandino H. en su canción de cuna, cuando nos dice un canto que es toda una oración:“Purísimas de entonces…con ayote cocido, gofios y bienmesabes, nuéganos y horchata. Que una novia la novia de un amor escondido Nos dio acaso una noche, de diciembre de plata…”.¡Es noche de Gritería! Empiezo mi recorrido en el barrio de El Laborío. Sin lugar a dudas el centro de la Gritería leonesa. Ahí vas a mirar las vírgenes más bellas en todo su esplendor, en especial el altar de Luis Sandino, heredero de la Virgen de las señoritas Ramírez.
En medio del traqueteo de los triquitraques, del sonar de los tambores de las gigantonas y de los pepes cabezones, recorriendo la Españita, como se le llama a este particular lugar de la ciudad, el visitante podrá apreciar toda una constelación de altares.
Pasemos a San Felipe cuna de la Gritería. No dejen de visitar la parroquia donde podrán apreciar la imagen más dulce y juvenil de todas las imágenes.
Si caminan un poco, escasa cuadra y media en dirección al sur, busquen la funeraria de las Rosales y se sorprenderán al contemplar la belleza de la imagen que guarda esta familia.
Doblen a la izquierda hacia San Juan. Lo primero que verán es la imagen de la Socorro Castillo, que hoy su nieta Luby celebra con amor. Subamos un poquito hasta llegar a la casa de la familia Velásquez Pereira. ¡Contemplen la única casa que tiene dos altares a la vez! Por un lado, una imagen de bulto, venida del Laborío, cuyos dueños originales fueron las señoritas Delgadillo Fitoria y junto a éste, otro altar, que contiene una imagen de yeso traída desde París por don Simón Pereira Baldizón a su hermana Natalia Areas Baldizón (la Tataya de mi tía Olguita).
La celebración tiene su cúlmen en el repique de la medianoche, cuando las familias alrededor de la mesa gustarán de la tradicional gallina rellena o gallina en chinamo, una de las delicias de la cocina metropolitana.
En este momento, los antiguos leoneses encabezados por el jefe de familia decían: “Voltiémonos todos al lado de El Viejo” y toda la familia, servidores y parientes se volteaban en dirección al Santuario de El Viejo y hacían una genuflexión: “porque es hora de venerar a María concebida sin pecado original”.
El autor es abogado y notario

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