El monumento a Rigoberto López Pérez
Humberto Belli Pereira presidente@avemaria.edu.ni
El monumento erigido a un personaje glori- fica tanto a éste como a sus hazañas. No hay forma de separar las dos cosas. El monumento que está construyendo la Alcaldía de Managua en la Rotonda Universitaria en honor de Rigoberto López Pérez es también un homenaje a la acción que le dio su fama. Se considera que lo que hizo fue tan glorioso y justiciero que su autor merece ser elevado a los altares de los próceres de la Patria. Sin la acción de matar a Somoza García, Rigoberto no tendría monumento. Por tanto el monumento a Rigoberto es también un monumento al asesinato o al ajusticiamiento político.
La palabra asesinato es rechazada por quienes consideran que matar a un tirano no es inmoral sino un acto heroico de justicia. El tema ha sido en verdad difícil y complejo. Durante el renacimiento el teólogo jesuita Juan de Mariana defendió la legitimidad del tiranicidio, tesis rebatida más tarde por el magisterio de la Iglesia. Pero independientemente del juicio ético que se tenga respecto al hecho perpetrado por Rigoberto, debería ser obvio que su exaltación puede tener consecuencias importantes sobre la educación del pueblo.
La exaltación de ciertos héroes y sus hazañas tiende a promover determinados valores y conductas. Algo que es digno de alabanza es también digno de imitarse. Durante la época que me tocó servir como Ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta, hicimos un esfuerzo deliberado por promover el culto a los héroes cívicos. Precisamente porque acabábamos de superar una guerra muy cruenta y veíamos como reto de la transición el cultivar en la nueva generación sentimientos civilistas y pacíficos. Con este objetivo el MED comisionó a Jorge Eduardo Arellano la producción de un libro titulado Héroes sin fusil, en el que con gran acierto compiló las biografías de más de cien nicaragüenses destacados que nunca fueron hombres o mujeres de armas.
Glorificar el asesinato o ajusticiamiento de Somoza va en una dirección contraria a lo anterior. Promueve inevitablemente una filosofía y una moral que sugiere que, en ciertas ocasiones, tomarse la justicia por su mano en contra de ciertos personajes políticos, puede ser muy ético. También puede alentar la idea de que el fin justifica los medios, y que no hay conductas que en sí mismas sean objetivamente buenas o malas, sino que la bondad o maldad de una acción depende del fin servido. Matar, robar, o mentir, podrían ser actos nobles si se hacen por algo bueno.
Promover, o aún insinuar, este tipo de ética en un país que ha tenido una propensión histórica a la violencia puede ser contraproducente y reforzar la lógica del crimen político. La misma que utilizó Somoza para matar a Sandino y la misma que utilizaron los asesinos de Pedro Joaquín Chamorro, Carlos Guadamuz y Jorge Salazar. Posiblemente los hechores creyeron que sus víctimas merecían la muerte y que ellos prestaban un servicio a la Patria al jalar el gatillo. Por eso no es casualidad que el único concejal que votó en contra de convertir la Rotonda Universitaria en la rotonda Rigoberto López Pérez fuese Pedro Joaquín Chamorro Barrios. Él y su familia sufrieron en carne propia la lógica fatídica del crimen político.
El patrocinio del nuevo monumento, por parte de Daniel Ortega y el Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, muestra además lo desfasado que está un sector del FSLN. Porque exaltar héroes y actos violentos podría haber sido funcional en una sociedad en guerra o revolución, que gracias a Dios ya no existe, pero no para construir una sociedad que anhela romper con su pasado de contiendas y surcar un futuro de paz, entendimiento y conciliación. La erección de este monumento es también un testimonio de la duplicidad de esos mismos dirigentes. Porque Rigoberto, acertado o no, era enemigo de componendas y baleó al caudillo tirano y corrupto, mientras que sus pretendidos seguidores abrazan y liberan a los corruptos caudillos de hoy y se revuelcan con ellos en el fango de la complicidad. ¿Qué diría Rigoberto? Mejor no preguntemos qué haría.
El autor fue Ministro de Educación

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