MIéRCOLES 7 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24016 / ACTUALIZADA 02.30 am





EL HUMOR DE







Reportajes especiales
La Purísima se “toma” San José

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. La tradición nicaragüense de La Gritería se arraiga profundamente entre los costarricenses, los cuales han comenzado a participar más en esta celebración religiosa, contribuyendo a fortalecer las relaciones entre ambos pueblos

Centenares de nicaragüenses se reúnen cada año el 7 de diciembre en la Plaza de la Democracia, en San José, para la celebración de La Purísima, una tradición que está despertando cada vez más el interés de los costarricenses.

 

Josué Bravo
CORRESPONSAL / COSTA RICA

SAN JOSÉ.— Una vez más, hoy siete de diciembre la celebración de La Purísima se “tomará” parte de San José y algunos otros sitios de Costa Rica, dado el arraigo que esta tradición nicaragüense ha encontrado en suelo tico.

Aunque la celebración más sonada es la que realizará la Embajada de Nicaragua en la Plaza de la Democracia, a un costado del Museo Nacional de Costa Rica, hay otras comunidades donde las parroquias y familias de nicaragüenses la celebrarán con mucho fervor, como en La Carpio, Tibás, Alajuelita, Desamparados, Rohmuser y Curridabat, en San José; así como en comunidades cercanas a la frontera con Nicaragua.

APOYO DE VARIAS ORGANIZACIONES

La celebración que coordina la Embajada cuenta con el apoyo de la municipalidad de San José, el Museo Nacional, la Arquidiócesis de San José, los guías y scouts de Costa Rica.

Al igual que el año anterior, se espera que unas cinco o seis mil personas asistan a la Plaza desde las cinco de la tarde, cuando se realice una misa, una hora después será el Ángelus y a las 6:30 inicia La Gritería con populares cánticos y obsequios.

Otra de las comunidades que se unirá a esta celebración será La Carpio, donde después de recorrer los siete sectores de la comunidad la imagen de María será venerada este 7 de diciembre en la iglesia de la localidad.

Pero también, los dulces, matracas, naranjas y caramelos serán repartidos en comunidades como Los Chiles, Guatuso, Ciudad Quesada y Pital, entre otras, en el norte de Costa Rica.

La celebración en cada uno de estos pueblos se debe a la labor de sensibilización que hace la Pastoral Social de Ciudad Quesada, en el norte de Costa Rica, y como parte de la promoción de la cultura nicaragüense en este país.

Y si de cultura hablamos, esta forma particular de cantarle a María ha encontrado arraigo en Costa Rica, gracias a la llegada de inmigrantes nicaragüenses.

GRITERÍA COMUNAL

Las griterías familiares con rústicos altares de hace 20 ó 25 años que reunían sólo a inmigrantes, han pasado a ser celebraciones comunales en algunos sitios, donde el colorido de los santuarios, los cánticos y los brindis que se regalan transportan al devoto a cualquier punto de Nicaragua.

“El aporte del nicaragüense a la cultura y religiosidad del costarricense es bien importante por la manera en que participa. Siempre hay un nicaragüense que está tratando de rescatar sus valores y su aporte. En el caso de La Purísima el aporte es la manera en que lo celebra, porque el nicaragüense es espontáneo y extrovertido”, comenta el padre Rolando Ugalde, quien ha colaborado en celebraciones religiosas que aglutinan a nicaragüenses en diferentes iglesias de San José.

“Se celebra tal y como se celebra en Nicaragua. Los altares y los brindis son bastante similares, incluso hay quienes traen desde Nicaragua artesanías de Masaya. Esto es bien importante porque cuando uno está fuera siempre añora su tierra, sus valores”, explica Ugalde.

RESCATAR VALORE

“Además del servicio religioso, parte de esta celebración consiste en rescatar sus valores, sobre todo cuando hay sentimientos de desprecio hacia ellos, cuando hay un evento religioso se contrarresta todo esto”, añade este sacerdote costarricense.

Es difícil precisar la fecha en que se celebró por primera vez, pero los datos más cercanos sobre el inicio de esta tradición en Costa Rica señalan a finales de los años setenta.

Cecilia Borge es una nicaragüense originaria de León y celebra La Gritería desde hace 25 años en la Florida de Tibás, en San José, en un barrio que hoy lleva el nombre de Inmaculada, gracias a esta celebración que une a sus pobladores cada 7 de diciembre.

Borge cuenta que inició a rezarla desde 1980 en su humilde vivienda, donde asistieron unas 15 personas bajo el asombro de algunos ticos que veían una celebración ajena a su cultura.

El altar fue elaborado al “hacha y al machete”, afirma Gerardo Velásquez, esposo de Cecilia. Era un fondo de tela celeste, al frente la imagen adornada de pocas flores y unos bultos de papel que asemejaban nubes sobre la parte posterior de la Virgen.

UN GRUTA Y UN PEREGRINAJE

Ahora La Purísima que celebra esta familia es una tradición comunal a la que asisten nicaragüenses, ticos y de otras nacionalidades.

Incluso, desde hace unos 12 años el costarricense Rafael Chávez (q.e.p.d.) regaló una gruta que se ubica en una de las calles de la Inmaculada, donde cada 7 de diciembre se llena de colorido para dar inicio a esta tradición, pero el resto del año la imagen peregrina por los hogares del vecindario.

A las siete y treinta la Virgen llega en procesión a la gruta, a las ocho hay una misa y luego inicia la repartidera. “Con apoyo de la comunidad damos chicha, gallina rellena, ayote en miel, gofio, canastitas, matracas, indios, en fin, muchas de las cosas que se dan en Nicaragua y que precisamente son traídas desde allá”, comenta Borge.

TICOS PROPAGAN DOGMA

Al inicio acostumbraban alegrar a los asistentes con cohetes o juegos de pólvora, pero las restricciones que ejerce el Gobierno costarricense han limitado su uso.

Doña Cecilia dice que la idea no es sólo celebrar, sino propagar el dogma cristiano. Por eso desde los primeros años rifan tres imágenes entre los asistentes, con la promesa de que quien logre ganar alguna, la celebre en su casa el año siguiente.

Doña María Auxiliadora González de Rueda, originaria de Diriamba, es otra de las nicaragüenses que fielmente venera a la Virgen cada 7 de diciembre, desde 1979, en su casa ubicada en Rohmuser, al oeste de San José.

La primera vez que la celebró la acompañaron sus hijos, empleados y vecinos. Cuenta que para ella “fue una experiencia grandísima. Fue algo deslumbrante porque se dio a conocer la tradición”.

“Esa vez asistieron dos familias panameñas y una tica. Ellas me preguntaban cómo era la tradición y qué era lo que tenían que aportar”, recuerda. “Ya celebrada me dijeron que estaban sorprendidas”, agrega.

El altar muy sencillo. Una imagen en el antecomedor con mantel, flores y velas. El brindis fue limón dulce con banderitas pinchadas, dulces que compró en Nicaragua dentro de bolsas plásticas con la estampa de la imagen de la Virgen. Chicha de maíz, pitos, matraca, y los indios. La primera vez asistieron como 15 personas.

“Al siguiente año llagaron más personas, aunque los primeros cuatro años fueron muy privadas porque asistían sólo amigos y su familia”, cuenta.

Cada año se han ido integrando al punto que los últimos años llegan entre 80 y 100 personas, incluso amigos de varios países: peruanos, mexicanos, panameños.

“A todos les gusta la celebración. Hay quienes no faltan a La Purísima y ya conocen los cantos de esta celebración”, añade. El brindis no ha variado tanto: canastitas rellenas de cajetas, bolsas de confites, fresco de cacao, maromero, pitos, matracas, entre otros.

FERVOR RELIGIOSO UNE A TICOS Y NICAS

El nicaragüense Pedro Espinoza, vinculado a programas de radio dirigidos a los nicaragüenses y con más de 20 años de residir en Costa Rica, considera que “adonde quiera que vayamos, ahí llevamos nuestras costumbres para no sentirnos tan alejados de nuestra tierra”, asegura citando el ejemplo de La Gritería.

Dice que el hecho que La Purísima este año se celebre con apoyo del Museo Nacional demuestra el grado de integración entre Costa Rica y Nicaragua, en lo que a la celebración de La Gritería se refiere.

“Y es que el fervor en el nica es tanto que a través de los programas de radio nos oyen como nos alegramos con lo nuestro. Ya los contagiamos. Antes, cuando se inició la llegada de nicaragüenses a Costa Rica, las señoras que tenían la tradición en Nicaragua, por temor, hacían las celebraciones casi a escondidas, solitas con su devoción y en secreto absoluto la rezaban para que nadie se diera cuenta y no las criticaran”, cuenta.

“Ahora el miedo ya no existe y se desbordó a lo grande la celebración al grado de hacer que el tico se involucre en esta alegre tradición. La Purísima es muy nica en su forma de celebración, es única. A Costa Rica se trae la tradición importada por la inmigración, ya que los ticos son devotos de la Virgen de los Ángeles”, agrega Espinoza.
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