¿Por qué no prohibir la pólvora?
Una de las características de la celebración de La Gritería, como muy bien se conoce, es el uso masivo de juegos pirotécnicos que causan alegría a la gente pero también producen tragedia y dolor a muchas personas —sobre todo niños — , que resultan dolorosamente mutilados para siempre por graves quemaduras de pólvora.
En realidad, la pólvora, más que un producto para el entretenimiento es una poderosa arma mortal que a quien no mata le causa dolorosas quemaduras y graves lesiones físicas y psicológicas. La pólvora es una sustancia explosiva que se usa como propulsor de los proyectiles que disparan las armas de fuego. Y de manera secundaria, por las propiedades de sonoridad y luminosidad que tiene cuando se le hace explotar, la pólvora es aprovechada también para elaborar los llamados juegos pirotécnicos o fuegos artificiales, que son los que se usan y manipulan masivamente durante las celebraciones de La Gritería, Navidad, fin de año y fiestas patronales.
No cabe duda de que los juegos pirotécnicos ofrecen un magnífico espectáculo al estallar en miríadas de luces y colores en el fondo oscuro del cielo nocturno. Pero también la pólvora con que se fabrican esos juegos de luz y sonido es sumamente peligrosa, de hecho constituye un grave atentado contra la seguridad, la integridad física e inclusive la vida de las personas; por ejemplo, cuando la varilla todavía ardiente de un cohete cae, que puede provocar un incendio; cuando una bomba de mecate explota en la mano de la persona que enciende la mecha; cuando un “arbolito” estalla en el rostro del niño que lo está manipulando; cuando un buscapiés se estrella en la cara de alguien o se introduce entre su vestimenta; y cuando, como ocurre con frecuencia, la pólvora provoca devastadores incendios en los lugares donde se produce o se comercializa. Sin hablar del grave daño que el estruendo de los estallidos de pólvora le causan al sistema nervioso y al sentido acústico de las personas.
Ante este hecho ampliamente reconocido cabe preguntarse si no es tiempo ya de prohibir la fabricación y uso de la pólvora en estas festividades populares, que es lo que se ha hecho en otros países evidentemente más evolucionados que Nicaragua. Pero los defensores de la pólvora dicen que su uso debe mantenerse porque su producción y comercialización es la fuente de trabajo y de vida de muchas personas. También se alega que al fin y al cabo es obligación de los padres de familia, asegurar que los niños la usen con cuidado y que cada persona mayor tiene que ser responsable de su propia seguridad. Y sobre todo se argumenta —en defensa del uso de la pólvora— que ésta es una tradición indisolublemente vinculada a la celebración de La Purísima, la Navidad y las fiestas patronales, y que por lo consiguiente prohibirla significaría despojar de su misma esencia a estas celebraciones populares.
Pero ninguno de esos argumentos es consistente. La verdad es que la mejor manera de proteger a los niños y a las personas mayores del grave peligro de la pólvora y los juegos pirotécnicos, es simplemente no usarla. Además, quienes trabajan en la elaboración y venta de la pólvora podrían perfectamente bien dedicarse a otras actividades laborales que no representen un peligro para la gente y para ellos mismos. Y en lo que se refiere a las tradiciones, cabe recordar que no todas son buenas, que las hay también negativas que deben ser erradicadas.
En todo caso, si por la razón que sea no fuese posible o no se quiere prohibir la pólvora, por lo menos se debería regular su uso popular mediante disposiciones legales y administrativas que las autoridades correspondientes cumplan de manera efectiva y rigurosa. Al respecto se podría hacer como en otros países —Colombia, por ejemplo— , en los que sólo personas debidamente entrenadas fabrican y manipulan la pólvora; donde el manejo de los fuegos artificiales es centralizado por las autoridades de cada ciudad y pueblo; y donde se premia a aquellas poblaciones que no “producen” víctimas de quemaduras durante las fiestas populares.
Dice la Constitución Política de Nicaragua (artículo 59) que los nicaragüenses tienen derecho a la salud y que el Estado establecerá las condiciones para su protección. Y, ¿qué más protección necesitan los nicaragüenses, ante todo los niños, que la de las terribles quemaduras de pólvora causadas por los juegos pirotécnicos?

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