Baños termales
Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Durante décadas los baños termales de Tipitapa han padecido una enfermedad a la que ni el tiempo ni el agua sulfurada parece haber curado: el presupuesto. Así nos lo hizo saber la actual administradora del lugar, señora Cándida Rosa Hurtado, quien arrastró durante sus primeros días de labor, la pesada carga de deudas adquiridas por funcionarios anteriores y que tuvo que sacar a flote.
El calor sanador del agua generado por la belleza termal, no parece ser suficiente para que los problemas que tienen les permita cocinar con la rapidez necesaria la conclusión de un moderno gimnasio y una sala de terapia física para personas enfermas.
La falta de senderos para recorrer el sitio, la ausencia de accesos para minusválidos a las aguas terapéuticas, los insoportables decibeles causados por una charanga musical en el rancho para comer y las nulas medidas de seguridad para los bañistas, le restan puntos a la belleza conjunta del lugar.
Acompaña a la escena turística el “Puente del Diablo”, construido allá por el año de 1755, por el cual pasan las aguas del río Tipitapa, lugar ideal para construir una moderna cafetería y montar una colección de fotografías antiguas, donde ocuparía un lugar de preferencia nuestro joven héroe Andrés Castro Estrada.
Cuida a los visitantes de cerca, la imagen de Santiago, esculpida en roca cantera, la que soportó milagrosamente el paso de las turbas conservadoras y liberales, las que a punta de ráfagas de metralla no lograron eliminar su presencia de este lindo lugar.

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