MARTES 6 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24015 / ACTUALIZADA 12:59 a.m.





EL HUMOR DE






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Inés Izquierdo
revista@laprensa.com.ni

Desde Granada, la hermosa ciudad colonial escribo esta columna. En medio de los homenajes y procesiones en honor a la Virgen que a diario sale a recorrer la ciudad, estoy en un curso de periodismo cultural y crítica teatral, bajo la tutela y orientación del destacado intelectual mexicano Fernando de Ita.

Les digo este detalle porque en mis andanzas por Granada me ha llamado la atención algunos errores ortográficos que he detectado en la ciudad, sobre todo en los rótulos informales de las ventas, restaurantes o pequeños negocios.

El primero que les mencionaré es la palabra vestidor, que como su nombre lo indica es el lugar donde alguien se cambia de ropa y se viste de una u otra manera, en un recorrido por las isletas decía “bestidor”.

No sabemos qué querían decir con tal aporte lingüístico, tal vez era un bastidor o lo más probable, atendiendo a la función que realizaba el modesto lugar era para ponerse allí el traje de baño. Por favor corrijan ese error, allí llegan muchos extranjeros que se irán con la idea cierta que vestidor se escribe con b alta.

La otra palabra que he visto mal escrita y que es el titular de esta columna es más con acento y mas sin acento. Decía un rótulo en el mercado algo así como “el lugar con mas y mejores ofertas”.

Desde los primeros años escolares se enseña el acento diacrítico, que permite diferenciar el significado de una palabra de otra que se escribe de la misma manera, pero que tiene un significado diferente.

Así nos hablaban de tú y tu para aludir al pronombre personal de segunda persona del singular, que es la forma acentuada (El elegido eres tú) y el tu que funciona como pronombre posesivo (Ese es tu libro).

En el caso de más y mas debemos recordar que en el primero estamos en presencia del adverbio de cantidad, el cual lleva acento, por ejemplo: Tengo más hijos que tú. El mas sin acento lo empleamos como conjunción adversativa, cuando queremos hablar de un acontecimiento que es lo opuesto de lo dicho anteriormente, lo que pudo ocurrir y lo que de verdad pasó (íbamos al cine mas no pudo ser).

Quiero resaltar algo muy importante con respecto a esta conjunción, que no sólo he visto mal empleada en Granada sino en boca de los diputados y líderes políticos y con demasiada frecuencia, más de la que pudiéramos desear, es la redundancia fatal en que se incurre cuando hablan de “mas sin embargo” o “pero sin embargo”.

Todas son conjunciones adversativas y tienen la misma función. Cuidado.
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