Vida y destino
Migdonio Blandón B.* opinion@laprensa.com.ni
La vida, como preciado regalo que Dios nos ha querido dar, adquiere distintas facetas con el uso de la voluntad y el raciocinio; y mediante sus propias circunstancias, cada quien progresivamente va modelándola a su manera, al mismo tiempo que sus actitudes labran parte de su propio destino y en mayor o menor grado contribuyen a la formación de los ambientes.
Por lo que sí, habiendo recibido la gracia de la fe cristiana, aunque no se tenga la debida preparación, al mantenerse en la línea de la moralidad y la rectitud, que siempre viene de la relación vertical con el Supremo Hacedor, que es a quien todo se le debe, de hecho dicha relación horizontalmente se expande; y su comportamiento, de forma indirecta y colectiva, lleva positivos beneficios a quienes más lo necesitan.
Mas, si no se ha recibido esa divina gracia, o se ha marchitado por no haberla sabido abonar, aún quien tenga una especial preparación con facilidad es arrastrado por seculares y peligrosas corrientes, cegado por fatuos espejismos y cuando menos espera, está situado al borde del abismo de la perdición, del cual, si no se vuelve arrepentido a la relación con el Redentor, ya no se tiene salvación.
De manera que al estar definitivamente perdido, además de cargar con su propia desgracia, con sus aptitudes negativas que malean el ambiente, produce dañinos resultados, los que afectan según su gravedad y trascendencia incluso a nuevas generaciones, a medida de la posición que haya tenido en su malgastada existencia, desviándose por inconsciencia o maledicencia, de la línea de la moralidad y la rectitud.
Siendo que si es por inconsciencia o ignorancia, se puede decir que tienen un mínimo grado de responsabilidad, en comparación con el que sin ignorar que se desvía de las leyes humanas y divinas, que éstas son conocidas en la mayoría de los países civilizados, ya que gran parte se ha tomado para la convivencia humana. Por lo que si sabiéndolo se hace lo incorrecto, la responsabilidad es mucho mayor y amerita castigo.
Regularmente se violan o adulteran las leyes por egolatría e idolatría, nutriéndose de mezquinos intereses y casi siempre por la consecución de beneficios personales. Por ello a sabiendas se menosprecia el primer mandamiento de la Ley de Dios; y según el lugar de su ubicación social o política, tratan de acaparar para sí todo lo que esté a su alcance, sin importarles los medios para conseguirlo incluso la subsistencia del prójimo.
Por tales razones y por ciertos politiqueros se ha degenerado el sentido de la política, de manera especial en nuestro país, hasta el grado de que si para mantener cierta posición u obtener otros beneficios, hay quienes servilmente se arrastran ante alguien que por las buenas o las malas se ha ubicado en una escala supuestamente según ellos superior, se disponen no sólo a acatar sus ínfimos caprichos, sino que incluso le idolatran.
Cuando se llega a tal grado de degeneración es haber llegado al borde del insondable abismo, es haber malogrado la existencia perdiéndose el verdadero sentido del preciado regalo de la vida por insignificantes triquiñuelas, que se esfuman como popas de jabón. Que Dios nos ilumine, aumente nuestra fe y nos dé la fuerza de su Santo Espíritu, para no caer en tal fatuidad, que inflándose con cierto poder es en gran parte la causa de la colectiva miseria integral que obstaculiza el verdadero desarrollo de los pueblos.
* El autor es miembro del foro Eduquemos

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