VIERNES 2 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24011 / ACTUALIZADA 1:30 am





EL HUMOR DE






Lucha política

Alejandro B. Argüello
Arguello@ideay.net.ni

Los nicaragüenses somos una unidad nacional dividida. Somos dos bandos antagónicos en permanente contradicción. Al punto que el bando en el poder no acepta la existencia del contrario: hay que eliminar al sandinismo.

La derecha no puede olvidar que cuando el sandinismo tuvo el poder la sometió, despojándola de su riqueza y su libertad. El error sandinista fue creer que el poder era perpetuo. Así que hoy, sin el poder, la contradicción se convierte para el sandinista en un problema de subsistencia.

Por eso Daniel Ortega desde el noventa gobierna desde abajo. Esta realidad justifica una situación nefasta para todos: la ausencia de un poder hegemónico, indispensable para imponer una concepción de orden que dirija al Estado. En consecuencia impera un desorden que nos tiene postrados. La clase en el poder, “demócratas” y danielistas, son como tigre y león que, en medio de la tormenta, se ven con temor mientras se hartan el buey.

Estamos enganchados en el pasado sin ver para adelante. Eso nos mete en una carrera desenfrenada por el poder. Los autodenominados “demócratas” piensan que sobrevivir es impedir que los sandinistas vuelvan al poder. Y a su vez los sandinistas piensan que si los danielistas no conservan y aumentan sus espacios de poder, los aniquilarán a unos y otros. Es decir se profundizan las posiciones respectivas. Y aunque se negocia y se convive, se hace para racionalizar los antagonismos. Esto es compartir cuotas de poder que mantengan el equilibrio de lo que ya es un sistema.

Pero el país no avanza, pues las fuerzas políticas están empeñadas en su supervivencia. Esto es mantener neutralizado al contrario para que no lo arrase. Miedo al imperialismo y a la derecha. Miedo a Fidel Castro y a los sandinistas. Eso consume todas las capacidades de la clase gobernante: antisandinistas y danielistas.

No se hace nada por enmendar las causas de la crisis que tienen postrado al país. Sólo paliativos y paños tibios. Tan malo es el panorama que la clase gobernante ve como una bendición que la principal riqueza del país, que es la fuerza de trabajo, emigre para que envíe divisas. Pues aquí el sistema, el Estado no funciona.

No es por casualidad el alagartamiento de nuestros vecinos sobre nuestros recursos limítrofes. Nuestra riqueza natural sigue ociosa mientras el pueblo huye en desbandada buscando el abrigo de Estados vecinos que se preocupan por sus nacionales, pero a los nuestros los explotan como apátridas, hasta devorarlos con sus perros. Como si este país no tiene recursos que explotar.

Si los políticos se empeñaran en crear condiciones para organizar la producción interna y poder emplear toda esa fuerza de trabajo que emigra, esos 600 millones de dólares que se reciben como remesas se tendrían cuando menos que multiplicar por 20. Eso nos da una idea de lo que perdemos por escoger tales políticos.

Pero ahora se acercan las elecciones desarrollemos nuestra conciencia crítica y preguntémonos. ¿Cuál de los candidatos, que hasta ahora se vislumbran, es la solución para este país? Unos más y otros menos, pero todos sin excepción, son zorros del mismo piñal. Ninguno se ha referido a los profundos males que nos agobian, mucho menos a sus soluciones. Por eso digo, con tales candidatos seguimos entre Guatemala y guatepeor.

Si no somos capaces de dar un golpe de timón en nuestro quehacer electoral, de romper con la tradición electoral, de escoger para presidente a quien sobresale entre nada, sólo porque hizo una rotonda, un centro comercial o fue más o menos buen ministro dentro de un montón de parias de gabinete, este país no sale adelante. Y es que el sistema está hecho por los mismos políticos para reproducirse ellos, sin importarles que sea a costa de nosotros mismos.

Ojo, aquí no hay por quién votar. Abstenerse es difícil, pues es un cuestionamiento total al sistema. Pero a diferencia de las actuales ofertas electorales, si puede haber futuro y no más de lo mismo. Esto es como vivir permanentemente bajo el eclipse de sol que tuvimos a inicios de los noventa y que a pleno mediodía era simplemente penumbra.

El autor es productor
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