VIERNES 2 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24011 / ACTUALIZADA 1:30 am





EL HUMOR DE






Una vergüenza para todos

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Alberto L. Alemán Aguirre

Centroamérica ha avanzado notablemente en la construcción de la democracia desde la firma de los Acuerdos de Esquipulas en 1987 que impulsaron el logro de la paz y dieron una base para un desarrollo político moderno. La incertidumbre que ha vivido Honduras desde el domingo es un indiscutible retroceso.

La partidización del tribunal electoral —la cual es un síntoma de la falta de una institucionalidad sana al servicio del bien público— y mezquinos intereses personales y políticos, son los responsables absolutos del engorroso impasse.

Nicaragua está ya en una campaña electoral y no parece tan descabellado que en noviembre próximo, pudiésemos ver una situación parecida, dada la total politización del Consejo Supremo Electoral.

Aún no es muy claro todo lo que pasó tras bambalinas. Pero a juzgar por los elementos que conocemos, vemos un conjunto de actos y declaraciones apresurados y contradictorios.

En primer lugar, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) prometió resultados preliminares el domingo unas cinco horas después del cierre de las urnas. No los hubo y únicamente apareció por la noche el presidente del TSE Arístides Mejía declarando que con una proyección basada en el escrutinio de 151 mesas, de más de 13 mil, el ganador con un 5 por ciento de ventaja era el opositor del Partido Liberal Manuel “Mel” Zelaya.

Mejía es conocido como una ficha del Partido Liberal, así como claramente sabemos que nuestros magistrados son fichas de Daniel Ortega y de Arnoldo Alemán. Los otros dos miembros del TSE son también partidistas. Uno fue puesto allí por el gobernante Partido Nacional. El otro, por la Democracia Cristiana, un partido cercano al oficialismo. La apoliticidad es papel mojado por voluntad de las dos paralelas históricas.

Los conteos del 70 por ciento de los votos arrojaban ayer una tendencia ganadora para Zelaya, como se dijo el domingo. Sin embargo, la proclamación oficial de la victoria de un candidato debe hacerla el pleno del Tribunal, no solamente su presidente. Al ver la tendencia adversa al candidato nacionalista Porfirio Lobo, dos magistrados se mantuvieron ausentes. Zelaya por su parte, se apresuró a autoproclamarse.

El lunes, fue casi todo un día de silencio inexplicable, luego empezaron a aparecer reportes fragmentados.

Desde el principio, Lobo llamó a sus partidarios a mantener una vigilancia permanente y hasta ahora se ha negado a admitir su derrota. Incluso, amenazó con acciones violentas de sus partidarios. El Partido Nacional le ha respaldado. Podríamos ver al menos impugnaciones parciales a algunos resultados.

No fue sino hasta el martes que se aceleraron los conteos. Al ser contados los primeros votos, Lobo aventajaba a Zelaya, pero esto era de esperarse: ya se daba por descontado que el presidente del Congreso y candidato, ganaría en Francisco Morazán, departamento donde está Tegucigalpa. Ayer, una clara tendencia ganadora se inclinaba, aunque por un margen pequeño, hacia Zelaya.

Manifiestamente incapaces de resolver sus propias diferencias por sí mismos, o carentes de un grado de madurez que en países más desarrollados hace que un candidato sacrifique sus aspiraciones por la tranquilidad de su país, o quizás por un ego desmedido y mezquindad, ambos contendientes acudieron a pedir ayuda a autoridades extranjeras.

Lobo y Zelaya se entrevistaron por separado con el embajador de Estados Unidos el martes, y el mismo día, la representación diplomática emitió un comunicado que hablaba de “la ya conocida tendencia que proyectan un ganador”, en alusión a Zelaya. Al buen entendedor, pocas señas. La bendición.

Acudieron los liberales de León en el siglo XIX al aventurero William Walker para derrotar a los granadinos. Los conservadores invocaron la intervención del Tío Sam para echar a José Santos Zelaya. Y aún, como confesó la ex embajadora Barbara Moore en una entrevista con El Nuevo Diario, hay personas que aún piden intervenciones.

En Honduras, la United Fruit Company ponía y deponía presidentes, compraba diputados, hacía las leyes. En Nicaragua, los banqueros estadounidenses cobraban los impuestos de nuestras aduanas. Fuimos el modelo de lo que una “república bananera” encarnaba. Eso ha sido la historia.

Son casi 200 años de vida independiente, y aún somos incapaces de resolver nuestros problemas por nosotros mismos. Seguimos llamando a otros.

¿Son las banana republics una cosa del pasado? Se podrá responder a esta pregunta según el color político, pero para mí, muy a pesar de los antiyanquistas furibundos, la culpa es nuestra.

En 6 comicios anteriores, el ganador de la elección presidencial hondureña era usualmente conocido en la noche misma de los comicios o en la madrugada. Esta vez, a 5 días del encomiable acto cívico de la población, aún no hay una certeza absoluta.

Si el Tribunal Supremo Electoral estuviese formado por personalidades apolíticas y responsables, y si los políticos hondureños de verdad pusiesen el bien común ante sus propias ambiciones, no habríamos presenciado el vergonzoso show que hemos visto.
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