MARTES 30 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23917 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




El petróleo y el agua

En Nicaragua como en casi todo el mundo hay una grave y creciente preocupación por el problema del petróleo; lo cual es lógico, pues el precio de este producto —que sigue siendo la fuente energética principal para muchos países de la Tierra— sube de manera incontenible y pronto llegará a los cien dólares por barril.

En todas partes del planeta se está buscando cómo resolver el grave problema del petróleo, por medio de múltiples estrategias que van desde el ahorro personal de combustible y energía hasta los esfuerzos por explotar a gran escala otras fuentes energéticas. Y en Nicaragua se está hablando sobre todo de medidas represivas contra el consumidor, como aumentar el Impuesto Selectivo de Consumo (ISC) para obligar a la gente a comprar menos combustible, y en menor medida se plantea explotar la fuente natural de energía eólica, además de la geotérmica que existe abundantemente en el territorio nacional.

Es importante y necesario que haya esa preocupación por el problema del petróleo, cuyas causas, sin embargo, son de carácter externo y están fuera de nuestro alcance. En cambio hay otro problema tan apremiante como el petrolero, cual es el del agua, que debería motivar una preocupación igual e inclusive mayor que el petróleo, pues en este caso se trata de algo de lo que depende la misma existencia humana.

Al respecto del problema del agua, que tiene también una dimensión universal, como el del petróleo, la semana pasada se celebró en Suecia, el XV Congreso Mundial del Agua en el que se dieron a conocer informaciones pavorosas pero igualmente se plantearon soluciones factibles.

Hasta donde pudimos saber, Nicaragua no participó en el congreso de Estocolmo, a pesar de que aquí también hay un grave problema de agua, pues lo que preocupa a los políticos —en lo que al agua se refiere— es quién la debe explotar, controlar y beneficiarse con sus utilidades: el Estado o la empresa privada, la Enacal o la Intendencia del Agua, el PLC o el FSLN.

En el congreso de Estocolmo, la semana pasada, se informó sobre los datos ya conocidos de que más de mil millones de personas en todo el mundo no tienen acceso al agua potable; de que seis mil personas —niños en su mayoría— mueren cada día como consecuencia de consumir agua contaminada; que los países más pobres son los que más sufren por la falta de agua consumible y que la desgracia de la sequía y la sed es un problema mayor —por sus dimensiones— que las guerras, la corrupción y la falta de infraestructuras para el desarrollo.

En Nicaragua, según una publicación del organismo International Water Working Group, una tercera parte de la población no está cubierta por el servicio de agua potable y en las áreas rurales hasta el 72 por ciento de la gente sufre esa carencia. Y a pesar de que en el país hay agua en abundancia (el agua se encuentra hasta en los nombres del país y de su capital), “los quince ríos principales de la región del Pacífico están contaminados” y en todo el país “muchos de los ríos, riachuelos, y lagos están contaminados por pesticidas, aguas servidas, desechos industriales y substancias tóxicas”.

Hay que señalar que en el congreso de Estocolmo, en el que participaron unos 1,500 representantes de más de 100 países (menos de Nicaragua), se planteó la tesis de que la crisis del agua no es en realidad de recursos hídricos, sino de falta de inversiones y de habilidad para aprovecharla.

Por ejemplo, apenas un diez por ciento del agua de lluvia se recoge, almacena y consume. En la mayor parte del mundo casi sólo se explota el agua de los acuíferos naturales, que representa menos de la cuarta parte de todo el líquido disponible en la Tierra (las otras tres partes son de agua marina, salada). En cambio casi toda el agua de las lluvias regresa, evaporada, a la atmósfera, mientras la mayor parte de la gente sufre por la falta del vital líquido o la consigue escasamente, a un costo prohibitivo.

Hay que pensar, pues, en el agua, tanto o más que en el petróleo. Para el petróleo hay sustitutos pero el agua no tiene reemplazo de ninguna clase. Y la transformación a gran escala del agua de los mares en agua potable, parece estar en los cuernos de la luna.
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