Trabajo infantil
Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Cualquier persona que se haya detenido ante la luz roja de un semáforo de la capital, habrá visto a un menor golpeando la ventana pidiendo “un peso” a cambio de algo. La ciudad está llena de menores que abandonaron las aulas de las escuelas para pedir en las calles; niños que oscilan entre los 5 y 15 años, muchos de ellos víctimas de abuso físico por parte de sus padres, los que escamoteados detrás de los semáforos espiando a sus hijos de cerca, obligan a los niños a llevar dinero mendigando, a cambio del plato de arroz y frijoles que a ellos como padres les compete proveer.
Abonan, fomentando el abuso a estos niños, aquellos que solicitan favores sexuales a niñas que venden cualquier tiliche en las calles y juegan, además del papel de comerciantes, con la venta forzada de sus cuerpos aún sin desarrollo.
Si bien es cierto que la iniciativa del Ministerio del Trabajo es importante, no sólo deberá enfocarse en castigar a empleadores de menores sino también a recoger a los niños de la calle, ubicarlos en un albergue y luego deberán ser recogidos por sus padres previa advertencia y luego un castigo. En consecuencia, a los que deberá caerles todo el peso de la ley es a los padres de familia que encontraron en sus hijos el modus vivendi para su núcleo familiar, además de todos aquellos que se prestan a la explotación laboral y sexual de niños y niñas del país.
Erradicar el trabajo infantil y la explotación sexual de los niños y niñas de nuestra Patria es una tarea de todos, no sólo del Ministerio del Trabajo al crear un marco jurídico, sino de la Policía y de cada ciudadano presto a denunciar a los proxenetas, explotadores y abusadores de la juventud de Nicaragua.

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