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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 27 DE AGOSTO DE 2005
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Mi casa

Mauricio Rayo

Estaba cipote cuando me decidí un día a vivir en una isla solitaria; de casa me servía un caracol, un pedazo de palma era mi ropa y cocos con pescado crudo mi alimentación.

Dormía en posición fetal al fondo de mi habitación, perdido a veces entre el laberinto espiral.

Por el día, subía por las olas más grandes y desde arriba hacía clavados en el agua como en una gran piscina. Una tortuga gigantesca era mi mascota y sobre el caparazón escribía uno por uno los días allí vividos. Conté mil más mil, más mil, hasta que ya no cupo una marca más sobre su concha, proseguí mi escritura en el techo de mi casa-caracol hasta cubrirlo por dentro y por fuera, convirtiéndolo en cueva tatuada.

Una noche de relámpagos y lluvia torrencial , las corrientes me llevaron al fondo del mar; viví ahí por muchos años, entre peces dorados, pulpos color púrpura, medusas rojas, enormes caballos de mar color verde y ballenas y delfines de diversas tonalidades; hasta que una tarde, alguien, desde un barco atrapó en sus redes a mi mascota; yo me lancé con mi cueva a cuestas y me adosé fuertemente sobre la concha de mi tortuga, con garfios hundidos en su piel de carey. Luego ya no supe más; ahora estoy aquí, sobre mi hueca isla caparazón de tortuga.

Durante el día duermo poco pues tengo muchas pesadillas; por las noches, atisbo en las afueras de mi casa-cueva y he podido observar que estoy en esta urna de vidrio, en el centro de un gran cuarto iluminado que sirve como galería de artes plásticas, con un letrero que dice:

“Extraño instrumento musical encontrado en el fondo del mar del Caribe”.



Pensamiento de un gato

Estoy arriba del techo de mi casa, acostado, observando las estrellas, inventando seres en cada una de ellas; transformando al mundo en gente buena. Veo a mi ciudad por las mañanas con sus gentes-hormigas, deformes en la distancia; algunas, casi imperceptibles u opacas en la perspectiva; otras rápidas juveniles, viejos lentos, cabezas de niños tal vez lejanas; carros-gentes de colores y colores en las gentes, alegrías y tristezas, pensadores y borrachos; juntos formando el hormiguero.

Ya en la madrugada veo también a los viejos en los templos con sus campanas rojas anunciando que aún existen a pesar de todo, los viejos; luego, desaparecen porque Dios los llama.

Me he bajado ya, ahora formo parte de ellos, actúo como ellos, adopto sus mismas posiciones físicas y síquicas; haciendo cualquier cosa hasta esperar que caiga la noche para subir otra vez al tejado a contemplar las estrellas, a este mundo, una estrella mas en nuestros pensamientos.

(Matagalpa, 1962). Odontólogo. Profesor de la facultad de odontología en la UNAN-León. Ha publicado Mundo de agua, su primer libro. Es miembro fundador de revistas como: Perfil, Vacas Paganas, Intento y Tinaja. Premio Alma Mater en literatura (Cuento, 1996).  
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Propuesta


Vuelo 999


Las cañitas


Mi casa