Oportunidad de los valores
Yesenia Polanco Pantoja yesenia_polanco@hotmail.com
En la actualidad la sociedad nicaragüense está atravesando una grave crisis, especialmente de valores. Esto lo podemos ver reflejado todos los días en las noticias que presentan los medios de comunicación y en las calles mismas por donde transitamos. Existe una violencia generalizada (hasta en las escuelas, donde antaño se creía que los niños y jóvenes estaban a salvo), irrespeto por la persona y la vida, por la familia; muchos valores útiles y necesarios para la convivencia en sociedad están desapareciendo, otros transformándose.
Hoy en día es común toparse con personas y situaciones que denotan la ausencia de valores. Es entonces que surgen reflexiones que preocupan a algunos (y me incluyo), ya que parece que nos encontramos frente a la deshumanización de la sociedad; ahí es donde se critica el papel de la escuela como la responsable de enseñar y perpetuar valores y lo poco o nada que hace para detener este flagelo. Dado que la escuela es el principal espacio de socialización después de la familia y el sitio donde los niños, adolescentes y jóvenes pasan gran parte del tiempo debe ser preocupación de los docentes enseñar en valores, esos valores que nos interesa mantener porque contribuyen a la formación de ciudadanos y ciudadanas proactivos capaces de aportar y ser productivos para nuestra sociedad.
Estamos en una época de crisis, lo que ha hecho a algunos preguntarse con real preocupación ¿a dónde van a parar los valores? Como bien citaba el Subdirector General Adjunto del Sector de Ciencias Sociales y Humanas, y Director de la División de Estudios Prospectivos, Filosofía y Ciencias Humanas de la UNESCO, Jérome Bindé: “La crisis de los valores que ha caracterizado al siglo XX reviste dos aspectos: uno serio, con la devaluación de los valores supremos, la secularización y la crisis de los valores laicos, e incluso trágico, con los genocidios, los totalitarismos y las violencias ejercidas contra la historia y las sociedades; y otro frívolo, con la fluctuación lúdica, estética, y casi bursátil, diríamos, de los valores”.
Si bien es cierto estamos en una época de crisis de los valores: “Las épocas de crisis personal y social conducen a cambios de actitudes” (Sallán G. 1987: 37). Ante esta crisis se representan dos alternativas: o nos sumimos en la crisis hasta ser testigos de la desaparición de los valores o aprovechamos el momento para incidir positivamente y nos convertimos en promotores del cambio cuya tarea principal sea cultivar la generación de actitudes positivas hacia los valores positivos.
Hoy más que nunca necesitamos mejorar y reforzar la enseñanza en valores en nuestras escuelas y digo mejorar porque si bien se ha venido trabajando en ese sentido, lo cierto es que tal labor no ha rendido los frutos deseados ya que la enseñanza en valores se ha venido dando en nuestro país de tal forma que se pretende enseñar a los estudiantes y para esto se han incluido en el currículo de primaria y secundaria asignaturas como Moral y Cívica.
Tradicionalmente la enseñanza en valores se ha venido dando basada en el discurso de los profesores (as) que a veces cae en el moralismo, ese discurso lo que pretende es convencer al alumno de la importancia de tal o cual valor. Asimismo se ha tratado de enseñar valores de forma coercitiva, a través del otorgamiento de premios y castigos, de manera tal que cuando el alumno o alumna frente al maestro hace lo que éste espera se le premia, pero una vez fuera del aula se comporta de manera diferente y quizás a la inversa. En circunstancias como éstas “hacen lo que se espera porque suele ser extremadamente inconveniente y aún peligroso no hacerlo” (Shapiro Harry, 1985). La coerción en este caso provoca que los alumnos tengan ciertos comportamientos de acuerdo al momento y la conveniencia, convirtiéndose esto en una doble moral.
Este tipo de comportamientos por parte de los estudiantes nos demuestra que el trabajo hecho en el área de la enseñanza en valores ha sido infructuoso (en la mayoría de los casos), es decir que no se ha logrado mucho, puesto que el alumno no ha interiorizado el valor, no lo ha hecho suyo, ni es parte de su conciencia, ni tampoco lo refleja en su comportamiento cotidiano. Una de las causas de esos pobres resultados ha sido el desconocimiento por parte de los docentes acerca de los medios teóricos y prácticos necesarios para enseñar valores por tal razón; es en esta área, a mi juicio, en donde el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) tiene uno de sus principales retos.
Ahora bien, en la educación superior no se enseña en valores ya que se considera que los alumnos llegan a la universidad a estudiar una carrera y no es función de la misma enseñarlos porque “de eso se encargan los otros subsistemas educativos” y se supone erróneamente que cuando los alumnos llegan a este nivel ya están formados y lo que necesitan aprender son las conocimientos, habilidades y destrezas específicas de la carrera que han elegido estudiar. Pero es evidente la carencia de valores que los discentes de todo el sistema tienen; por lo tanto se hace necesario enseñar valores en todos los niveles de nuestro sistema educativo.
Por eso, es ahora o nunca, o nos preocupamos por enseñar valores a las generaciones del presente o quizá no tengamos oportunidad mañana!
La autora es docente universitaria y alumna del Máster en Ciencias de la Educación. UNAN-Managua.

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