Un mal evitable
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 | La diabetes del tipo uno condena a los niños a un padecimiento lento, progresivo y agobiante |
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Modelo: Fernando Guerrero Lanzas. |
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Hilda Rosa Maradiaga C.
Cuatro años después de ver crecer a su niña igual que todos los demás niños, Aura Cuadra se encontraba desesperada en una sala de hospital porque los médicos no podían bajarle la fiebre de la pequeña Nadia. Un examen de rutina les dio el diagnóstico que cambiaría para siempre, su vida y la de su familia. Su hija tenía diabetes.
Aura, quien ahora es la presidenta de la Asociación de Niños Diabéticos, pensaba que la enfermedad era igual a la de los adultos y no tenía ni idea de lo que le esperaba.
Recuerda que el médico les explicó que la niña sería insulinodependiente toda su vida, que la enfermedad es diferente a la de los adultos, que llevaría una vida horario, y les brindaron un entrenamiento para llevar el control necesario de la niña en su propia casa. “La vida de nosotros ha cambiado 360 grados”, analiza.
Su hija debe respetar la hora de sus comidas, realizarse cuatro exámenes de sangre diariamente, inyectarse insulina, al menos tres veces al día, y tener una serie de cuidados.
Doña Aura dejó su trabajo para dedicarse de lleno a la niña, su marido se quedó solo con la responsabilidad financiera del hogar y su otro hijo necesitó apoyo psicológico porque la atención que su hermana requería lo hacía sentir desatendido.
“Es muy duro porque vas perdiendo muchas cosas íntimas, como pareja, por apoyar a tu hijo, porque querés verlo ahí, siempre presente y que no fallezca”, cuenta. Lamentablemente, en Nicaragua hay muchas familias viviendo este drama, el cual se vuelve aún más duro debido a la pobreza.
Según el doctor Alfonso Matus, subdirector docente del Hospital Infantil La Mascota, un estudio de prevalencia de diabetes del tipo II, que es la que padecen los adultos, indica que 15 por ciento de la población padece la enfermedad. El doctor lo considera un índice alto. La diabetes tipo I, es decir la de los niños, constituye el 10 por ciento de todos los diabéticos.
DIABETES Y MALOS HÁBITOS ALIMENTICIOS
El doctor Matus indica que la diabetes se presenta en cualquier nivel social, sin embargo, se dice que hay factores de riesgo para padecer esta enfermedad.
Entre ellos, el no dar pecho materno a los niños, la introducción temprana de alimentos diferentes a la leche materna y las infecciones respiratorias de repetición.
Asimismo, los niños con padres o abuelos diabéticos, tienen un mayor riesgo de padecer la enfermedad cuando lleguen a ser adultos.
El médico explica que no hay una relación tan directa entre malos hábitos alimenticios y la diabetes infantil, no obstante, los malos hábitos conducen a los niños y jóvenes a la obesidad y la obesidad conduce a la diabetes tipo II, que es la de los adultos.
Actualmente hay jóvenes de 18, 19 y 20 años que son obesos, diabéticos, hipertensos, o tienen problemas para metabolizar las grasas, lamenta.
Con la obesidad también se eleva el riesgo de infarto del miocardio, señala el médico.
“La obesidad está generando un montón de enfermedades que antes no veíamos en los niños y jóvenes. Cuando yo estudié, la diabetes era una enfermedad que padecían las personas de 40 años”, añade.
Debido a la herencia genética que predispone a la diabetes y a otras enfermedades, los niños y jóvenes deben saber de qué murieron sus ancestros para poder tomar las medidas preventivas que un individuo necesita para alcanzar una calidad de vida, advierte el especialista.
En este sentido, mantener constante actividad física, la buena alimentación, evitar la ingesta de comidas chatarras y bebidas gaseosas, son medidas preventivas.
“Un niño con padres diabéticos debe saber comer, para reducir el riesgo de padecer la enfermedad”, dice Cuadra, quien sabe mucho sobre la diabetes, por el entrenamiento recibido a lo largo de 13 años.
UNA ENFERMEDAD CARA
Nadia Berríos, de 17 años, camina por un hospital capitalino. Va vestida igual que otras adolescentes de su edad, de pantalón y carga una mochilita.
Lo que nadie sabe es que en lugar de pinturas de labios, rímel o sombras de maquillaje, lo que lleva en su mochilita de mano es un estuche conteniendo ampollas de insulina y jeringas descartables.
También lleva un glucometro y cintas para medir la glucosa. Todo eso lo necesita para el autocontrol de la enfermedad. Padece diabetes desde los cuatro años y ha aprendido a inyectarse, realizarse los exámenes y a cuidarse sola.
Lamentablemente, no todos los niños que padecen diabetes tiene las posibilidades de realizarse el autocontrol como debe ser.
Aura, la mamá de Nadia, cuenta que muchos niños “andan en control ciego”, que significa que para medir sus niveles de azúcar simplemente prueban la orina. Esto los puede llevar a inyectarse más o menos insulina de la que realmente necesitan. “Yo hago miles de sacrificios para mantener su autocontrol”, dice.
“Es un padecimiento muy caro”, confirma el doctor Matus, tras explicar que las cintas para medir los niveles de azúcar son muy caras y cada niño necesita usar cuatro diario. También necesitan inyectarse insulina tres o cuatro veces al día, para lo cual requieren ampolletas y jeringas descartables, las cuales suman gastos.
“No es grato ver a un niño diabético, no es grato ver que un niño se muere o que no tienen como controlar su enfermedad”, dice Aura, quien comparte su pena con 350 padres de familia que están asociados a la Asociación de Niños Diabéticos.
Cuadra calcula un gasto aproximado a los 150 dólares mensuales. Un frasco de 50 cintas para medir la glucosa cuesta aproximadamente 40 dólares, un frasco de insulina cuesta entre 300 y 400 córdobas, las descartables y cintas para realizarse el examen de cuerpos cetónicos también es un gasto diario.
PEOR QUE EL CÁNCER
Dar o recibir un diagnóstico de diabetes en un niño es algo muy duro. Esto significa que el niño padecerá la enfermedad el resto de su vida, que vivirá en una lucha diaria por su vida y su bienestar.
“Es peor que el cáncer porque con el cáncer te morís o te aliviás, pero esta enfermedad te mata de a poquito”, lamenta Cuadra.
Cuenta que a lo largo de su vida, Nadia ha tenido complicaciones secundarias a la diabetes. Una válvula de su corazón trabaja más lentamente, el estómago le trabaja demasiado lento y tiene problemas de tiroides, detalla.
Ella considera que solamente el chequeo diario, los exámenes, los cuidados, la dependencia a la insulina, y las limitaciones que la enfermedad le puede causar a un niño, ya es algo terrible.
El doctor Matus indica que este es un padecimiento que mata lentamente porque la persona no muere tal fulminantemente como alguien con cáncer, pero va perdiendo lentamente su capacidad renal, su vista.
“Me ha afectado un poco como niña y como adolescente. Mi vida ha sido, tal vez un poco diferente a la que tienen los otros niños o a la que pude haber tenido sin esa enfermedad”, cuenta Nadia.
“Me sentí limitada en muchas cosas, yo no podía hacer muchos ejercicios o jugar al ritmo de mis compañeros porque se me bajaba el azúcar. También sufría cuando miraba a los demás niños comiendo caramelos, porque yo no podía hacerlo”, rememora de sus años de infancia.
Con el tiempo ha aprendido a convivir con la enfermedad, pero todavía hay cosas que no se pueden superar, como es el rechazo de los demás niños en la escuela. Cuenta que tiene recaídas, a veces cortas, a veces largas, que le impiden asistir a clases o hacer exámenes y la flexibilidad de los maestros molesta a los otros compañeros.
“Algunas veces lloro y me deprimo, pero la ayuda de mis padres me anima. Ellos me dicen que hay que seguir adelante, que debo querer vivir aunque me cueste. Por eso, aunque tenga mis recaídas, no me doy por vencida, por un lado tengo admiración y por otro sufro”, expresa, aunque reconoce que no es fácil. “Varias veces me he sentido cansada y he dicho, ya no puedo mas”.
“Ella tiene que ser una mujer profesional, superarse y alcanzar metas en su vida. Nosotros luchamos mucho para que ella se esté controlado y lleve una vida normal”, dice su madre.
Una de las cosas que puede pasar con un niño diabético es que convulsione. Es por eso que los padres de los niños diabéticos conviven con el temor de que algo les suceda a sus hijos cuando ellos no están cerca, es decir, cuando van a la escuela, ya que la falta de control en los horarios de sus comidas o la falta de insulina, puede provocar crisis.
“La familia vive en un estrés constante”, confirma Cuadra.
CONSEJOS
Todo niño. Los niños diabéticos están obligados a llevar una dieta sana y balanceada porque de eso depende su vida, sin embargo, todos los niños deben llevar esa misma dieta para evitar riesgos y complicaciones.
Obesidad. La ingesta de comidas chatarras, provoca obesidad en los niños y con esta vienen los riesgos de padecer una serie de enfermedades como hipertensión, enfermedades coronarias, y acelera el padecimiento de diabetes en personas con riesgo de padecerla.
Ejercicios. Todo niño debe mantener una buena actividad física. Los niños con diabetes deben tener especial cuidado o evitar la natación porque una baja de azúcar puede provocar un accidente.
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