SáBADO 20 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23907 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Blanco y negro
La “unidad” puede ser fatal

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Eduardo Enriquez

Parece que muchos nicaragüenses no nos damos cuenta de la situación única que está enfrentando el país en estos últimos meses y que se extenderá hasta las elecciones del 2006.

Por primera vez en la historia los nicaragüenses no tienen que verse obligados a votar contra alguien, sino por alguien.

Para ponerlo de una manera amable, podemos decir que desde la perspectiva de Nicaragua, en esta oportunidad se podrá votar por lo que ha sido la “derecha clásica” que representa Arnoldo Alemán; la derecha moderna, representada por Eduardo Montealegre; la izquierda moderna, que representa Herty Lewites y la “izquierda clásica” de Daniel Ortega.

Esta situación no es irreversible. Si dependiera de los pactistas libero-sandinista ellos borrarían a los “modernistas”. Es por eso que todos los esfuerzos se deben enfocar en el objetivo de mantener la diversidad de opciones electorales que están naciendo y no esforzarse en aglutinarlas, como parecería ser lo obvio.

Iniciativas como la Red por Nicaragua, así como la comunidad internacional: Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, la Organización de Estados Americanos y cualquier país u organismo que pretenda ayudar al fortalecimiento de la democracia nicaragüense debe presionar porque en noviembre del 2006 el votante pueda elegir entre las cuatro opciones que se perfilan.

Muchos pensarán que la “dispersión del voto” sólo beneficiará a los caudillos, pero los números dicen otra cosa. Cuando la gente habla de dispersión del voto está pensando en el esquema imperante en el votante nicaragüense pre-pacto. Además está comparando la situación de hoy con la de la década de los noventa, cuando Daniel Ortega era el líder indiscutible de la izquierda. Eso ya no es así.

Ortega y Alemán están hoy en sus puntos más bajos de popularidad. La intención de voto para Ortega es de 12 por ciento, mientras que para Alemán es de 4 por ciento, según la encuesta de CID-Gallup de julio pasado.

Ése es un piso histórico para ambos pero particularmente para Ortega, quien en las dos elecciones anteriores, sin la competencia de Lewites, tenía 35 por ciento de intención de votos en agosto de 1995; y 22 por ciento en marzo del 2001. El techo de Ortega en las encuestas ha sido 38 por ciento .

Lewites y Montealegre tienen hoy 25 y 21 por ciento respectivamente. Alvarado, quien también forma parte de lo que podría ser la derecha moderna, cuenta con 4 por ciento. Los tres suman una intención de votos del 50 por ciento, de ahí la tentación de hablar de una “unidad contra el pacto”. Pero en política los números no se pueden sumar así de fácil. Estamos hablando de votantes, no de bananos.

Mientras Montealegre y Alvarado sí se pueden, y se deben, unir, Lewites debe continuar su camino aparte. ¿Por qué? Pues porque muchos de los seguidores de Lewites se sentirán más cómodos votando con Ortega que con Montealegre, y viceversa. Con tres opciones, el pacto saldría beneficiado pues podrían consolidar una alianza en la Asamblea, como ahora, que aún si Lewites o Montealegre ganaran la Presidencia, los inmovilizarían.

Con cuatro opciones claramente diferenciadas sí habrá por quien votar. Así que se debe garantizar que las cuatro tendencias se postulen y que las elecciones sean libres, el resto déjenselo a los votantes.
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