Cine
El Halcón Maltés
 |
|
|
Póster de la película The Maltese Falcon. |
| |
Ramiro Argüello Hurtado
El halcón maltés (The maltese falcon; 41; John Huston) es muchas cosas a la vez. Con ese film irrumpe una nueva clase de héroe: el antihéroe (Sam Spade), interpretado por una nueva clase de actor (Humphrey Bogart). Un guionista de cine con reputación irreprochable (John Huston) súbitamente se convierte en realizador apelando a una cláusula en su contrato con Warner Brothers. Y se da inicio al estilo denominado film noir, que abarcará los decenios cuarenta y cincuenta. Los rasgos que perfilan el film noir son: una abrumadora visión pesimista de la condición humana y de la vida como un todo intrínsecamente perverso. Formalmente, el subgénero está en deuda con el juego deliberado de sombras y luces del expresionismo alemán. Sed de mal (Touch of evil; 58; Orson Welles) finaliza el ciclo con un toque de genio.
Aunque ya existían dos versiones previas, filmada una en (31): The Maltese Falcon, con Bebe Daniels y Ricardo Cortez, dirigidos por Roy del Ruth; y en (36) Satan Met a Lady, con Bette Davis y Warren Williams, dirigidos por William Dieterle, Huston se empecinó en el remake, y en narrar la historia desde la perspectiva de Spade. Incidentalmente, bajo el afeite romántico Spade no es más que un sociópata carente de escrúpulos.
El halcón maltés marca el inicio de la colaboración entre Huston y Bogart: siete películas juntos. Se trata de una cinta B (de bajo presupuesto), que muestra un evidente contraste entre la simpleza del decorado y de los desplazamientos de la cámara con lo enrevesado de la trama (desde la época de los caballeros templarios una pequeña escultura en forma de halcón circula de mano en mano enloqueciendo a los hombres por su desmedido valor) y lo tortuoso de los caracteres: máquinas de codicia, sevicia y traición.
Huston es una decantación del miserabilismo poético francés (Julien Duvivier y Marcel Carné) y de cierta literatura norteamericana (Hemingway con su cuento Los asesinos y la escuela de los muchachos duros: hard boiled). Los hallazgos de la cinta son siempre visuales: las rejas del elevador prefigurando los barrotes de la prisión. La crispada y demencial búsqueda, el lastimoso forcejeo por la fatal antigüedad deviene una metáfora visual, radicalmente escéptica, del carácter fingido y engañoso que preside la universal locura humana.
Humphrey Bogart se ve custodiado de una distinguidísima cohorte de fulleros. Ahí pueden ver al húngaro Peter Lorre como Joel Cairo, amoral hiena envaselinada. Miren allá a Elisha Cook Jr., el rastrero pistolero invertido, Wilmer Cook. Miren quién entra, si no es otro que el inglés Sydney Greenstreet: The fat man (Kaspar Gutman), turbio cachalote cuyos aforismos (“Soy un hombre a quien le gusta hablar y que busca personas a quienes les gusta hablar”) y falsa jovialidad disimulan la avaricia en estado puro. Y aquí la tienen: Mary Astor no es otra que Brigid O’ Shaughnnessy, lustrosa pantera hecha de tafetán y duplicidad. Un arácnido: una de las grandes simuladoras del cine. “You’re good. You’re very good”, lapida Bogart a Mary Astor.
Sam Spade resume todo el embrollo: El halcón maltés (el pájaro, el film, la vida) está hecho con la madeja con que se hacen los sueños (Próspero, IV. i. 156, La tempestad). 
|