Más allá del pergamino
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 | Un vistazo al nuevo libro de Gioconda Belli, una mezcla de erotismo y pasión |
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La escritora gioconda belli. |
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Blanca Castellón
Desde que anunciaron la llegada de la nueva novela de Gioconda Belli, El pergamino de la seducción, perdí por completo mi dosis de originalidad y pasé a formar parte de la expectante multitud de habitantes del globo que querían el libro.
Había gozado tanto El país bajo mi piel (que hasta lo comparé, sin que quedara mal Gioconda, con Vivir para contarla, de nuestro orgullo y premio Nobel latinoamericano, el gran GABO) que el anuncio de El pergamino... me atemorizó. Más de una vez he tenido la mala experiencia de que mis autores predilectos, después de rozar la gloria, dan la impresión de haberse bebido toda la fuente hasta secarla o de haber sucumbido a las exigencias editoriales, entregándonos luego una rara formula de relleno: más de lo mismo, elevado al cubo, multiplicado por el sueño de sus laureles.
Abrí el flamante libro: El pergamino de la seducción, apenas si vi el retrato impresionante de Juan de Flandes en la portada, retrato que después he seguido contemplando, fascinada. Leí las primeras páginas y mis cromosomas XX dieron saltos emocionados, como si despertasen y retomaran conciencia, solidarios con toda la cadena de sus cromosomas gemelos habidos y por haber. “Pude ver con la mente y no sólo con los sentidos”. Desde el primer capítulo me sedujo la idea de tomar el lugar de Lucía, tomar posesión del traje de época que Manuel le ofreció y viajar sobre la pluma de la autora cruzando la neblina de la historia hasta toparme en algún pasadizo azul con Juana De Castilla. Esa mujer cuyo talento, energía, rebeldía y belleza siguen actuales a pesar del tiempo.
“¿Quien se atreverá? Yo me atreveré”. Se atrevió Juana a desafiar el poder de la monarquía y se atrevió Gioconda a traspasar las fronteras del tiempo y el espacio. Ni una, ni la otra sintieron que “sus enaguas le restaran nada a su talento”. La Loca que nos pone Gioconda en nuestras mesas de noche y en el trono de nuestros corazones, no es la loca de la casa que Santa Teresa definiera como la imaginación, no; esta “locura” de Juana rompe los cristales del tiempo y se instala junto a tantas mujeres que siguen sosteniendo la columna vertebral de su poder , luchando como fieras enjauladas —que no viven precisamente en palacios— para sacar a flote su talento. En esta novela de Gioconda, además de nutrirnos con una verdadera cátedra de solidaridad, encontramos la poesía mas evolucionada de la autora, minúsculas estrellas que brillan por sí mismas dentro del lodo de los siglos. Los tejidos deliciosos del lenguaje embellecen cada acción, sentimiento y pensamiento femenino. Acercan al cielo el derecho pleno a vivir nuestra sexualidad, valoran desde otro ángulo la maravilla de la maternidad. Se transforma en arte la pasión sin riendas y hasta el odio y las visiones homicidas. ¿En que esquina del universo se planta Gioconda para traducir en palabras, con tanto acierto, lo mas hondo de nuestro ser? ¿Dónde se esconde esta mujer para fotografiar verbalmente el vertiginoso cambio de las horas?
Llegó el momento de confesar que, ante dos historias yuxtapuestas o paralelas, yo termino encariñándome con una sola y la marcada preferencia de mi afecto me lleva hasta a saltarme una de ellas. En El pergamino... no hay vuelta de hoja: nos quedamos con las dos. Nos vamos con Juana y con Lucía. No hay otro camino a seguir que el capricho de la pluma de Gioconda. Tanto consigue acercarnos a Juana, como a Lucía que terminamos en un laberinto donde las horas, los años y los siglos se enredan en el pan nuestro de cada día y así El pergamino de la seducción se convierte en un plato delicioso del que deseamos repetirnos. Debería pasar quizás al teatro, al cine, no sé pero creo que más de algún lector coincidirá conmigo en querer más.
Por las Juanas de ayer y de hoy, por las Lucías, por Nicaragua, me he atrevido a escribir estas líneas disolutas. Ante los almidones del saber, inclino mis pestañas y ya quisiera manejar yo la teoría literaria para hacerles llegar mis impresiones con el debido traje de etiqueta que merece esta fiesta nacional: se trata de una compatriota cuya tinta ha dejado alzarse una vez más el aroma de nuestros lagos y volcanes, que ha mostrado ante el mundo el reverso de la moneda manchada por la miseria humana.. Una vez más nuestro mejor producto de exportación se impone. El canto traspasa fronteras.
¿Que se oculta dentro del cuerpo grande y fornido de esta prosa? Misteriosas sustancias que se confunden con el imposible, delicadísimos tapetes güegüenses, femeninos abrazos trascendentales. Poesía. Arte. Talento . Riesgo. Trenza de géneros literarios. Solidaridad. Resurrección. 
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