SáBADO 20 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23907 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Lucha por la tierra prometida

El dramático desalojo forzado de los colonos israelitas, que durante 38 años ocuparon los asentamientos establecidos en una área de 360 kilómetros cuadrados de la Franja de Gaza, en Palestina, fue sin duda la principal noticia internacional de esta semana. Inclusive opacó el primer viaje al extranjero del Papa Benedicto XVI, quien fue a Alemania para participar en el encuentro mundial de la juventud católica establecido hace 20 años por el inolvidable Papa Juan Pablo II.

El desalojo violento de los asentamientos israelitas en la Franja de Gaza, donde a lo largo de casi 40 años los colonos judíos hicieron su vida, echaron raíces y labraron su bienestar y prosperidad personal y familiar, ha causado en la nación hebrea una profunda herida emocional que difícilmente se cerrará, y en todo caso tendrá que pasar mucho tiempo para que pueda sanar y cicatrizar.

En realidad, el desmantelamiento forzado —por el mismo gobierno de Israel— de los asentamientos establecidos en la Franja de Gaza, significa para los israelitas lo que sería para los palestinos que su gobierno sometiera y desarmara por la fuerza a las agrupaciones armadas que hacen la guerra incesante contra la población judía, inclusive con métodos terroristas. ¿Cómo es posible —se preguntan los israelitas desalojados de sus hogares en la Franja de Gaza— que el Ejército de Israel, en vez de defender a su pueblo de los ataques armados y terroristas de sus enemigos internos y exteriores, los desaloje violentamente de la tierra que han trabajado durante muchos años con devoción y duro esfuerzo.

Sin duda que es sumamente complejo este problema de las más o menos nueve mil personas que fueron desalojadas de donde estuvieron asentadas durante 38 años, en un territorio —la Franja de Gaza— que es habitado también por 1.2 millones de palestinos. Para los colonos desalojados, lo mismo que para los habitantes israelitas de otros territorios ocupados, esa tierra es la misma que Dios le entregó a Abraham y al pueblo de Israel, hace por lo menos cuatro mil años, según consta en el libro sagrado del Antiguo Testamento.

Y es más doloroso para los colonos israelitas que sea la fuerza militar de su propio Estado, la que los obligue a abandonar sus hogares; que este desalojo no sea el resultado de una victoria política y mucho menos militar de los palestinos —a pesar de que éstos se ufanan de que sí es un triunfo de su resistencia armada y sus intifadas—, sino una decisión unilateral del gobierno de Israel tomada al parecer por presiones internacionales, inclusive de Estados Unidos; y que no se vea que los palestinos estén dando algo a cambio del desmantelamiento de las colonias y el desalojo forzado de los colonos judíos.

Sin embargo es menester señalar que si bien los colonos israelitas desalojados de los asentamientos en la Franja de Gaza, tienen fundadas y comprensibles razones —religiosas, históricas y materiales— para sentirse lastimados gravemente por el desalojo forzado por su propio gobierno, también tienen razón los palestinos que reclaman como su suelo patrio estas tierras que ellos han poblado desde tiempos inmemoriales.

Por otro lado, la acción unilateral del gobierno de Israel, de desmantelar ahora los asentamientos israelitas en la Franja de Gaza, y después los que hay en otros territorios palestinos que fueron ocupados como consecuencia de las guerras árabe-israelitas de 1967 y siguientes, es una ofrenda muy dolorosa pero indispensable para que se pueda retomar la hoja de ruta en la búsqueda de la paz , a base de la creación de un Estado palestino independiente que coexista y conviva en condiciones pacíficas y de tolerancia y respeto recíproco con el Estado de Israel.

Sin embargo, para que esta costosa acción unilateral ejecutada por el gobierno de Israel, pueda servir a tan importante objetivo, la Autoridad Palestina tendría que corresponder con acciones de reciprocidad, por ejemplo, disolver las organizaciones y milicias armadas que actúan constantemente contra Israel, o al menos tomar control sobre ellas. Y decirle la verdad a su propio pueblo: que el Estado Palestino independiente sólo se puede establecer en los territorios de Cisjordania y Gaza, pero no en las tierras del Estado de Israel que se fundó legítimamente en 1948, como pretenden los extremistas que todavía piensan que es posible revertir el curso de la historia.
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