En memoria de Payín, un hombre coherente
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Hoy mi hermano Efraín Sánchez Sancho cumple un año de muerto y he querido evocarlo con este escrito, como el hombre coherente que fue, pues así como sus convicciones ideológicas fueron firmes como la roca, sin límites era su generosidad.
Estoy seguro que a Payín (como le decíamos en la familia y lo llamaban sus amigos) le hubiera gustado que yo escribiera algo sobre él. Payín leía todo lo que yo escribía, aunque —como teníamos visiones distintas sobre la vida, la sociedad y la persona—, generalmente él no estaba de acuerdo conmigo. Sin embargo, cuando muy raramente me señalaba sus desacuerdos, lo hacía de manera respetuosa, sin ánimo de conflicto. Por mi parte jamás cuestioné sus creencias.
Después que murió, hoy hace un año, supe que escribió algunas veces para refutarme, pero no hizo públicos esos escritos. Lo supe porque encontré entre sus papeles una crítica al artículo Libertad, en la columna Y además, de LA PRENSA del 13 de septiembre del 2002.
En ese escrito inédito Payín me reprochaba porque en él reconocía públicamente que había renegado del ateísmo, del marxismo y del socialismo.
Payín creyó hasta el día que murió, que el socialismo era la salvación y el futuro de la humanidad. Pensaba que lo que había fracasado no era el marxismo-leninismo, sino los dirigentes marxistas que se aburguesaron.
Pero lo más importante de Payín es que fue un hombre coherente. Hasta el final de su vida siempre practicó lo que predicó. Por eso murió en la extrema pobreza mientras muchos de sus correligionarios sandinistas se hicieron millonarios a costillas del pueblo, traficando con la revolución y el socialismo.
A Payín, que murió como vivió, de conformidad con los principios que predicó, todos los que lo amamos de verdad jamás lo olvidaremos.
Luis Sánchez Sancho

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