JUEVES 18 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23905 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Encuestas porfiadas, caudillos tercos

De manera reiterada, las encuestas indican que hay un repudio mayoritario de los nicaragüenses a los dos caudillos, —el sandinista Daniel Ortega y el liberal Arnoldo Alemán—, así como el deseo de nuevos liderazgos, tanto en el FSLN y el PLC como a nivel nacional.

Por ejemplo, en la última encuesta de M&R Consultores, cuyos hallazgos principales fueron publicados en LA PRENSA de ayer miércoles 17 de agosto corriente, el 73.32 por ciento de los encuestados declaró que tiene una mala (28.21%) y pésima (45.11%) opinión de Arnoldo Alemán, quien con tanto repudio aún entre quienes se declaran simpatizantes del PLC (48.72%) ya no debería ser considerado como caudillo del liberalismo.

Por otro lado, el 77.92 de los encuestados dice tener una opinión pésima (47.21%) y mala (29.89%) de Daniel Ortega, incluyendo a un 55.64% de personas que dijeron ser simpatizantes o militantes del FSLN, partido del que el señor Ortega es secretario general vitalicio y candidato presidencial permanente.

Datos más o menos iguales acerca del rechazo mayoritario de la población nicaragüense a los liderazgos obsoletos, de Daniel Ortega en el sandinismo y de Arnoldo Alemán en el liberalismo —y de ambos entre la población general del país—, ha revelado también de manera reiterativa la otra encuestadora que frecuentemente hace encuestas en Nicaragua, es decir, la firma internacional CID-Gallup que tiene su sede en San José de Costa Rica.

Sin embargo, es evidente que esos datos tienen sin cuidado a los dos personajes políticos mencionados, quienes ejercen una influencia personal determinante en la toma de decisiones de poder que afectan —generalmente para mal— a toda la nación. Ni siquiera las multitudinarias marchas cívicas y pluralistas contra el pacto y la corrupción, que se han celebrado y seguirán celebrándose en distintos lugares del país, lograrán modificar la actitud empecinada de Ortega y Alemán, de seguir siendo los líderes máximos de sus partidos y los grandes mangoneadores del país.

En realidad, los políticos nicaragüenses dan crédito a las encuestas y las exaltan sólo cuando consideran que los favorecen, pero las descalifican siempre que no revelan una buena imagen de ellos. Otras personas desconfían de las encuestas por diversas razones, inclusive porque dicen que jamás se han encontrado con un encuestador, sin considerar que por razones técnicas la muestra que se escoge necesariamente que ser pequeña, por ejemplo 1,200 entre una población de cinco millones.

Pero también en los países políticamente desarrollados se critica a las encuestas, y se dice que por la gran importancia que ellas han adquirido, la democracia representativa ha sido reemplazada por la democracia de la opinión pública. En Estados Unidos se criticó al Congreso porque no destituyó al presidente Bill Clinton, en el caso del escándalo de su relación con Monica Lewinski, porque las encuestas indicaban que la mayoría de la población no estaba de acuerdo con que lo destituyeran y los congresistas temieron enfrentarse a la “tiranía” de la opinión.

En Inglaterra y Alemania se atribuyó a las encuestas y no al desgaste de sus ejecutorias políticas, la caída de Margaret Thatcher (Inglaterra, 1990) y Helmut Kohl (Alemania, 1998), después de que los sondeos revelaron que su aceptación popular había descendido de manera catastrófica.

Pero eso no puede ocurrir en América Latina y mucho menos en Nicaragua. Aquí los políticos como Daniel Ortega y Arnoldo Alemán se consideran indispensables e insustituibles. Ortega, porque en la tradición comunista y revolucionaria mundial el liderazgo se personaliza y se practica hasta que el líder se pudre: Lenin, Stalin, Mao, Hochi Minh, Kim Il Sung Fidel Castro. Y Arnoldo Alemán porque su sentido del liderazgo político es caciquista y prebendario, de acuerdo con la tradición del caudillismo autoritario y corrupto del que Anastasio Somoza García ha sido el mejor representante en la historia de Nicaragua.

En todo caso, aunque Ortega y Alemán menosprecien las encuestas —que se hacen de manera profesional e imparcial y por lo tanto reflejan de manera bastante fiel lo que siente realmente la gente con respecto a los líderes políticos del país—, lo cierto es que hay dentro de sus propios partidos , el FSLN y el PLC, liderazgos emergentes apoyados sobre todo por los mismos militantes sandinistas y liberales .

Lo cierto es que por mucho que Ortega y Alemán se empecinen en no admitirlo, su liderazgo ha terminado, ellos son personajes del pasado y tienen que desalojar el escenario de la política nicaragüense.
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