Todo a favor, sólo el pacto en contra
Salvador Stadthagen
Un rosario de buenas noticias en los últimos tres años: el HIPC nos perdona cuatro mil millones de dólares; la Cuenta del Milenio nos otorga 75 millones de dólares en donación; desde Canadá a Luxemburgo nos priorizan y la cooperación internacional para nosotros aumenta, en un mundo donde se reduce. Se invierte un récord de 180 millones de dólares de préstamos en el BID el año pasado. El Banco Mundial aumenta su cooperación basado en nuestro buen desempeño.
El G-8 considera a Nicaragua como país piloto en anticorrupción y condona posiblemente otro billón de dólares. Se ratifica el DR-Cafta, abriéndosenos permanentemente el mayor mercado mundial. Nicaragua es el país que más crece en América Central en el 2004. La diáspora nicaragüense remite a la Patria más de un 20 por ciento de su PIB. Más de 25 mil nicaragüenses podrían volver a retirarse aquí en una década, generando enormes flujos de inversión e ingresos de más de 300 millones de dólares anuales adicionales. El turismo crece un 12 por ciento en el 2004. Catorce proyectos turísticos pendientes de ejecución. El país tiene una de las más bajas tasas de criminalidad en el hemisferio, con una policía y un ejército que muestran madurez y civilidad. El potencial geotérmico e hidroeléctrico es impresionante. Tenemos petróleo en el Atlántico e importantes compañías (que visitan la Embajada) se interesan en su exploración.
El DR-Cafta otorga importantes cuotas de maní, cultivo que ha tenido una explosión en el occidente. La cuota adicional de azúcar crearía tres mil empleos. Conseguimos 100 millones de metros anuales para el uso de tela extra regional, que permitirá retener e impulsar la industria textil. La maquila lista para crear decenas de miles de nuevos empleos. Se consiguen 40 millones de dólares anuales para mejorar la capacidad de Centroamérica en lo laboral y ambiental.
Pero… un pacto antipatriótico se burla de las esperanzas del pueblo, politiza y corrompe las instituciones. La democracia peligra. En Washington, Adolfo Franco, director para Latinoamérica de AID, testifica en el Congreso que Nicaragua tiene uno de los peores poderes judiciales del hemisferio. La Unión Europea cuestiona su independencia, asimismo la de la Contraloría. La Embajada Americana lo cataloga como infame. Para mayor escarnio, tres magistrados de la Corte Suprema y jueces aparentemente han perdido la visa americana por corrupción. La sociedad civil le llama “terrorismo judicial”.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos sentencia falta de independencia del Poder Electoral en su fallo a favor de Yatama y llama a reformar la Ley Electoral. La sociedad civil considera que el CSE ya no es garantía de elecciones justas.
La Asamblea Legislativa bloquea préstamos, leyes indispensables para el progreso y prioriza legislaciones populistas con objeto de obstaculizar la capacidad de ejecución del Gobierno.
Líderes desfasados de los partidos del pacto arremeten contra la inversión extrajera, que es la única que puede sacar al país adelante. Otros amenazan a la empresa privada por apoyar la lucha cívica. El capital de inversión alrededor del mundo actualmente sobreabundante, exige seguridad jurídica y estabilidad que los políticos del pacto niegan.
El pacto bloquea al DR-Cafta en la Asamblea, se pierden inversiones y empleos. El Secretario de Comercio de Estados Unidos anuncia un viaje con 15 grandes inversionistas a los países con el DR-Cafta ratificado, excluye a Nicaragua.
Mientras al pacto desde afuera le llaman mezquino, los empresarios exigen que los dejen trabajar y el pueblo humilde, al que el pacto le saquea su educación, salud y comida, no puede sino llamarlo: criminal. El pacto lo obstaculiza todo. Chorrea sangre.
El autor es Embajador de Nicaragua en Estados Unidos y Canadá.

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