Relato de una amiga
No puedo contener las lágrimas, asesinaron a mi hermano, a mi mejor amigo de muchos años. En broma le decía, te vas a morir pronto porque no te cuidás, pero jamás me imaginé que sería hoy.
Cuando su hijita me llamó a las cuatro de la mañana y me dijo: le pegaron un balazo a mi papá, no podía creerlo, me levanté inmediatamente y me dirigí al Hospital San Juan de Dios. En el trayecto del camino me imaginaba que el balazo era en el pie, nunca creí que lo encontraría muerto. Fue muy doloroso y triste, por un momento se me olvidó que yo también era periodista, pero luego saqué mi cámara; no quería hacer la foto de su cuerpo hecho cadáver.
Siempre he creído que la profesión de un periodista es muy riesgosa, pero no estaba preparada para recibir o escribir la noticia de mi amigo. Hoy me siento sola, era mi único amigo hombre, compartimos muchas alegrías, preocupaciones, tristezas y desesperanzas, pero siempre seguíamos adelante.
“HAS VISTO A SANTA TERESA DE CALCUTA”
Adolfo no era el periodista común y corriente, él era algo especial, a pesar de su carácter fuerte, tenía un noble corazón, todo le conmovía. Su esposa me decía: “Has visto a Santa Teresa de Calcuta”, y yo me reía, pero ella continuaba “es que todo lo que se gana en LA PRENSA, lo regala a los vecinos”.
Adolfo era algo especial, sobre todo era un periodista muy humano, un hombre acucioso hasta la saciedad, me sorprendía la capacidad que tenía para redactar las informaciones, a él no se le dificultaba hacer reportajes de una o dos páginas.
Era incansable, amaba el deporte, él escribía para todas las secciones y se destacaba en la crónica deportiva, amaba el futbol y el beisbol, jugaba en un equipo de softbol, tenía un programa deportivo en Radio Liberación, a veces pagaba el espacio con parte del salario de LA PRENSA, o bien buscaba anuncios publicitarios.
Era amigo de todos los chavalos de su barrio, les apoyaba mucho en el deporte, de su bolsa sacaba dinero para comprarles pelotas, bates y uniformes, a veces pagaba hasta los jueces. A algunas y algunos compañeros que estudiaban Periodismo, cuando no tenían cómo pagar la mensualidad, él me pedía la colaboración y juntos les apoyábamos.
“ESTE TRABAJO SE ESTÁ PONIENDO FEO”
Hacía siete días, el lunes pasado, me llamó por teléfono y muy preocupado me dijo: Martha, este trabajo se está poniendo feo, siento temor de los narcos, ya me amenazaron y sólo vos sos la que me das valor y ánimo, tengo mucha información y hay muchas personas involucradas en ese asunto.
Como olvidar a un amigo que no sólo escribió mi vida en su único y primer libro Huellas de mujer, en ocasión de mis 30 años de periodismo. Fueron intensas noches de trabajo, a veces nos comunicábamos a las dos de la mañana, para ver cómo iba su “creación”, hasta que presentó la obra el 30 de abril del año pasado.
Qué difícil es hablar y escribir en este momento, pero más duro es saber que ya no lo tendré más a mi lado para continuar con su trabajo, con su ejemplo, ya no tendré al amigo, a mi compañero de trabajo que todos los días me llamaba para ver qué haríamos durante el día, creo que los dos nos hacíamos falta cuando no nos comunicábamos, fue una amistad tan linda, él era amigo no sólo mío, sino de mis amigas y amigos y también de mi familia, y yo de la de él.
No sé por qué tuvo que marcharse. Gracias amigo, por toda tu amistad y cariño que me diste durante todos estos años.
Martha Marina González

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