MIéRCOLES 17 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23904 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





Adolfo, un periodista con grandes valores humanos

Foto  
. “El jefe”, el hermano, el amigo… no importa el calificativo, el pueblo esteliano llora su partida

Adolfo Olivas junto a su madre Reyna Olivas.

 

Alina Lorío L.
CORRESPONSAL / ESTELÍ
nacionales@laprensa.com.ni

“Todo es tan sencillo como… ponerse en manos de Dios… ¿Pensás que este mensaje te fue enviado accidentalmente?.. No. Fue Dios, que nos iluminó y nos recordó que estás ahí, que eres nuestra hermana y que te amamos”.

Este es un lindo mensaje impreso en algo parecido a un diploma hermosamente acompañado de un ramo de rosas rojas que Santos Herlinda Lira Cruz guarda entre sus sencillas pertenencias, después de que Adolfo Olivas Olivas, periodista corresponsal del diario LA PRENSA, se lo entregara hace tres años acompañando lo que fue su primera silla de ruedas.

Santos Herlinda, con 26 años, originaria de Pueblo Nuevo y cinco años de residir en la ciudad de Estelí, recordó cuando por primera vez su marido conversó con Adolfo Olivas, precisamente para pedirle encarecidamente que le ayudara con los gastos que estaba incurriendo ella por los efectos de una terrible enfermedad, la diabetes.

“NO SE SIENTA TRISTE PORque DIOS ESTÁ EN TODO MOMENTO”

Adolorida, saliendo de la operación que la dejó sin sus dos piernas y con un futuro incierto para sus dos hijos, apareció “Don Adolfo”, que frente a ella en el hospital relató testimonios de su propia vida para culminar con palabras de aliento, que según doña Santos, la llenaron de gozo: “No se sienta triste porque Dios está en todo momento y en todas las dificultades Dios está con usted”.

Doña Santos recuerda muy bien cuando Adolfo Olivas le habría dicho, exactamente un 24 de diciembre, como un regalo de Navidad, “mire aquí está su silla que Dios se la dio”. Ella continuó viéndolo cada vez que el periodista pasaba por la calle central de Estelí, exactamente donde se instala a pedir limosna para poder sobrevivir sola con sus dos hijos, pues su marido falleció hace cinco meses.

Adolfo continuó ayudándole con “realitos para la comida” y aún cuatro días antes de su muerte nuevamente le transmitió fortaleza moral al manifestarle que no se sintiera triste por el fallecimiento de su esposo, “que Dios estará con usted en todo momento y no se preocupe que quien la continuará respaldando soy yo, sigo adelante con usted”.

LA ENTREVISTA PENDIENTE

Quedó pendiente una entrevista que Adolfo se había comprometido a realizarle el lunes 15 de agosto para tocar la conciencia de los estelianos que podían ayudarle a reconstruir el techo de su cocina en ruinas. “Él se portó lo más lindo conmigo; yo le pido a Dios que lo tenga en su santo reino”, manifestó entre sollozos doña Santos Lira.

DEDICARÁ SU TESIS A OLIVAS

Erica Vásquez Cuadra, esteliana de 20 años de edad y estudiante del tercer año de Veterinaria en Cuba, fue una de las tantas personas a las que Adolfo Olivas consiguió becas para estudios profesionales en la Isla, pero en el caso de ella, no quedaba sólo en conseguir ese beneficio, sino también daba de sus propios recursos y la acompañaba para que agilizara los requisitos.

Relató que la última vez que lo vio fue el viernes 12 de agosto en el urbano (bus de transporte colectivo). Según su testimonio, le tiene tanto agradecimiento que dedicará su tesis de grado a Adolfo Olivas. “Creo que no se merecía que lo mataran así porque era muy bueno”, opinó.

“EL JEFE”

José Francisco Herrera y Preston Prado, jóvenes miembros del equipo de futbol Estelí Heroico, describieron en una sola palabra sus sentimientos: “El jefe”. Para ellos no habrá otro que lo sustituya y que se interese tanto por ayudarle al equipo.

Desde hace 10 años, desde muy niños en el barrio Estelí Heroico, los agrupó en un equipo que siempre patrocinó con uniformes, pelotas, arbitrajes, celebraciones de triunfos y publicaciones como para incentivarlos a continuar la ruta del deporte.

“Si él podía nos ayudaba y si no entonces nos daba una parte para que nosotros buscáramos lo que faltaba”, recordó José Francisco, quien —junto a Preston— lograron escuchar sus últimas palabras y últimos suspiros mientras lo trasladaban al hospital San Juan de Dios con la esperanza de que sobreviviera a los dos balazos que impactaron en su cuerpo por una acción criminal de Santos Osegueda Palacios la madrugada del domingo.

En honor al “jefe” (Adolfo Olivas), los integrantes del equipo de futbol Estelí Heroico han decidido que en adelante lleve su nombre, tanto en agradecimiento a sus acciones y por considerarlo insustituible por su enorme valor humano y el inmenso corazón para ayudarle a los jóvenes a salir de las drogas.

HERENCIA DE SU MADRE

Adolfo Olivas Olivas nació el 19 de septiembre de 1959 en una comunidad rural de la comarca El Regadío, en el departamento de Estelí, constituyéndose en el número tres de siete hermanos, con una infancia “sufrida”, dice su mamá, por la enfermedad de su padre, quien falleció en 1970.

Cursar su educación primaria en El Regadío también fue un sacrificio.

Tenía que caminar distancias junto a otros dos hermanos para moler el maíz en casa de una de las tías y regresar en bestia cargados de dos pelotas de masa y leña. Una de las hermanas hacía las tortillas en casa y él salía a venderlas.

A sus doce años se trasladó con su mamá y hermanos a Estelí, donde empezó a cursar su secundaria en la escuela Anexa La Normal, no sin antes habérsele revelado a la mamá y haber decidido ponerse a trabajar primero como buhonero (vendedor de tela en retazos) en Estelí y Matagalpa y después lustrando zapatos y vendiendo periódico.

Continuó estudiando, pero haberse probado como voceador lo motivó incluso a cambiar sus aspiraciones profesionales. Ya no quería ser médico y una vez a su madre le dijo “mejor voy a estudiar para periodista”, lo que efectivamente no sorprendió a la familia, debido a su alto interés por la lectura y la escritura desde muy temprana edad.

“Adolfo siempre intentó hacer feliz a la gente y más aún por- que siempre tenía la facilidad de conseguir lo que quería”, dijo con mucha satisfacción su hermana, Rosa Olivas, quien aduce su firmeza de clase y orgullo de su origen a su madre, quien les enseñó, a pesar de sus pobrezas, a no envidiar riquezas y sentirse feliz con lo que Dios da”.

Olivas rechazaba con indignación la actitud de personas que salen del seno de los más pobres y humildes y que una vez ostentando un cargo se transportan en carros de vidrios oscuros para evitar que la gente que los eligió pidiera favores. “Su ideal era tener dinero para ayudar a quien lo necesitara. No era una persona egoísta, de carácter fuerte frente a las adversidades, pero humilde”, así lo describió su mejor amiga, la licenciada Martha Marina González.

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