Muerte
Jorge Ulises González Briones
Si existe un hecho en la vida cotidiana que nos cuesta aceptar es la muerte.
De repente todo lo que estaba marchando tan normal se convierte en una pesadilla, como en la dimensión desconocida o en los relatos de terror de Stephen King, así suceden las cosas en Nicaragua.
En la página de Opinión de LA PRENSA del sábado 13 de agosto, el señor Eduardo Enríquez menciona un comportamiento de todos los y las nicaragüenses, y señala: “…Tiene que ser un cuadro absurdo que mientras la Asamblea Nacional anuncia el desafuero del Presidente de la República, a escasos kilómetros estén inaugurando modernas salas de cine y la gente asista feliz de la vida”, agregando la propia vida horas después que es más absurdo todavía que por 60 córdobas un ciudadano le hubiera quitado la vida a un ser humano, al periodista Adolfo Olivas.
En una charla de viaje hacia el norte de Nicaragua, comentábamos entre varios amigos todos los problemas en los que está sumergida la sociedad. Y al final, la pregunta inevitable: ¿De qué nos sirve tanta labia si al final todo sigue como antes? ¿Por qué criticar si nuestras voces están silenciadas? ¿Por qué no despertamos y reaccionamos? No tengo respuestas, es probable que la noche avance más que el día, pero no podemos tener una actitud pasiva ante tanto atropello.
En este ambiente, la labor del Diario LA PRENSA en la educación y promulgación de valores ha sido encomiable, ante una sociedad en la que los valores como la honradez, valor a la verdad, solidaridad y respeto al derecho ajeno, y sobre todo en el caso de la muerte del periodista el valor de la tolerancia de parte del actor de ese homicidio, hoy por hoy en nuestro país las profesiones más peligrosas son ser agente policial y periodista.
En el norte del país Adolfo Olivas fue y será la memoria de papel en la que vertió todas sus ideas y valores en cada nota de prensa. No lo conocí personalmente, sin embargo de su letra se desprendía la calidez de un ser humano interesado por el bienestar común de la sociedad segoviana. El luto ondea en los corazones de todos los y las que amamos las bondades de la democracia. La muerte de Guadamuz, María José y ahora de Adolfo Olivas, nos debe hacer reaccionar, no podemos seguir tolerando el atropello a uno de los valores más importantes de la democracia como es la libertad de prensa, pensamiento y de tener acceso a la información, quienes están interesados en darnos mensajes funestos sobre estas libertades deben deponer su accionar porque Nicaragua tiene hijos que la aman.

|