Educar en valores
Násere Habed López
Jorge Sánchez Azcona (Ética y Poder) distingue dos tipos de cultura, según las características morales prevalecientes en una sociedad: la cultura biófila y la cultura necrófila.
La cultura biófila se caracteriza por las acciones a favor de la vida y el desarrollo. En ella predominan los valores de amor a los demás, la paz, la solidaridad, la justicia, el respeto a la dignidad humana; bases esenciales de la democracia.
La cultura necrófila o cultura de la muerte, es aquélla donde dominan las conductas destructivas y violentas. Se sustenta en el odio, el egoísmo, la injusticia, el desprecio a la dignidad humana. Todos ellos antivalores propios del autoritarismo.
Si volvemos la mirada hacia nuestra sociedad, descubrimos en ella las manifestaciones de una cultura necrófila: criminalidad creciente, violencia intrafamiliar, pandillaje, corrupción, destrucción ambiental, afán de lucro, dinero fácil, irresponsabilidad, anarquía, irrespeto a los demás, vulgarización sexual, prostitución infantil, alcoholismo, drogadicción; antivalores que frenan nuestro desarrollo y oscurecen las cualidades propias del ser nicaragüense.
Algo debemos hacer. No podemos permanecer indiferentes ante estos males. Si seguimos así estamos condenados a la autodestrucción, como personas y como organización social.
Es esencial y urgente que emprendamos un esfuerzo vigoroso de educación ética o educación en valores, empezando por la niñez nicaragüense, a través de la familia y la escuela, que son los principales troqueles en la formación del ser humano.
Una educación de esta naturaleza persigue, como producto final, interiorizar en la conciencia del educando valores morales y formas de comportamiento que potencialicen al máximo el proceso de crecimiento y desarrollo del individuo y de la comunidad.
De acuerdo con los males de nuestra cultura, la educación ética de la niñez nicaragüense, debería girar en torno a la siguiente escala de valores morales:
1. Respeto a los demás. 2. Tolerancia. 3. Amor a la paz. Rechazo a la violencia. 4. Patriotismo. Amor a la patria y lo que ella representa, que nos motiva a proteger los recursos naturales, defender la soberanía y la identidad cultural.
5. Justicia. Equidad, imparcialidad. 6. Sinceridad. Amor a la verdad. Se opone a la hipocresía, a la mentira. 7. Honradez. Respeto a los bienes ajenos. 8. Dignidad. Autoestima. Respeto hacia sí mismo. 9. Autonomía. Independencia de criterio. Capacidad de tomar con acierto decisiones propias.
10. Responsabilidad. Cumplimiento cabal de los deberes y compromisos. 11. Disciplina. Puntualidad y respeto a la ley y reglamentos. 12. Proactividad. Iniciativa
13. Orden. 14. Amor al trabajo, al estudio. 15. Excelencia. Búsqueda permanente de la calidad y de óptimos resultados. 16. Perseverancia. Tenacidad, empeño en lograr buenos resultados. 17. Autosuperación continua.
18. Fortaleza. Coraje. Dominio de sí mismo. 19. Solidaridad. Unidad, compañerismo. Colaborar con otros para lograr objetivos comunes.
20. Amistad. 21. Gratitud. 22. Lealtad, fidelidad. 23. Prudencia. Cordura, sensatez. Discreción. 24. Bondad. Generosidad, espíritu de servicio. 25. Sencillez. Modestia. Naturalidad en el trato a los demás. Es lo opuesto a arrogancia, orgullo, ostentación, pedantería. 26. Sobriedad. Moderación. 27. Pulcritud. Limpieza. 28. Pudor. Decoro, recato, vergüenza. 29. Ahorro. Organización en el presupuesto personal. 30. Cortesía. Buenos modales.
Educar en valores tarda en dar sus frutos. Es sembrar semillas que sólo florecerán después de nuestro tiempo existencial, pero si no las plantamos ahora, estaremos legando males e incertidumbres a las nuevas generaciones.
El autor es educador.

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