DR-Cafta, los pobres y el desarrollo
José Luis Medal
El tratado de libre comercio con Estados Unidos es una oportunidad histórica para implementar políticas que permitan alcanzar el desarrollo. La motivación de quienes se han opuesto al mismo es en el fondo de carácter ideológico.
Desde la perspectiva ideológica de la “izquierda” el DR-Cafta no viene a ser más que la reiteración del modelo agroexportador tradicional del capitalismo periférico dependiente. Con este argumento se pretende ignorar que en pequeñas economías de reducido mercado interno, la profundización de la apertura externa es en realidad la única alternativa para alcanzar el crecimiento. Se sostiene además que los pobres no serán beneficiados y que el proteccionismo agrícola de Estados Unidos arrasará con los pequeños productores del campo nicaragüense. Se argumenta también que los empleos se crearán principalmente en el sector de bajos salarios de las zonas francas.
Es falso que el DR-Cafta perjudicará a los pobres. En primer lugar los beneficiará como consumidores. Al eliminarse los aranceles para las importaciones provenientes de Estados Unidos, ello se traducirá en menores precios relativos para los bienes de consumo. En segundo lugar, la inversión que promoverá el tratado contribuirá a reducir en algo el elevado desempleo que afecta a la fuerza de trabajo. Si bien una buena parte del empleo se creará en la maquila, el aumento de la demanda de trabajadores implicará en todo caso una presión para salarios relativamente mayores a los que existirían en ausencia del DR-Cafta. En tercer lugar, el tratado promoverá las exportaciones del sector agropecuario por lo que tiene un gran potencial de beneficiar a los más pobres de Nicaragua, ya que los niveles mayores de pobreza se concentran en las zonas rurales.
El DR-Cafta no es una panacea para todos los problemas, pero ninguna política económica lo es. Toda política económica tiene ventajas y desventajas, beneficios y costos, ganadores y perdedores. Lo que interesa sin embargo es el balance neto para el país en su conjunto y el del tratado es decididamente positivo. No puede subestimarse la importancia de su principal ventaja: transforma el acceso al mercado de Estados Unidos que otorgó la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), en un acuerdo internacional que no puede ser por lo tanto revocado unilateralmente por ninguna de las partes —ni por el Congreso de Estados Unidos, como sí lo puede ser la ICC. Esa garantía de acceso al principal mercado del mundo constituye como se ha señalado reiteradamente un fuerte atractivo para la inversión nacional y extranjera y por lo tanto para la creación de empleos.
La principal desventaja del DR-Cafta es conocida. Estados Unidos, como se sabe, no ha renunciado a los subsidios agrícolas, tema que sólo está dispuesto a negociar en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC). El acuerdo incorpora sin embargo medidas de salvaguarda y un plazo de desgravación suficientemente largo para los llamados productos sensibles para permitir la implementación de un proceso de reconversión productiva para los productores que sean afectados. Por otra parte, aunque la política de subsidios agrícolas es negativa, como consumidores la población de Nicaragua inclusive resultaría favorecida si pudiera consumir en el más corto plazo, maíz o azúcar baratos y demás productos subsidiados por el Gobierno de Estados Unidos.
El DR-Cafta es una oportunidad para alcanzar un crecimiento económico liderado por las exportaciones. Por otra parte son necesarias políticas complementarias para hacer frente a los sesgos antiexportadores y antiproductivos de la economía nicaragüense. Dentro de esas políticas complementarias están la inversión en capital humano y en la infraestructura productiva y exportadora, el fortalecimiento de los incentivos fiscales a los exportadores aprovechando la excepción que establece la OMC para un país con ingreso per cápita anual de menos de mil dólares, la implementación de programas de reconversión productiva pro exportadores, la orientación de la cooperación externa más hacia la producción que hacia el consumo y pasar a una dolarización oficial de la economía —o al menos a una legalización plena del uso del dólar—, lo que haría más atractivo el país para los inversionistas extranjeros.
El DR-Cafta será altamente positivo para Nicaragua. El perdedor político será la denominada “izquierda” ya que el tratado hará menos factible la posibilidad de intentar implementar nuevamente una política de estatización de la economía. Es por ello que los que representan el pasado se oponen por motivaciones ideológicas y demagógicas, a esta nueva oportunidad histórica, oportunidad que sin embargo Nicaragua no puede darse el lujo de desperdiciar.
El autor es Economista.

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