MARTES 16 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23903 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Tres países en uno

Cualquier observador de lo que está ocurriendo actualmente en Nicaragua, puede advertir que en éste hay, de hecho, tres países distintos: el oficial que es donde actúan los políticos y se practica el juego del poder; el de las personas comunes y corrientes; y la Nicaragua de los emigrantes nicaragüenses.

El primero de estos tres países en que está dividida Nicaragua es como una película de suspenso. Allí se mueven unos seres exóticos que viven a cuerpo de rey en medio de una población que gime en la pobreza; que se pasan el tiempo maldiciéndose y amenazándose unos a otros, acusándose judicialmente por cualquier cosa y siendo condenados o absueltos por sus jueces y magistrados, según sea la influencia política y la gratificación que esté de por medio. Es la Nicaragua donde unos cuantos se ponen y quitan fueros legales y privilegios materiales, y negocian en interés propio y a la sombra del sigilo informativo los asuntos que son de interés e incumbencia de todos los nicaragüenses.

La segunda Nicaragua es la de la gente que vive en función del trabajo —del que tiene o del que quiere tener—, la que se ocupa y preocupa por procurarse el sustento diario y aspira a mejorar su existencia con el fruto de su propio esfuerzo. Es la Nicaragua de la gente que con dinero propio o inversiones extranjeras instala nuevas empresas y negocios; la gente que se moviliza en el transporte público, los que se reúnen en el cine, en los restaurantes y los lugares donde se presentan los artistas nacionales y extranjeros, los que viven al margen de la sórdida política que se practica en las alturas y se refleja en los medios de comunicación.

Y la tercera Nicaragua es la de los nicaragüenses que viven y trabajan en el extranjero, los que con su duro trabajo allá mantienen a sus parientes aquí, los que meten al país más dinero que el valor de todas las exportaciones juntas y sin cuyas “remesas familiares” ya hubiéramos colapsado, a pesar de toda la cuantiosa y generosa ayuda que ha recibido de la comunidad internacional, la cual, calculada per cápita es una de las más altas de todo el mundo.

Todos los nicaragüenses hablamos el mismo lenguaje español —y algunos también las lenguas étnicas del Caribe—, sin embargo el idioma de los políticos nada tiene que ver con lo se habla en las calles, en las paradas de buses, en los mercados, en los centros de entretenimiento; ni tiene nada en común con el lenguaje cotidiano de los nicaragüenses de Costa Rica, Guatemala, Estados Unidos y Canadá.

Pero estos tres países en uno —la Nicaragua oficial, la Nicaragua real de adentro y la Nicaragua de la emigración— necesitan unirse, fundirse en una sola nación y juntar todos sus esfuerzos. Sólo así se podría abrir el camino hacia el desarrollo, el progreso y la prosperidad de la nación.

Cabe señalar al respecto que esta anormal división de Nicaragua en tres países distintos, que hablan lenguajes diferentes y cada uno de las cuales tiene sus propias motivaciones y aspiraciones, es consecuencia de la política corrupta, autoritaria y pactista que le han impuesto al país los caudillos políticos de “izquierda” y de “derecha”.

De manera que ahora que se está hablando de resolver la crisis institucional, y que fuerzas externas quieren facilitar el apaciguamiento y entendimiento entre los políticos del país, es preciso señalar que la solución del grave problema nacional no pasa por el mantenimiento del estatus quo actual, ni por poner de acuerdo a las cúpulas políticas para que en el futuro sigan haciendo por consenso todo lo malo que han hecho en el pasado con pleitos y con pactos.

La solución efectiva de la crisis de Nicaragua exige cambiar de estrategias políticas y, por lo tanto, de liderazgos políticos. Para eso es indispensable una alternativa, una tercera vía o como se le quiera llamar, que tenga capacidad de poner fin al caudillismo orteguista y arnoldista.

Sólo así se podría integrar a todos los nicaragüenses en una sola Nicaragua, poniendo fin a la absurda situación de que hay actualmente tres países en uno, cada uno de los cuales hala por su lado.
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