¡Basta!
Rosario Montenegro Zeledón rosmontenegro@yahoo.com
A las 4:45 de la madrugada de este 14 de agosto nuevamente me tocó revivir los duros momentos que pasé la noche del 9 de noviembre del 2004, cuando fui informada que la periodista María José Bravo había sido asesinada. Nueve meses y cinco días, después de este asesinato, mi sueño fue interrumpido, esta vez para comunicarme que dos balas realizadas por la espalda y a quemarropa habían terminado con la vida de Adolfo Olivas Olivas.
Mi mente empezó a registrar las imágenes de los momentos que compartimos en esta apasionante y peligrosa carrera del periodismo, tus excelentes trabajos, por algo eras considerado, sino el mejor, uno de los mejores periodistas del norte del país.
Aquel día que viajamos, junto a don Luis Sánchez, para asistir en Santo Tomás al sepelio de María José. Qué cosas de la vida, ahora don Luis fue quien me avisó que te habían matado.
El mensaje, tu último mensaje, también se me vino a la mente, te lo respondí, pero ya las balas no te permitieron leer mi respuesta. Vos como siempre, hasta el último momento te caracterizaste por su responsabilidad en el trabajo.
Por eso me informabas que este sábado no estarías en Estelí porque vendrías a Managua a jugar softbol y me pedías que te deseara suerte. Me decías que cualquier emergencia o algo importante que ocurriera en Estelí que llamara a tu inseparable amiga y colega Martha Marina González, y me enviaste sus números telefónicos, y qué ironías de la vida, la noticia relevante que ocurrió en Estelí fue que te mataron, y como siempre tu amiga te cumplió y ella en esta ocasión cubrió la nota por vos.

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