VIERNES 12 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23899 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Crisis política y de valores morales

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Ricardo Sánchez Calero

La actual crisis social que vive el país es producto de la rivalidad política entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo que está en manos de los dos partidos mayoritarios del país. El presidente Enrique Bolaños fue el candidato del Partido Liberal, pero una vez alcanzada la Presidencia de la República cortó relaciones con esta agrupación.

El ingeniero Enrique Bolaños pasó a ser un Presidente sin agrupación política de respaldo y estratégicamente se unió en alianza con la oposición encabezada por el Frente Sandinista, y éste, astutamente lo apoyó fortaleciendo sus confrontaciones con la bancada liberal.

La alianza Bolaños-Ortega empezó toda una campaña en contra de la corrupción de la cual es acusada la administración pasada (la del doctor Alemán) y llamaron a esta cruzada “la nueva era para Nicaragua”, la cual culminó con la encarcelación del ahora ex presidente y la fuga de sus más altos funcionarios. Sin embargo el Presidente, ingeniero Enrique Bolaños, pasó por alto la influencia que el partido Frente Sandinista ejerce sobre el Poder Judicial.

Durante la cruzada por sacar a luz la ruta de la corrupción, como se le denominó por parte del Poder Ejecutivo a los más de 200,000,000 de dólares que el gobierno del ahora reo Arnoldo Alemán había desfalcado a las arcas del Estado, se vislumbran operaciones tales como: megasalarios y salarios adicionales por debajo de la mesa, financiamiento de la campaña electoral liberal, gastos discrecionales en las entidades estatales que beneficiaron a sus allegados.

El pueblo nicaragüense vio con excelentes ojos la iniciativa del presidente Bolaños, quien anunció en conferencia de prensa su lucha frontal contra la corrupción, la austeridad con la que sería manejada la Administración Pública, el reordenamiento de las finanzas del país y el hacer realidad el lema de campaña “más empleos, sí se puede”.

Sin embargo al presidente Enrique Bolaños su actual condición política de alianza con la Convergencia Nacional lo limita a enfocar el enriquecimiento ilícito proveniente de las arcas del Estado a la administración inmediata anterior, a sabiendas que la lucha en contra de los corruptos debió abarcar hasta administraciones pasadas.

El presidente Enrique Bolaños nunca se despojó ni de la inmunidad ni de la pensión de ex vicepresidente, muy por el contrario, lo que en su momento anunció como actos deshonestos en la era de la corrupción, ahora, en la nueva era, se les daría toda legalidad, los sobresueldos por debajo de la mesa se sinceran y se indexan a la nómina de cada funcionario del gobierno, muchos de ellos parte de la administración pasada.

Las últimas administraciones gubernamentales han implantado en la ciudadanía el sentido de apatía política enmarcado en el pensar popular de que todo político en nuestro país no viene a ser una respuesta a las necesidades del pueblo; muy por el contrario, es quien viene a enriquecerse del erario y a contribuir en el atraso social que cada día nos consume.

El presidente Enrique Bolaños ha tenido la paciencia inerte de sentarse a ver cómo el partido Frente Sandinista, del que ahora difiere, interviene más en las decisiones de los poderes del Estado.

Problemas radicales se solucionan con acciones radicales, le manifestó el comandante Edén Pastora al presidente Enrique Bolaños, quien contestó con no alterar la institucionalidad ni la Constitución del país, mientras desde la Asamblea Nacional, Corte Suprema de Justicia y Poder Electoral los diputados y magistrados liberales y sandinistas ahora en un frente común manipulan y reforman a sus necesidades partidarias las instituciones de Gobierno, sin reparar siquiera un poco en el daño social que provocan al país.

El presidente Bolaños no intervino en los poderes del Estado cuando éstos ultrajaban la institucionalidad del país, no abrió juicios, ni investigaciones en contra de los diputados, magistrados y ministros señalados de enriquecimiento ilícito y actos deshonestos en perjuicio del Estado de Nicaragua, no obedeció a la población que en más de una ocasión le exigía estas medidas radicales pero necesarias dadas las circunstancias de las instituciones.

A poco más de un año de concluir este período presidencial la población puede juzgar lo acontecido en esta administración y cuestionar si la nueva era se quedó en intenciones de remangarse las mangas.

El autor es administrador de empresas.
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