MIéRCOLES 10 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 238097 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





Crónica de un sainete legislativo

Luis Felipe Palacios
politica@laprensa.com.ni

Unas 400 personas habían ingresado al hemiciclo parlamentario a “presenciar” la última sesión plenaria del primer semestre legislativo, en la que se tenía previsto discutir el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos —conocido como DR-Cafta.

Las barras de los pro Cafta y los anti Cafta cuadruplicaban fácilmente la cantidad de diputados propietarios de la Asamblea Nacional, que suman 91.

Las barras también superaban la cantidad de sillas instaladas en la parte de atrás del plenario, pese a que existe una normativa interna en el Legislativo que prohíbe invitar a más gente de la que quepa en las sillas.

En la parte de abajo dejaron a la barra brava sandinista, entre la que se encontraban el dirigente estudiantil Jásser Martínez, el sindicalista Luis Barboza y otros gremialistas del FSLN.

En el segundo piso, donde está ubicado el mezanine, la Policía decidió ubicar a los que apoyan el Cafta, entre ellos funcionarios de Gobierno, dirigentes empresariales, inversionistas nacionales y extranjeros, entre otros.

TRAS BAMBALINAS

Había incertidumbre y un ambiente pesado, sin embargo la función no iniciaba. Sólo 42 diputados estaban registrados en la pantalla eléctrica, la bancada sandinista y un par de la Azul y Blanco. Se requiere mayoría simple, es decir 47 diputados, para iniciar sesión.

El reloj, mandado a poner por la directiva parlamentaria para iniciar la sesión a la hora convocada (9:00 a.m.) marcaba las nueve y media de la mañana, cuando la bancada liberal pidió tiempo a la junta directiva para sostener una reunión privada. Se retiraron y la sesión no se abría por falta de quórum.

Mientras eso ocurría, unos sonrientes diputados sandinistas rodeaban en el plenario al presidente de la Asamblea Nacional, el también sandinista René Núñez, a quien su colega Alba Palacios le colocó un cintillo blanco alrededor de su cabeza con letras azules, con un “No al Cafta”.

INICIA LA FUNCIÓN

Una hora después, los liberales bajaron al plenario. Hubo gestos de discusión con los miembros de la junta directiva, lo que caldeó los ánimos de las barras pro Cafta y anti Cafta que seguían con detenimiento cada movimiento de los diputados.

Eran las 10 horas y 40 minutos de la mañana, cuando se abrió la sesión. Un silencio sepulcral se apoderó del parlamento, incluyendo a la ruidosa barra sandinista que estaba expectante por el desenlace.

Núñez rompió el silencio y anunció que a “última hora” la directiva no había alcanzado acuerdos sobre el “orden del día” a discutir en el plenario, y por lo tanto se cerraba la sesión, que había durado menos de quince minutos.

FALTA LO PEOR

Un ciudadano anti Cafta gritaba consignas desde un lugar asignado para los medios gráficos, y las barras bravas sandinistas habían desempolvado su vieja consigna de guerra: “El pueblo, unido, jamás será vencido”.

La Policía les orientó que abandonaran el hemiciclo, en tanto los anti Cafta coreaban consignas de los 80. Mientras el hemiciclo quedaba vacío, un policía suspiraba aliviado, pero advertía que todavía no se había cerrado el telón: “Cuando lo discutan de verdad (el DR-Cafta), vas a ver”, dijo.
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