MIéRCOLES 10 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 238097 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





Opinión económica
Alerta laboral por DR-Cafta

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Edwin Rocha

Hace pocos días, un grupo de trabajadores de la Zona Franca realizó una manifestación demandando a los diputados de la Asamblea Nacional la pronta ratificación del DR -Cafta. Pareciera como si este grupo de manifestantes, que ha vivido la experiencia de trabajo en las fábricas bajo el régimen de Zona Franca compartiera con el Gobierno de Nicaragua la seguridad de que la generación de empleos que proporciona el mencionado régimen y que proporcionará la avalancha de inversiones extranjeras que sólo esperan la ratificación del DR-Cafta para inundarnos, es el beneficio que está esperando la inmensa mayoría de desempleados que a diario transitan el país y el continente entero en busca de una oportunidad de trabajo para llevar el sustento a sus familias.

Siendo así, pareciera lógico que el pueblo entero, en su mayoría desempleado, se sumara a estas manifestaciones convirtiéndolas en multitudinarias demostraciones de respaldo, para lograr que nuestros diputados se dignen poner atención a las necesidades de las grandes mayorías y ratifiquen el tratado comercial que perpetuaría la existencia de las zonas francas, o mas bien, convertiría a Nicaragua en una inmensa Zona Franca.

¿Por qué esto no ocurre? Debe ser porque la mayoría de nicaragüenses desempleados ya probaron también los beneficios de un empleo en las fábricas de capital extranjero, que —en competencia desleal con los nacionales, dadas las exenciones de que gozan— se han adueñado del producto del esfuerzo de decenas de miles de trabajadores nicaragüenses sin dejarles a cambio más que lo mínimo para la reproducción diaria de sus energías, necesarias para la nueva jornada de producción. Asistimos impasibles a la reedición —enmascarada en la libertad de elección— de las peores formas de explotación que nos persiguen desde la colonia española.

Para muestra un botón: A mediados del 2004 inició operaciones Nicotex en el Valle de Sébaco, dedicada a la producción de prendas de vestir. Al momento de iniciar labores, un trabajador debe pasar por sus manos 200 prendas diarias, sobrepasar esta meta le da derecho a un sobresueldo por productividad, si no la cumple, debe trabajar el domingo para completar su meta, por el mismo salario de aproximadamente un mil doscientos córdobas mensuales (con cincuenta córdobas diarios debe pagar su pasaje, comprar su comida y... ¡no alcanza para mas!). La mayor desilusión llega cuando por fin logra cumplir la meta de producción, porque inmediatamente ésta crece, hasta tal punto que empleados con alto grado de especialización en una tarea, después de un año de realizarla diariamente, tienen una meta de producción de 400 piezas, que si logran alcanzarla, seguramente crecerá de nuevo, haciéndola inalcanzable. Organizar un sindicato es un suicidio laboral.

Dos trabajadores que llegaron en mayo pasado al Ministerio del Trabajo (sección de atención a sindicatos) a consultar la legalidad de estas medidas, recibieron la explicación de que eso dependía de las negociaciones empresa - sindicatos, pero al presentarse al día siguiente a sus labores ya les esperaba (¿inexplicablemente?) la carta de despido. ¿Son éstos los beneficios que esperan aquéllos que no tienen más que su fuerza de trabajo para vender al entrar en vigencia el DR-Cafta?

Dado que finalmente el tratado tendrá que entrar en vigencia (¿o tiene Nicaragua otra opción ante semejante socio?), los señores diputados deberían ponerse por fin a trabajar en la elaboración de un marco general de ley que regule los términos laborales de cara al DR-Cafta y que impida el establecimiento definitivo de una nueva forma de encomienda para nuestra vilipendiada mano de obra. De lo contrario, nuestro pobre país seguirá expulsando nicaragüenses, enriqueciendo a los minúsculos grupos que dominan los mecanismos de poder y acentuando la concentración de riquezas en manos del capital extranjero mientras la familia nicaragüense entera agoniza en la vergüenza de no ser lo que pudimos, con tanta maravilla que puso Dios en nuestra tierra.

El autor es licenciado en Ciencias Sociales.
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