Nicaragüense
Armando Lau Gutiérrez
El nicaragüense por naturaleza es jocoso y vivaz. Es capaz de hacer chistes y bromas de los desastres y penurias, como también del engranaje político, social y religioso. Está atado y condicionado a sus creencias religiosas y tradiciones. Es un excelente trabajador cuando está sometido a reglamentos bajo directrices ordenadas y responsables. Por ese comportamiento es apreciado y respetado en los países que ha buscado sobrevivencia y futuro. Y distingue por su franca entrega con los que le rodean socialmente.
El hermano país de Costa Rica goza de su valiosa cooperación en el campo técnico, comercial y mano de obra, por lo que ha contribuido a elevar las ventas al exterior.
En deportes el nicaragüense es un gran aficionado al beisbol y al boxeo. Cuando está de espectador en un juego de beisbol en el Estadio Nacional se jacta de saber de beisbol más que el manager de su equipo predilecto; murmura, se enoja y vocifera cuando el manager de su equipo hace una mala jugada o un cambio de pitcher en el momento no adecuado. Pero, aplaude y reconoce las buenas jugadas aunque sean del equipo contrario.
El nicaragüense es un pachanguero de primer orden, le atrae todo lo que huele a fiesta. Es por eso que cuando lo convidan a las concentraciones políticas de cualquier partido y le ofrecen gratis: transporte, comida, bebida, música y regalías, con este señuelo se lo llevan hasta el fin del mundo, pero cuando llegan las elecciones presidenciales ese día se convierte en un día de paz y reflexión, se forma en el ambiente un silencio sepulcral: no hay transporte, no hay comida, no hay bebida, no hay música ni regalías, por lo tanto no hay pachanga. Es un día de concentración, para reflexionar y discernir. El nicaragüense se da cuenta de que es un día sagrado para dedicárselo por entero a la Nación. Y que de su voto patriota dependerá el futuro de su familia y el futuro de Nicaragua.
Empresario

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