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La novela negra, a todo dar

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.El novelista Andreu Martín habla de la novela negra, de su importancia en la construcción de la identidad y analiza cómo se ha convertido en un género arrollador

Andreu Martín.

 

Pablo Gámez

Fue un encuentro con trama de ficción, como le hubiera gustado a Manuel Vázquez Montalbán, porque su renombrado personaje, el detective Pepe Carvalho, anduvo suelto junto a Petra Delicado, Kemal Kayankaya, Kostas Jaritos, Méndez, Fabio Montale, el gran Montalbano y el insuperable Gunnarstranda, el solitario que incluso le habla a su pez, recorriendo a conveniencia una Barcelona fría pero acogedora, la cual hizo de guarida para que los detectives y policías salieran de las páginas y se conocieran, finalmente, en persona.

Todos huidizos, algunos secretos: los más toscos, venidos del norte, se la pasaron entre cervezas y comiendo bocadillos. Los mediterráneos, ya sabrán, disfrutando de las delicias de los placeres que pecado algunos llaman, a conveniencia y bienestar.

Barcelona, entonces, como cita y lugar de encuentro de los mejores escritores europeos de la novela negra. Ahí estaban, entre otros, Petros Márkaris, Donna Leon, Felipa Melo, Kjell Ola Dahl, Lorenzo Silva, Antonio Lozano, Jacob Arjouni, Thierry Jonguet y Jean C. Grangé.

El motivo de la comunión: el I Encuentro Europeo de Novela Negra, donde llegaron los mejores representantes del género para desgajar, investigar y teorizar sobre la importancia de la novela negra en la construcción de la identidad europea, además de sentar y analizar las bases del género en el continente, el cual, a todas luces, es arrollador.

Se confirma, Pepe Carvahlo al frente, que el género negro es un espacio privilegiado para lanzar ideas y experimentos, para los testimonios más crudos y radicales.

Sus autores defienden que el género también tiene el efecto imparable de reflejar los abismales cambios sociales de la actualidad.

Señala el griego Petros Márkaris que lo que une a los escritores de novela negra del norte y del sur de Europa “es que hacemos novela social con una trama criminal”.

Y agrega K.O. Dahl: “Partimos de un punto de vista muy realista, escribimos pegados a lo que sucede en la sociedad”.

Nuevamente Márkaris: “La novela negra italiana, española o griega tiene un fuerte contenido político porque sus escritores han vivido dictaduras”.

Cruce de opiniones, tránsito detectivesco: que la aceptación de la novela negra es masiva y que en el horizonte se vislumbre una nueva generación de escritores con una fuerte renovación estilística y temática, es todo un hecho.

Andreu Martín, figura central del encuentro de Barcelona y considerado uno de los grandes clásicos españoles de la novela negra, habla de que “las características y estructuras de la novela negra impregnan otros géneros, como una semilla que ha fructificado y muchos usan sus rasgos sin declararlos de forma explícita”.

Martín nació en Barcelona en 1949. Ha desarrollado su trayectoria profesional en el campo de la literatura. Se inició como guionista de cómic, cine y televisión. En la actualidad es uno de los autores de novela negra y policíaca de mayor prestigio en España y Europa.

De entre su obra cabe destacar Prótesis (premio Círculo del Crimen 1980), El día menos pensado (premio Alfa 1986), Barcelona connection (premio Hammet 1989) y Bellísimas personas, galardonada con el premio de Novela Ateneo de Sevilla 2000.



Una de las principales conclusiones del I Encuentro de la Novela Negra celebrado en Barcelona es que cada nueva generación reinventa el llamado género negro. ¿Hacia dónde conduce la reinvención actual de este género?

Después de una época muy fructífera en Estados Unidos —en la que una generación de escritores norteamericanos fue vanguardia y produjo obras muy importantes— el género, en ese país, se ha esclerotizado un poco, lamentablemente cayendo en manos de los fabricantes de bestsellers. Ahora quien tiene la palabra, me parece, es Europa. El género negro está resurgiendo con un ímpetu muy notable: una de las pruebas está en el encuentro celebrado en Barcelona. Ahí se contó con la presencia de autores tan dispares como el griego Petros Márkaris, la norteamericana Donna Leon —quien vive y novela en Venecia— o Paco González, y esta diversidad de autores nos da la señal de que la novela negra goza de gran salud y que tiene una tendencia muy clara al auge en Europa.



¿Entonces la diversidad y la riqueza de las tendencias de la novela negra en Europa constituyen la gran diferencia con respecto de la situación actual de la novela negra de Estados Unidos?

Sí. Cabe decir que se trata de una riqueza que viene dada por los caracteres tan diferentes de los países en Europa, incluso, marcando la diferencia que descubrimos entre los países del norte y los mediterráneos, lo cual ya supone la presencia de perfiles muy diferenciados. El problema de Estados Unidos es que cuando un autor destaca, da la impresión de que cae en manos de los mercantiles de las editoriales. Y estos mercantiles tratan de encasillar la obra, de encajarla en un esquema fijo, exigiéndole al autor que escriba aquello que le piden los lectores, no lo que a él le venga en gana, algo que sucede sistemáticamente en Norteamérica.



¿Quiere usted decir que el escritor europeo está mejor vacunado contra las tentaciones mercantilistas del bestseller?

Por el momento. Sin embargo, el concepto de bestseller está a punto de atraparnos, porque las editoriales europeas, desgraciadamente, se están mirando demasiado en el espejo de las norteamericanas. La frágil inmunidad que tenemos viene dada por la diferencia de nuestro público, por el perfil de los escritores europeos y porque todavía no hemos sido invadidos por la tendencia vendedora neoliberal que ya predomina en Estados Unidos. En definitiva, esto último es un elemento que no nos condiciona tanto como sucede con los escritores norteamericanos: el escritor europeo aún trabaja con una libertad refrescante y sana.



Al principio hablamos que la nueva generación de escritores está reinventando el género de la novela negra. ¿Reinvención, en este caso, puede leerse también como Renacimiento del género en Europa?

En parte. La novela negra está renaciendo continuamente. Me gusta valerme de la metáfora de un partido de tenis para explicar el duelo que hay entre Europa y Norteamérica. Si la novela negra la inventó un norteamericano del Norte más Norte llamado Edgar Allan Poe, con Crímenes de la calle Morgue, el tipo de personaje y juego interactivo que él ideó con el lector es luego retomado por Conan Doyle con su Sherlock Holmes, creando un fenómeno cultural tremendo. Antes de que esto sucediera, Dickens y Balzac habían jugado lo suficiente con el género. La arrolladora fuerza creativa europea fue posteriormente retomada por Estados Unidos, específicamente por Dashiell Hammet y Raymond Chandler, quienes le dieron una nueva vuelta de tuerca al género, convirtiendo lo que era un pasatiempo de periódico dominical en algo de profundo análisis social. Eso que hicieron estuvo al borde de ser baldío, porque en Estados Unidos se les consideraban escritores menores. Fueron los franceses quienes les dieron carta de intelectuales.

Nos encontramos en un momento en que los norteamericanos han conseguido unir el análisis social con el espíritu de juego antiguo, aquel al que habían renunciado en la época de los pioneros de la novela negra. Pero es ahora el turno de Europa. Nos corresponde reinventar el género, sabiendo que una nueva generación de norteamericanos pronto despertará para exigir que la pelota pase a su tejado.



¿En esta reinvención europea, puede entenderse al género negro como el bisturí para desentrañar una Europa cada vez más compleja?

Creo que siempre lo ha sido. La novela negra, en el fondo, siempre ha querido saber cómo la sociedad produce monstruos. Por lo tanto, siempre ha querido profundizar en el análisis de la sociedad. Cada vez más nos hemos ido dando cuenta de que es imposible hablar impunemente sobre el crimen, la justicia o la Policía.



¿Puede tenerse a la novela negra como la nueva novela social del siglo XXI?

La afirmación es acertada, pero me resisto a atribuirle exclusividades a la novela negra.



¿Por qué?

No creo que sea un género que tenga que competir con todos los otros géneros y formas de escribir que existen. En realidad, la novela negra evoluciona de una forma experimental, porque toda novela negra es un experimento en sí mismo, pero evoluciona en paralelo a otros géneros literarios. Es verdad que la buena novela negra es un fino análisis social, sin duda. Desde que Hammet y Chandler lo descubrieron, no se puede escribir una buena novela negra sin hacer un profundo análisis social. Pero resulta que hay otros géneros que sirven para entender la sociedad, desde puntos que no incluyen necesariamente el crimen ni la justicia.



¿Qué clase de unidad existe en la novela negra del arco mediterráneo?

Entre risas, Petros Márkaris atribuye la unidad a la comida. En el arco mediterráneo, dice, todos saben comer muy bien. Y eso que parece una frivolidad es un hecho sustantivo. Vásquez Montalbán nos ponía recetas, hasta Jean Claude Tisso menciona en sus libros los lugares de Marsella donde se puede comer. De alguna forma es lo que Manuel Vázquez Montalbán llamaba la madre nutricia. Esta “frivolidad” instaura una buena manera de saber vivir, y de una cierta benevolencia o sonrisa plácida a la hora de mirar las animaladas horrorosas que describimos. En la Europa del Norte los escritores son más dramáticos y se lo toman más en serio. Los norteamericanos son más vengativos. Pero mezclas de conceptos elevados como la búsqueda de la verdad, un sentimiento de justicia ecuánime, una madre nutricia dominándolo todo, y una sonrisa relajada mirando los asesinatos más cruentos, son las características que bien definen una novela negra mediterránea, añadiéndole una crítica de la sociedad en que vivimos. Yo definiría a los escritores del norte como más fríos y distantes, pero es algo que tiene que ver con el estilo, y no con el alma.  
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