VIERNES 29 DE ABRIL DEL 2005 / EDICION No. 23794 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Los mejores tiempos

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Richard W. Rahn
AIPE

WASHINGTON.— ¿Qué cree usted, que las cosas están mejorando o empeorando alrededor del mundo? La contestación correcta es que están realmente mejorando.

No importa cuál medida se utilice —crecimiento económico, expectativa de vida, mortalidad infantil, democracia, libertad económica, alfabetización, tasas de impuestos y de crímenes, etc.—, la situación mejora para más gente en más sitios y, en realidad, nunca había sido mejor.

Siempre hay pesimistas y siempre hay razones para ser pesimista. Además, las malas noticias venden más periódicos que las buenas. Pero el mismo hecho que se cubren tan extensamente las tragedias individuales, como el caso de Scott Peterson, Michael Jackson, Terry Schiavo y las noticias frívolas, como el nuevo matrimonio del príncipe Carlos, es indicativo que hay menos malas noticias como huelgas, hambrunas, desempleo y muertes masivas.

Quizás la más ignorada buena noticia es el mayor crecimiento económico mundial de los últimos años que ha logrado reducir la pobreza. Los 25 países en desarrollo más grandes, que tienen más o menos la mitad de la población mundial, crecieron un promedio de seis por ciento el año pasado. Las dos naciones más pobladas, China y la India, que entre las dos tienen una tercera parte de la población mundial, han estado creciendo desde que comenzaron a darle la espalda al socialismo. China está creciendo a la increíble tasa de nueve por ciento, lo que quiere decir que su PIB se dobla cada ocho años.

Con el actual crecimiento económico mundial, más de la mitad de la población del mundo tendrá un nivel de vida comparable con la clase media de EE.UU. para la segunda mitad del siglo. Por primera vez en la historia de la humanidad es difícil conseguir un país que no esté creciendo. Hasta al África le va mejor, con precios más altos de las materias primas y mejores políticas públicas.

La economía más grande del mundo, EE.UU., ha crecido más que nunca en las últimas tres décadas. Desde la revolución económica de Reagan, el crecimiento económico de EE.UU. ha sido frenado sólo por dos cortas y poco profundas recesiones, en 1990 y 2001. Entre las principales economías, sólo les va mal a Japón, Alemania y Francia, debido a exagerados impuestos, exagerado gasto estatal y exageradas regulaciones; todo eso se puede corregir.

Hace 30 años, los pesimistas nos auguraban que millones de personas pasarían hambre como resultado del incremento de la población y la caída de la producción agrícola. Sucedió lo contrario: el crecimiento poblacional disminuyó en casi todas partes y hay más producción que consumo de alimentos. En los únicos sitios donde la gente pasa hambre se debe a la incompetencia y la corrupción de infames gobernantes.

En el último medio siglo, la expectativa de vida ha aumentado de 46 a 75 años. En los países más desarrollados las mujeres viven un promedio de 80 años. En el mismo período, la mortalidad infantil se ha reducido de 156 muertes por cada mil nacimientos a 57. El alfabetismo aumenta en todas partes. La Internet y la tecnología de los teléfonos celulares hacen accesible la información y el conocimiento acumulado de la humanidad a la mayor parte de la gente alrededor del mundo.

Según Freedom House, el número de naciones libres ha aumentado de 44 (29 por ciento) en 1973 a 88 (46 por ciento) en 2003 y el número de naciones no-libres se ha reducido de 65 (43 por ciento) en 1973 a 49 (25 por ciento) en 2003. Las naciones parcialmente libres siguen representando 29 por ciento. Desde 2003, Afganistán e Irak se han vuelto libres y democráticos. El porcentaje de países democráticos ha aumentado de 40 por ciento en 1988 a más de 60 por ciento hoy.

Sí, seguimos confrontando muchos peligros —terrorismo, nuevas enfermedades y el crecimiento de la burocracia internacional que quiere imponernos impuestos y regulaciones que nos retrocederían a los niveles de pobreza ya superados—, pero los retos actuales son menores comparados al riesgo de una guerra nuclear que podía desatar la vieja Unión Soviética. Hoy sabemos que tenemos que llevar paz y prosperidad a todos los rincones del mundo, apoyando a regímenes democráticos que protegen la propiedad privada y la libertad individual, fomentando el libre mercado y reduciendo los impuestos, el gasto estatal y las regulaciones.

Estamos más cerca que nunca de ese ideal mundial. Se puede lograr en el próximo medio siglo, siempre y cuando aquéllos que saben lo que hay que hacer dediquen sus esfuerzos y recursos para lograrlo.

El autor es Académico de Discovery Institute y académico asociado de Cato Institute.

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