DOMINGO 17 DE ABRIL DEL 2005 / EDICION No. 23782 / ACTUALIZADA 1:13 am





EL HUMOR DE




La piedra de la Iglesia de Jesús

Anselmo J. Roblero*

“Tu eres el Cristo el Hijo del Dios viviente”
Mateo 16:16

La respuesta del Señor Jesús: “Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella”
Mateo 16:18 )


Obviamente que Jesús promete edificar su Iglesia sobre la verdad de Pedro, la cual es que “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús le llama a su discípulo “Pedro”, que en griego es “Petros”, es decir, piedra pequeña, o una piedrecita, y continúa diciendo: “sobre esta roca (significa una “roca enorme”), edificaré mi Iglesia, es decir que Él, Jesús, edificaría su iglesia sobre la sólida confesión de Pedro.

Nótese que la roca es el Señor Jesucristo, el primer y gran fundamento de la Iglesia, como lo dice el apóstol Pablo en primera de Corintios 3:11 “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. El mismo Apóstol Pedro afirma en su primera carta (2:4): “Acercándonos a él piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, y más adelante (2:6): “He aquí pongo en Sion “la principal piedra del ángulo, escogida y preciosa”; y el que creyere en él no será avergonzado. El Apóstol Pablo agrega en Efesios 2:20-21 diciendo: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo; en quien (en Jesús), todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. La Iglesia sólo puede ser verdadera si está fundada en la revelación infalible e inspirada de Cristo a los primeros apóstoles. De tal modo que Pedro y los demás creyentes son la piedra viva, así como todos los creyentes del Nuevo Testamento que hayan reconocido a Jesús como el único que salva y que sólo Él nos lleva al Padre, y si tales cristianos practican la doctrina del Evangelio puro de Jesús.

En ninguna parte de las Escrituras se afirma que el Apóstol Pedro sería la autoridad suprema sobre todos los demás discípulos. Recuérdese que Pedro siguió de largo a Jesús y después lo negó tres veces. En Gálatas (2:12, 13 y 14), se nota la inseguridad de Pedro como Apóstol. Jesús no podía edificar su Iglesia en un hombre que cometió muchos errores.

Tampoco se afirma que Pedro tendría sucesores infalibles que representarían a Cristo y que funcionarían como cabeza oficial de la Iglesia. Los cristianos evangélicos hemos creído siempre que el único que representa a Cristo en la Tierra es el Espíritu Santo, él es quien vela y defiende a todos los cristianos nuevos testamentarios que han sido lavados en la sangre del cordero.

En Juan (14:16) se dice: y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre. El Espíritu Santo es “alguien llamado para ayudar, es consolador, fortalecedor, consejero, ayudador, para toda la Iglesia o cristianos del mundo. Este representante de Cristo nunca muere. No puede ser entonces representante de Cristo una persona humana que está totalmente limitada en sus facultades, el cual necesita de ayuda para sobrevivir, y que al final muere, y que además, necesita de Jesús para que le salve. En este caso, diríamos que todos los predicadores del Evangelio a través de la historia, también han sido representantes de Jesús ante un universo de personas, pero no al nivel que le han acreditado al Papa la Iglesia Romana. Esto podemos considerarlo como una doctrina o un dogma, lo cual es antibíblico.

Veneración. No es lo mismo una demostración de admiración y demostración de un reconocimiento humano por alguien lleno de vocación y dones espirituales, que ha dado parte de su vida al servicio de muchos, y es obvio, que desde el punto de vista de la historia y significado del papado, todos estos personajes han tratado de hacer su trabajo, según las doctrinas de la Iglesia Romana, y como es de suponerse, que muchos le toman cariño y admiración a cada nuevo Papa (y el Papa Juan Pablo II es uno de ellos), sólo que gran parte de tales demostraciones han tenido características de veneración, y si así fuese, sería algo muy delicado, porque venerar y adorar con gestos y palabras únicamente a Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.

Quiero hacer mención de los siguientes hechos bíblicos que manifiestan que adorar y/o venerar no se le debe rendir a nadie, sino sólo al Señor: En Hechos, capítulo 10, se conoce que Cornelio, un centurión piadoso, salió corriendo a recibir a Pedro, postrándose delante de él, pero Pedro le levantó y le dijo “levántate pues yo mismo también soy hombre (Hechos 10:25 y 26). En Apocalipsis (22: 8 y 9), el apóstol Juan se postró para adorar a los pies del ángel que le mostraba las visiones finales, pero éste le dijo: “Mira, no lo hagas: pues yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas… Dios enterró a Moisés en el Valle de la tierra de Moab”. Según el pasaje bíblico, nadie supo donde fue enterrado (véase Deuteronomio 34: 6 y 7) Es de suponerse que el pueblo de Israel tenía a Moisés como un semi-Dios, y el Señor, conociendo las tendencias del pueblo, prefirió que nadie se diera cuenta porque posiblemente pudieron haberlo desenterrado para adorarlo.

Y las puertas…. Mateo 16:18 expresa: “y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Las puertas del Hades representan a Satanás y toda maldad del mundo que se esfuerza por destruir a la Iglesia de Jesucristo. Este pasaje no significa que ningún creyente, iglesia o denominación serían infalibles para no caer nunca, pues Jesús mismo dijo que muchos se apartarían de la fe, del Nuevo Testamento, que se vuelvan de su pecado o quedarán fuera de su reino (Apoc. 2:5, 12-29 y 3:1-6 y 14-16), Jesucristo quiere decir, que la Iglesia no será destruida aunque Satanás haga hasta lo imposible, la apostasía ocurre entre los creyentes, las iglesias se vuelvan tibias y los falsos maestros se infiltran en el reino de Dios. Pero por la gracia de Dios y su poder sobre los demonios, tendrá siempre un pueblo cristiano “remanente” a través de la historia, que permanecerá fiel al Señor Jesús, a su Evangelio original y doctrinas de los apóstoles.

* El autor es cristiano bautista, estudioso de la Teología
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