DOMINGO 17 DE ABRIL DEL 2005 / EDICION No. 23782 / ACTUALIZADA 1:13 am





EL HUMOR DE




Cosas veredes Sancho amigo
El barrio Cristo del Rosario y las memorias de “Fonguito”

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. “Por mis eternos anteojos gruesos, ‘Petaca’ Rodríguez me decía ‘Culo de Botella’. Pero Enrique Vanegas y Luis Medal señalaron que eso era muy vulgar que mejor era ‘Fondo de Botella’, y como es chiquito, digámosle ‘Fondito de Botella’. Ese mote cambió cuando el ‘Fat’ García, a quien yo le decía ‘Groguito’ por decirle ‘Gordito’, en respuesta me llamaba ‘Fonguito’ en lugar de ‘Fondito’. Así me quedé para sécula, pero ahora que ya estoy viejo me dicen ‘Fongo’, nada más”

Ramiro Arnoldo Solórzano V., “Fonguito”, con su esposa, doña Zenovia Ruiz.

 

Mario Fulvio Espinosa

Del cerebro privilegiado de Ramiro Arnoldo Solórzano Villalta brota un prodigioso torrente de recuerdos difícil de contener, y más cuando esas lejanías se encaminan hacia la vieja Managua, la ciudad de sus sueños juveniles, donde enamoraba chavalas, jugó beisbol con pelota de trapo e inició una alegre bohemia que nunca le fue ingrata y más bien le ayudó a valorar la dicha de vivir.

Nació esta megamemoria el 18 de abril de 1932 y recuerda que sus padres le iban a bautizar con el nombre de Domingo Arnoldo, pero una vecina metiche le dijo a doña Leoncia Villalta, su madre: “Cómo le vas a poner al niño el nombre de cada ocho días, mejor llamálo Ramiro”. “No sé qué influencia tendría la tal doña sobre mi madre, la verdad es que me encajó el Ramiro y dejó el Domingo para mi hermano menor”, explica muy serio “Fonguito”.

Estamos sentados en el porche de su vieja y derruida vivienda del barrio Cristo del Rosario, la casa vecina, deshabitada, es otro dechado de abandono y agonía, entre las grietas de sus gruesas paredes crecen lianas y arbustos menores, en tanto la fachada apenas si se mantiene en pie gracias a algunos postes que hacen de “pie de amigo”.

“Estas dos casas eran de nosotros. Esa pared la hizo don Humberto Canales, un albañil de El Viejo, para levantarla me hizo comprar atados de dulce negro, derretía los atados y a la mezcla le echaba la miel dulce, con eso pegó los bloques de adobe”, explica “Fonguito”.

“Esa casa era de mi hermana que por razones muy personales no la quiso botar, yo derribé la mía y volví a construir. Pero la casa en ruinas de mi hermana Isabel —que ya murió— está ahí, parece la muestra de otros tiempos familiares que merecen respeto”.



LAS JUDEAS DE CRISTO DEL ROSARIO

“Mi padre se llamaba Domingo José Solórzano Uriarte, mi madre Leoncia del Carmen Villalta Solórzano, éramos cuatro hermanos. Primero murió Domingo, lo asesinaron; después falleció Isabel, que era la mayor; por último nos dejó Jorge, que era médico y vivió 72 años.

“Yo nací del Cine Colón media cuadra abajo, en el barrio Santo Domingo, pero nos venimos a Cristo del Rosario en 1936, cuando yo tenía cuatro años. Éste es mi querido barrio, donde tuve mis primeros amigos que fueron Gustavo Obando, Henry Cisne Blanco, los Arancibia, los Vallecillo, los Largaespada, los Cardoza, que les decían ‘Gallina’; ellos ya vivían aquí junto con una hermana de mi abuelo, la tía Francisca de Solórzano, y un hijo de ella Justo Pastor Solórzano.

“Managua, en ese tiempo, llegaba hasta Santa Ana, de ahí seguía un montarascal. Frente a la Iglesia estaba La Favorita, ahí había una empresa de coches y los mismos cocheros ensayaban en ese lugar su Judea”.



—¿Dónde presentaban la Judea?

En la misma Favorita, en una casona grande de los Porras. Yo fui en varias ocasiones con mi madre, a ella le encantaba eso. Un hermano de ella, que en paz descanse, Emilio Francisco, hacía el papel de Pilatos; todo eso era alegre y el Viernes Santo los cocheros vestidos de soldados romanos cabalgaban en sus jamelgos muy orondos por las calles del barrio.

Todos los días de la Semana Santa salían procesiones. De aquí salía La Burrita con Jesús que entraba a la Catedral, durante la noche del Lunes Santos se verificaba la vela de San Benito, que era alegre porque la mayordoma era doña Tirsa Saavedra, que era panadera y hacía tallarines muy sabrosos. También acostumbraba doña Tirsa poner en una caja un bollo de pan grande y veinte córdobas que se colocaban como premio al final del “palo lucio”.



"CHANÓN" Y EL "CHANGO DE TRES PELOS"

“Casi nadie alcanzaba ese premio porque un bandolero sacristán, a quien mi hermano mayor le encajó “Chango de tres pelos”, porque sólo tenía tres pelos en la barba, siempre hacía un truco para quedarse con la caja.

“Pero nosotros teníamos una pandilla, no como las de ahora que se agarran a machetazos y balazos, sino de chavalos alegres, traviesos, pero nobles. Entre ellos estaba un cipote al que le decíamos ‘Chanón’, era de apellido Pérez. ‘Chanón’ se propuso domar el palo lucio, se quitó el pantalón y la camisa, se embarró de lodo barriga, piernas y brazos y comenzó a trepar. Pero el ’Chango’ lo mira y cuando ya ‘Chanón’ está por agarrar la caja, comienza a sacudir el palo, pero nosotros lo agarramos a tiradorazos y lo hicimos salir en carrera. Regresó con un machete, pero ya nosotros estábamos bajo un gran palo de tamarindo comiéndonos el pan y repartiéndonos los veinte pesos.

“Pero no quedó ahí el asunto. El ‘Chango’ se fue donde el padre Andino y le dice: ‘Padre Andino, fíjese que los Solórzano y los Villalta me agarraron a tiradorazos y mire cómo me dejaron’. El padre Andino disgustado nos llamó la atención, entonces le contamos que el ‘Chango’ por nada bota a ‘Chanón’ al estarle moviendo el palo. El padre regañó al ‘Chango’. ‘Si es que sos un muerto de hambre —le dijo— esas cosas son para los muchachos y no para vos”, y el sacristán sólo nos retorcía los ojos”.



— ¿Cómo era tu vida en este alejado barrio?

El juego donde éramos más arrechos era el trompo. Todas las manchas eran una odisea, las manchas daban la vuelta a la manzana, jugábamos a tres machetazos. El que perdía agarraba su trompo y vendaba al cliente ganador que así le volaba machete al juguete. Una vez caigo en la rueda y me llevan como a Cristo. Ya todos le han dado machetazos a mi trompo, pero Gustavo Obando, al que yo le caía mal, se quita la venda, le tira el machetazo y le arranca una gran chonela a mi trompo, se le miraba el odio al jodido.

Pero... ¡Ay mamita! Pronto cae el negro Obando a la rueda, su trompo era de guayacán blanco y negro, cae y “ban gam, ban gam”, yo le daba los “miados” con una saña tremenda. En cuanto lo metemos a la rueda le agarro el trompo y sin vendarme ni nada lo pongo, agarro el machete y le hago ¡cuas! y se lo destapo. El negro arrecho me quería pegar pero prefirió amenazarme: “Ahora vas a ver, hoy le digo a don Domingo”, y va con el cuento ante mi papá: “Fíjese don Domingo que Ramiro así y asá”. “Por qué sos tan malo vos chavaló”, me dice mi viejo. “Es que él se levantó la venda y le pegó un machetazo al mío, mire como me lo arruinó, ahora me tiene que dar un peso usted para comprar otro”. “Que otro peso te voy a dar, entrá que te voy a apalear”, me dijo. Pero no me hizo nada sólo me dio consejos.



LA BELLA MALVA LEDA BLEN

—¿Qué más jugaban los muchachos de este barrio?

Bueno jugábamos hand ball en la calle, muchas veces en la oscuridad porque no había luz. El primero que la puso fue don Alberto Largaespada que era dueño de la casa que está allá y como trabajaba en la Luz y Fuerza solicitó un poste y una lámpara que todavía está ahí. Pero teníamos un problema, mi papá decía que después de las nueve de la noche no podíamos andar en la calle. A las nueve nos pegaba un silbido, tras ese silbido venía otro, cuando ya pegaba el tercero nos estaba esperando en la puerta con el azote.



—¿En cuanto a las chavalas del barrio a quiénes recuerda?

Hombre, a las gemelitas Gaitán, a la Malva Leda Blen que fue el amor de mi vida. Me gustaba pero nunca me hizo caso. Tenía una prima muy bonita también, la Thelma Gámez que ya murió, y la Argentina Ortega. Yo no era muy zángano.



—¿Y los tragos, te echabas tus tragos?

¡Cómo vas a creer que no! La primer picada me la pegué a los 13 años con una amiguita, la Panchita Gómez. Ese día mi mamá hizo un guaro de miel de mamón para las mujeres, a las mujeres no les gustaba, entonces nosotros nos pusimos hasta el virote junto con los primos, el negro Obando y Chicho Solórzano.



ENTRE CANTINAS Y ESTANCOS

—¿Cuáles eran los nombres de todas las cantinas de este sector?

De la esquina media cuadra para arriba estaba A ti te Toca, de don Gabriel Cardoza, para arriba estaba El Buen Manojo, que nunca visité; ya más para allá estaba Claro de Luna, de Roque Bejarano, después se llegaba a Luz y Sombra, más allá Rayito de Luna, de Toño Rayo, que quedaba de la Primera Sección de Policía una cuadra arriba. Al atravesar la calle había otra cantina que se llamaba Vamos a Tepa, la verdad es que no eran cantinas sino estancos donde no te servían el guaro en una mesa, sino sobre el mostrador. En la esquina había otra cantina de un señor llamado Alfredo Sánchez que no tenía nombre, más para allá hubo otra que se llamaba El Corsario Rojo y Las Jagüitas, que antes de ser billar era también estanco.



—También este barrio tenía famosos salones de baile...

Ah, no, eso era allá donde “Cuchara”. Ahí entraba cualquiera, las mujeres ganaban su porcentaje por cada pieza que bailaban, se pagaba un chelín por pieza. En cuanto entrabas pagabas, vos ponías el chelín y te daban un papelito, un hombre pasaba entre las parejas recogiendo el papelito. Yo fui unas dos veces con el amigo Manuel López.

Después, donde eran Los Balcanes se instaló el Club Social Juventud Obrera. A Los Balcanes sólo llegaban prostitutas y chivos, pero ya como club se depuró el ambiente y hasta llegó a tocar el Shampoo Musical, de Guillermo Domínguez. Recuerdo que una vez íbamos a elegir una reina, como yo era de la directiva hice un artículo alabando a la escogida, se lo doy al presidente para que lo lea, pero éste se puso perdido en guaro y no pudo hablar, se lo doy al vicepresidente Sergio Obregón, pero también estaba hasta el tronco. Me vi en el penoso caso de leer yo mismo lo que había escrito. Al terminar, don Luis Miranda me dice: “Ve Ramiro, tenés buena voz para locutor, te voy a pagar diez pesos por noche como animador”. Ahí me hice locutor, después ya vino lo de perifonear en el estadio.



—Pero nunca hiciste fortuna. ¿Cómo te trató en lo económico ese quehacer?

Bueno, mi fortuna es que tengo una hija que es licenciada, tengo otra que es médico y cirujano, tengo a la Andrea que es periodista y ésta, que es zootecnista. También tengo esta casa y nada más. Y la otra fortuna es que hijos sólo con mi esposa, nada más.



LOS "VENADITOS" MANSOS

“Antes de casarme tenía un negocio en el mercado. Después ya casado trabajé en una empresa de buses. Luego compré un carrito, le puse parlantes y hacía publicidad en las calles. En ese tiempo habían siete campos en el Gadala María y la Liga Monseñor Lezcano, que contaba con catorce equipos, jugaba allí. Yo conseguía propaganda y también me caían otros venaditos”.



"OREJA DE BURRO" SALVA HONOR

“Era en el estadio un juego nocturno. Es la noche de un domingo, pero llego con mis buenos cañonazos. Voy a poner el Himno Nacional, pero como estoy hasta el cerco no lo puedo poner. De pronto entre las graderías sale una trompeta ‘Prang, prong, papa papa pa’, tocando el Himno Nacional, al concluir oigo una voz: ‘¡Te la dejé en la mano Culo de Botella!’, era Rafael Gastón Pérez. Gracias ‘Oreja de Burro’, le contesté a gritos”.
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