Martha Lacayo: “Hay magistrados y jueces honestos”
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Sus ojos enrojecen y las lágrimas mojan su traje blanco cuando intenta hablar del desprestigio, la corrupción y la perversa imagen del Poder Judicial, para el cual ha trabajado casi la mitad de su vida, 26 años. Martha Lorena Lacayo Saballos defiende la “otra cara” de la justicia |
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Martha Lacayo, magistrada del Tribunal de Apelaciones de Managua
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Mirna Velásquez Sevilla
Martha Lorena Lacayo Saballos empezó su carrera dentro del Poder Judicial cuando en Nicaragua nadie pretendía el cargo de juez. No había vehículos asignados, mucho menos chofer. Un salario de 30 dólares mensuales y andar en bus cada día no era nada atractivo. Pero para ella lo fue y en 1979, tras el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, empezó su carrera judicial.
Administra justicia desde la Sala Penal Uno del Tribunal de Apelaciones de Managua y lleva una carrera de 36 años de experiencia. En esta Sala se han “cocinado” los fallos más inadmisibles que han favorecido a ex funcionarios acusados de corrupción. Sus votos, sin embargo, han sido razonados en contra de la opinión de los dos magistrados sandinistas que conforman la Sala. La más reciente de las sentencias libró de una vez a Byron Jerez Solís, ex director de Ingresos, procesado por fraude al Estado y otros delitos. Las pruebas fueron obviadas con el disentimiento de Lacayo.
¿Cómo llegó al Poder Judicial?
Yo me inicio en el Poder Judicial por el llamado que me hiciera el doctor Aquiles Centeno Pérez, a raíz del triunfo de la Revolución Popular Sandinista. He tenido mucha amistad con la doctora Yadira Centeno (ex presidenta de la Corte Suprema de Justicia) y como ella no podía estar en la judicatura porque su papá era magistrado, entonces él llamó a gente conocida. Comencé en agosto de 1979 a laborar y estuve trabajando en Managua, en el Juzgado Tercero de Distrito del Crimen. Posteriormente me dijeron que había una plaza para irme de magistrada a la Corte de Apelaciones de Masaya, entonces me trasladé y estuve viajando por espacio de ocho años y después se transformó en Tribunal de Apelaciones. Ahí continué hasta que llegué a Managua, en el 86.
¿Cómo ha sido su experiencia?
Ya tengo casi 26 años de haber ingresado al trabajo judicial y ha sido agradable, muy satisfactorio, me ha llenado mucho, me ha regocijado. En el tiempo que nosotros ingresamos al Poder Judicial y mucho tiempo después, nadie quería ser juez en este país. Los salarios eran muy bajos, pero en la medida del tiempo hemos venido consolidando un poco el asunto del salario, entonces aquí estamos. Me parece que he hecho mi carrera en el sentido de la palabra, que conozco de las peripecias que se lleva en el litigio de los Juzgados. Me siento realizada como profesional.
— ¿Cuántas horas al día le dedica al Poder Judicial?
Vengo al trabajo a las nueve de la mañana, no llego a las ocho, soy honesta. Lo que pasa es que también voy a hacer mi gimnasia, forma parte de la terapia y la salud, creo yo. Me voy a las cinco de la tarde.
— ¿Han habido momentos tensos en la familia, producto de su trabajo?
Ahora mis hijos están grandes y son profesionales y generalmente busco cómo no meterlos, porque a veces ellos pueden tomar resentimiento o cualquier cosa. La que me aguanta es mi secretaria. Generalmente somos como muy respetuosos de los espacios.
— ¿Cuántos años tiene?
Voy a cumplir 60.
— ¿Eso significa que el próximo año se jubila?
Fijate que sí, ya tendría derecho a la jubilación. He trabajado mucho. A lo mejor alguien está esperando que me vaya, para cambiarme y poner sus fichas o lo que sea. A mí se me vence mi período de magistrada en julio del 2006.
— ¿Va a extrañar el Poder Judicial?
¡Cómo no! Forma parte de toda una vida, pero uno tiene que estar claro de que tiene que ir saliendo y buscando otras cosas. Yo tengo trabajos, una maestría que estoy concluyendo, una monografía que en ratitos voy dedicándole un poco de tiempo y, una recopilación de leyes que estoy haciendo con mi papá.
— ¿Qué piensa hacer una vez esté fuera del Poder Judicial? Se ve que todavía es una mujer entera?
Hay muchísimo que hacer, es decir a dedicarle tiempo a lo que ahorita no dedico: a mi casa, a la lectura, a cantidades de cosas.
— ¿Cómo era el Poder Judicial de hace 25 años, cuando usted empezó, en relación al Poder Judicial de hoy?
La diferencia es que antes teníamos un Poder Judicial más pequeño. Había mayor interacción, la Corte ha crecido muchísimo, y te sentías más cerca, es decir todo estaba más cerca. Es bonito recordar los momentos donde había aquella camaradería.
— ¿Piensa que se han perdido valores en el Poder Judicial de hoy?
Yo digo que sí se han perdido, en términos generales la sociedad nicaragüense ha perdido muchos valores que yo creo hay que ir retomando, porque es a través de estos principios y valores que podemos fortalecer la sociedad, la familia y el Estado.
— ¿Cree que el Poder Judicial es corrupto?
Con la voz entrecortada) A mí me duele muchísimo mirar esas manifestaciones de la corrupción (toma agua y le salen lágrimas) y creo que ni todo es blanco blanco ni todo es negro negro. Considero que hay mucha gente que tiene principios, valores, hay fortalezas y entonces yo creo que ahí debe haber un esfuerzo, recapitular un poco sobre las fortalezas, es decir no ver las debilidades sino fortalecer.
— Pero, ¿hay corrupción o no?
Habría que ver qué es lo que se entiende por corrupción. Para que haya corrupción tiene que haber dos personas. Yo no me atrevo a decir que hay tanta... No es tan así la cosa como la están pintando...
— Pero, ¿no piensa que hay algunos miembros que forman o formaron parte de este Poder y que afectan su imagen?
Pues... (pausa) sí, como en todo pues, es decir en todo Poder, en todo Estado, hay personas que hacen daño, dañan la imagen.
— Sabemos que hay jueces y magistrados deshonestos. ¿Los hay honestos?
Hay magistrados y hay jueces honestos, claro que sí. A veces de 100 cosas se hacen 99 buenas y una mala, y la mala es la que se ve, la que se valora y por la que te pueden pasar la cuenta. Creo que hay que luchar porque si hay una cosa mala hay que buscar cómo corregir para que no corrompa a las otras. Y hay que luchar, hay que seguir en la lucha, la lucha es de diario. La gente se queja de que está mala la administración de justicia, pero también la gente no tiene la entereza y el valor de venir a denunciar las cosas cuando son, con nombre y apellido.
— ¿Alguna vez sus fallos han estado influenciados por orientaciones políticas?
Fijate que aquí nosotros trabajamos como un tribunal colegiado, somos tres las personas que trabajamos, y la ley le concede a uno la facultad de que si no estás de acuerdo con el criterio, es decir el sistema de trabajo es que alguien elabora un proyecto, lo presenta a los compañeros, la persona está en la facultad de aceptarlo o rechazarlo y si lo rechazás tenés que decir el porqué lo vas a rechazar, porqué no estás de acuerdo. Yo, en lo personal, no he... te puedo decir que... considero que es colegiado, que todos los compañeros somos respetuosos y que si en algún momento no estoy de acuerdo, pues la ley me faculta para razonar un voto y decir el porqué en mi razonamiento.
— ¿A lo largo de su carrera, alguna vez han habido presiones directas para que falle en algún sentido?
La Corte ha sido respetuosa, es decir, al menos en lo personal yo no te puedo decir que a mí me han manifestado cómo es que hay que resolver en un sentido, no, sería mentirte.
— ¿Y en el aspecto político, tiene alguna filiación? Se le ha tildado de ser liberal, incluso arnoldista.
Partido no tengo. Estuve involucrada a raíz del triunfo de la Revolución Popular Sandinista; creo que todos los nicaragüenses estuvimos involucrados en una u otra forma, sin embargo, cuando hay que resolver es de acuerdo con la ley. Mi única obligación es la ley, ya que tengo que resolver de acuerdo a ella. Entonces es irrelevante que digan que tengo alguna filiación o no y quizá sea mejor que estén claros de que no tengo filiación, porque eso me obliga a resolver conforme a la ley.
— Los otros dos miembros de esta Sala son sandinistas. ¿Cómo se siente estando en un nido de sandinistas? ¿esa diferencia les ocasiona problemas?
No, porque la realidad es que en una reunión de trabajo cada quien expresa su forma de pensar. Si no estás de acuerdo, la ley te da la facultad de razonar tu voto.
— Existe la percepción de que el Poder Judicial trabaja como bancadas en el parlamento. ¿Qué opina?
No me atrevo a decirte que existan. Creo que lo que hay en el Tribunal es un ánimo, espíritu de colectivo, de grupo. No quisiera que se llegaran a politizar las cosas porque es un grupo bastante homogéneo, cada quien defiende sus principios, sus valores.
— ¿Aspira a ser magistrada de la Corte Suprema de Justicia?
En cuatro ocasiones he sido postulada para ser magistrada de la Corte, por las asociaciones de abogados y por la Universidad Centroamericana, pero uno ya sabe que estas cosas son políticas. En algún momento estuve medio punteando, y después vienen los arreglos y las cosas y no… Decir que no me gustaría sería mentir, pero uno está claro de la realidad.
— ¿No le frustra eso?
No, porque si no se da es porque no conviene.
— ¿Entonces, usted cree que por una decisión política no ha ascendido a la Corte?
Es posible.
— ¿Quién es su padrino?
No tengo, por eso es que estoy aquí (ríe).
— ¿Y por qué no la han sacado del Poder Judicial, si no tiene padrino?
Porque no tengo una queja del Poder Judicial. Como te digo, soy una persona trabajadora, me he identificado con los jueces y compañeros de trabajo. He mantenido una línea. No sé si es que los presidentes o los magistrados que han estado me han conocido.
— Hablando de las últimas sentencias polémicas, ¿legalmente están bien sustentadas?
Hay copias de las sentencias, tenés mis votos razonados, lo que yo pensé en ese momento quedó plasmado.
— Usted siempre ha rebatido el asunto de las pruebas, que las ha habido...
Sí, en este último (fallo) sí, yo consideré que la sentencia de la juez estaba muy bien dada.
— ¿Y no es frustrante para usted que sea la opinión de dos magistrados sandinistas la que se imponga?
A como yo puedo tener razón, la pueden tener ellos. Frustrante no, porque yo cumplo con mi deber de decir lo que yo siento y lo que considero que está conforme a la ley. Si me equivoco, la Corte nos va a corregir.
— ¿Confía en que con la Ley de Carrera Judicial cambiarán las cosas?
Creo que sí hay que tener fe en que esto va a componerse y que los magistrados que van a conformar el Consejo van a cumplir con la ley, en apego y en estricto Derecho. Ojalá así sea.
MUJER, MADRE, HIJA Y PROESIONAL
Aunque se muestra como una mujer de carácter fuerte y es muy selectiva con sus amistades, a la magistrada Martha Lacayo le encanta estar en contacto con los jóvenes y lo hace impartiendo clases en la Universidad Centroamericana (UCA).
Le gusta el baile y la música, pero últimamente se ha aislado de las fiestas, en parte por las “cargas familiares”, pero también debido a su condición de funcionaria pública.
Madre de dos hijos, Daniel Mario y Martha Lorena Arauz Lacayo, dos profesionales que le enorgullecen. Tiene tres nietos y la voz se le entrecorta al hablar de su familia, a la cual cuida y aprecia.
Lacayo fue decana de la Facultad de Derecho de la UCA por un año y medio. Tiene estudios de maestría en Derecho Penal y Derecho Procesal Penal. El año pasado fue la presidenta de la Sala Penal Uno, ha dirigido varias monografías y su carrera ha estado marcada por constantes estudios en el país y en el exterior.
La magistrada Lacayo se define a sí misma como una persona segura, sincera y tan franca que a veces hace daño. “Soy una persona honesta, trabajadora, con principios que he conservado por herencia de mis padres, honrados”, comenta.
Hace seis años sufrió un grave accidente que le afectó mucho. Doce operaciones no han podido borrar —como ella quisiera— las huellas en su rostro dejadas por un perro que le atacó. Con los años ha ido superando el problema, el cual le costó varias lágrimas en la almohada.

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