La tristeza humana
Tatiana Argüello
Torpes manos que sudan por amor y destruyen por odio, tontos ojos que no quieren mirar las realidades del mundo, y se esconden en espejismos de concreto y acero. Oídos brutos que no escuchan los lamentos de nosotros mismos o de la propia tierra que grita en silencio y que habla cuando nadie la oye
(o no la quieren oír).
Boca sucia que expresa sólo lo que la gente quiere oír, en una perfecta y armoniosa sincronía, sin frases verdaderas y sin mentiras piadosas. Pero lo que más le duele al hombre es su corazón duro, tan duro de roca que se quiebra con golpes y se endurece con lamentos que no perdona ni lo pasado, ni lo presente, ni lo futuro que sólo piensa en sí mismo y que no contiene sangre porque toda quedó derramada y que queda vacío, vacío en el aire. 
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