Cuentos de Henry Petrie: La tentativa del capricho
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 | Acerca del libro de Henry Petrie, que el autor ha cobijado bajo un título desafiante: Tómame, y te contaré |
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Juan Sobalvarro
Nicaragua es tierra de narradores, más nos vale porque si nos quedáramos escribiendo solamente versitos quejumbrosos o sesudos, ¿quién atestiguaría la vida dramática e intensa que este paisito ha vivido? Incluso ¿qué clase de poesía se seguiría haciendo en este país bajo el esquema anticuado del verso asumido como máxima?
La expansión de la prosa en Nicaragua nos ha llevado a áreas menos retóricas, más verídicas por el hecho de parecer más anónimas. La prosa nos ha ido poblando de personajes más cercanos, que no son los míticos héroes de tarima, ni los legendarios dictadores a los que tanto debemos, sobre todo, la pobreza.
Algún personaje cagón de éstos, aparece en este nuevo libro de Henry Petrie, que el autor ha cobijado bajo un título desafiante: Tómame, y te contaré, es decir, hay que atenerse a las consecuencias. La herejía está en anunciar el relato en bruto en un país donde la prosa ha sido ninguneda por la prole letrada. Quien ponga este libro en sus manos, que lo tenga claro: se trata de narrativa. Y es un asunto mágico y bondadoso, se trata de tomarlo y la fábula fluirá.
Aunque en este libro se cuenta la obra famosa de un folclórico personaje de la política nacional, el suceso excrementicio en la piscina de mayor fama en la república, no es ésta la tónica, ni la mayor preocupación de este conjunto de relatos y es por lo que dije, por que sus personajes son anónimos, son los personajes que habitan nuestra casa, nuestro vecindario.
Todas estas historias parecen conducir a finales dramáticos, sus personajes están como bloqueados por la desesperanza, la pobreza, la incomunicación o la incomprensión que es casi igual. Siempre hay algo truncando, el ascenso de ellos a la felicidad o la paz.
Es el caso de la pareja que recién decide iniciar una aventura amorosa y el azar detiene sus propósitos en un accidente automovilístico.
De gran simbolismo es la historia de Esperanza que busca un retiro en un pueblo verde que de pronto cae en manos corruptas, que simplemente lo convierten en un Pueblo Fallecido.
Un relato como Variaciones de un suceso, es un ejemplo de la desmemoria, la desaparición del ferrocarril tiene como consecuencia la muerte del maquinista, para quien la vida pierde sentido y es lo que suele suceder en sociedades donde se acostumbra a pasar por encima de los modelos de vida de los otros, en dónde no se preservan valores culturales y a todo se le considera materia de desecho.
Un relato como Éxodo de monos nos muestra el lado crudo de la ficción, es la ficción que ejercen los gobernantes, como la del presidente ese que habla de progreso y macro inversiones, mientras los campesinos bajan en masa de las montañas porque no tienen trabajo, ni comida.
Ante este panorama desesperanzador, ¿qué luz se atisba? ¿Acaso tiene que haber luz? La luz de estos personajes está en que todos buscaron ir más allá de sus limitaciones, con sus vicios o defectos o con la clara visión de perecer en sus afanes.
Sigue siendo necesario que la prosa nos dé estos diversos enfoques de la vida común. Lo cotidiano tiene, en la mayoría de los casos, mayor potencia para contar la vida de una comunidad, revela íntimamente lo que la historia no logra explicar con su grandilocuencia. Sigue siendo necesaria esta narrativa de personajes ordinarios, porque en un país como el nuestro donde los prejuicios fácilmente se hacen populares y terminan convertidos en leyes folclóricas, es urgente ir derribando ya la idea de que sólo se puede hacer narrativa desde temas históricos o que la narrativa histórica es la mejor, más importante, la más guapa, etcétera.
No olvidemos, no nos dejemos enganchar, la literatura tiene dos fuentes esenciales, la realidad y la imaginación. De estas dos fuentes parten dos de las tendencias que creo se están desarrollando en Nicaragua. Una es como ya lo dije, la narrativa histórica, que toma a personajes reales y los recrea, es decir, les inventa diálogos y ciertas tramas. Con esto quiero decir que la narrativa histórica que se ha popularizado en Nicaragua, con pocas excepciones, tiene un formato realista.
La otra corriente es la que parte de la idea de narración como creación libre, que inventa sus personajes, sus tramas y como no tiene una subordinación o dependencia de la historia, inventa hasta sus formas.
En esta última línea anotaría nombres como los de Leonel Delgado, Daniel Pulido, Maricela Quintana, María del Carmen Pérez, Carlos Midence, entre otros y Henry Petrie en quien nos ocupamos ahora. Petrie pertenece a este grupo diverso, al que quizá luego se le podrá ver algún viso generacional o al menos se le podrá considerar como a contemporáneos que expandieron en formas y estilos el quehacer narrativo en Nicaragua. Una serie de narradores que admitieron la literatura como capricho, como inventiva. Termino con las palabras de Petrie: “El drama de una trama frente a lectores, no evade la tentativa del capricho (...). Dé vuelta a la página”.
El libro se encuentra en la librería Rigoberto López Pérez. 
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