Saul Bellow: La muerte de un héroe
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Saul Bellow. |
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Cristóbal Alliende Piwonka
La contribución de Saul Bellow a la narrativa norteamericana de posguerra es enorme. Su obra fue, desde su primera novela, Dangling man (1944), un barómetro del estado de ánimo de una sociedad urbana culta y cada vez más inmersa en los problemas que llevó consigo la modernidad: la modernidad de los márgenes, de los barrios de inmigrantes, de los rascacielos y la cesantía; la modernidad del psicoanálisis, de la falta de fe y de esta frase de Marx —que tan bien desarrolló Marshall Berman—: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
Como su literatura, Saul Bellow fue, toda su vida, un hombre reposado, analítico e introspectivo. Con los años, su expresión facial se fue poblando de una cantidad inusual de arrugas. Pero sus ojos parecían no encajar en el conjunto; siempre algo vidriosos, nunca dejaron de expresar una vitalidad casi adolescente, llena de intuiciones y de expectativas listas para ser cumplidas.
ORÍGENES
Nacido en los suburbios de Montreal, Canadá, en 1915, Bellow vivió su juventud en Chicago, ciudad que rápidamente se transformó en objeto central de su literatura. Sus padres fueron inmigrantes judeo-rusos, de quienes aprendió el hebreo y el yiddish. Después de estudiar antropología y sociología en las universidades de Chicago y Northwestern, y ante su creciente interés por la escritura, un eminente profesor le dijo a Bellow que “ningún judío puede realmente conocer a fondo y emplear la tradición de la literatura inglesa”. Por ello, el profesor le sugirió al joven que se dedicara a algo más propio de su origen. Esto es, al piano.
SOBRE SÍ MISMO
En medios académicos ya se empieza a discutir si acaso Saul Bellow es o no el mejor escritor judeo-norteamericano de la historia. Es una discusión inconducente y aburrida. Lo que sí se puede decir es que Bellow, al igual que Philip Roth y, más recientemente, Cynthia Ozick, son la cara americanizada de gran parte de los conflictos judíos que importó Isaac Bashevis Singer. Pero, ¿por qué será que estos escritores se convirtieron en la voz literaria más certera para descifrar la sociedad norteamericana del siglo XX?
Como Singer y Roth, Bellow fue un escritor que tendió a confundirse con las figuras que creó. Desde la inolvidable novela breve Dangling man, hasta Ravelstein (2000), todos y cada uno de los protagonistas de Bellow son Bellow. Por otro lado, Joseph, Augie March, Moses E. Herzog, Arthur Sammler, Charlie Citrine, Abe Ravelstein, entre otros personajes, son parte inolvidable de esa galería de observadores y a la vez representantes del elusivo estilo de vida americano. Ellos son neuróticos, cómicos, inseguros, melancólicos e inteligentes. Casi todos son tipos solitarios en medio de la multitud anónima de la gran ciudad.
Sin entrar en mayores detalles acerca de la escritura sobre sí misma, baste decir que Bellow se adelantó a la teoría literaria en cuanto al convencimiento de que esta escritura no es más que una ilusión. Al igual que todo novelista, quien escribe una autobiografía, crea a un personaje que nunca existió. Pero Bellow también supo que cuando un sujeto ficticio cuenta su propia vida de manera extremadamente minuciosa, transparente y artística, este sujeto, junto a su autor, pueden perder el control de lo que uno y otro escriben hasta el punto que el texto se independiza y termina aludiendo subrepticiamente a ambos y, más interesante aún, a su entorno. 
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