Problemas estructurales
Edmundo Dávila Castellón edc1033@yahoo.es
Cuando la estructura o armazón de un edificio es débil, no puede soportar las cargas de diseño y la construcción tiende a deformarse o a colapsar. Brevemente describo algunos problemas estructurales que se refieren al siempre tambaleante “edificio” de Nicaragua.
La hipertrofia del Estado. Como una consecuencia de partidos hegemónicos, de pactos y repactos, tenemos un país con una enorme inflación de altos funcionarios y asesores en todos los poderes. Dichos funcionarios trabajan poco o se obstruyen en sus atribuciones, en virtud de la simple ley de los rendimientos decrecientes. Nicaragua es el país más pobre del hemisferio occidental y no tiene ninguna capacidad para pagar elevados salarios, regalías y sinecuras a tan altos y numerosos “servidores del pueblo”, en detrimento de los pobres mayoritarios. Esta evidente anomalía ocasiona grandes y superfluas erogaciones al Estado, dignas de un mejor destino.
El seis por ciento de las universidades públicas. Las violentas asonadas que montan anualmente los agitadores universitarios, los muertos y heridos que se han registrado a través de 15 años de lucha, han hecho posible para las universidades imponer salvajemente ese porcentaje prohibitivo y arbitrario del presupuesto nacional. El presidente Bolaños ha declarado que mientras un universitario le cuesta al Estado mil dólares al año, un estudiante de primaria apenas cuenta con 70 dólares para su educación básica. Por si fuera poco, el CNU obliga al Estado a ceder también ese seis por ciento de las donaciones y préstamos que vengan del exterior. Cualquier ayuda que por caridad viniese a este país, las universidades, “a fortiori”, fungiendo como centros de socorro y salvación, serían las primeras beneficiadas, a costa de nuestra propia desgracia.
Los autobuseros, que a su gusto y antojo y en cualquier momento interrumpen el servicio al ciudadano trabajador, causando graves trastornos sociales y económicos al país. Aduciendo imaginarias pérdidas y sin el menor decoro, los buseros exigen más dinero al Gobierno en forma de subsidios u otros, porque según ellos no pueden con los costos, que nadie revisa, pero a pesar de estar “perdiendo” nunca se retiran del negocio, ni conceden oportunidad a que otros se hagan cargo del mismo. Ningún país del mundo subsidia empresas particulares y menos monopolios, cuya historia es del conocimiento general, pero su política dominante y amedrentadora para el Gobierno y los pobres usuarios, sin duda seguirá manteniéndose poderosamente.
Las deudas externa e interna. Pesado lastre de los gobiernos posteriores a los ochenta y habrá que seguir cargando con ellas por tiempo indefinido.
Las elecciones presidenciales antidemocráticas. Se ha hecho creer desde los noventa, que las elecciones significan democracia, pero en Nicaragua no se les da seguimiento popular y entonces los conflictos políticos, la “lucha por el poder” de los presuntos marxistas, las imposiciones de un partido hegemónico después de las elecciones, etc. distorsiona por completo la voluntad popular expresada en el voto.
La oposición destructiva. En Inglaterra se ha acostumbrado que el gobierno le pague a la oposición por atacarlo constructivamente. En Nicaragua, a miles de años luz del Reino Unido, la “oposición destructiva” sola por largo tiempo y recientemente combinada, no ha dejado gobernar normalmente a los mandatarios de turno, después de la aparente instauración de la democracia en el noventa.
Desequilibrio anómalo de la balanza comercial. Las importaciones superan en tres veces las exportaciones, estas últimas a nivel anacrónico y regresivo de los años sesenta.
Y así podría seguir enumerando: por ejemplo, el eterno problema de la propiedad, que ronda los 1,600 millones de dólares y que pagan los indefensos ciudadanos por una culpa que no cometieron; la denigrante situación de los jubilados, con un Seguro Social distorsionado en su naturaleza; la dependencia extrema de la comunidad internacional, en préstamos y donaciones, sin producción compensatoria que justifique tal dependencia, etc., todos ellos factores negativos, generadores de inestabilidad, pobreza y desocupación ... y pare de contar.
Tanto el origen como la continuidad y permanencia de estos problemas estructurales (algunos enfermizos y aberrantes), que aparentan ser económico-sociales, en un 100 por ciento son eminentemente políticos y devienen de las décadas ochenta y noventa, no habiendo existido a la fecha un gobierno de hecho y de derecho, sincero, valiente y decidido, que apoyado por un pueblo sensato y beligerante se haya atrevido a superarlos para siempre.
No se vislumbra, hasta ahora, ninguna esperanza de cambio, excepto el que pueda ocurrir a través de alguna intervención o una nueva y decisiva revolución, pero surgen dudas e interrogantes: ¿cuándo, cómo y contra quién?
El autor es Ingeniero Estructural y egresado del Incae.

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