¿Una oportunidad para Nicaragua?
La elección del nuevo Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), cargo que está vacante desde el 15 de octubre del año pasado cuando el costarricense Miguel Ángel Rodríguez —quien apenas había asumido dicho cargo un mes antes— se vio obligado a renunciar por una grave acusación de corrupción de cuando fue Presidente de Costa Rica, se encuentra prácticamente en un atascadero.
En efecto, tal como se informó en la sección Internacionales de la edición de ayer de LA PRENSA, bajo el título “Espectacular empate en la OEA”, después de cinco votaciones que hicieron los cancilleres de los países miembros de dicho organismo internacional, tratando de elegir a su nuevo Secretario General, persistió un férreo empate de 17 contra 17 entre las candidaturas del ex canciller chileno José Miguel Inzulsa y el canciller mexicano Luis Ernesto Derbez. De manera que los cancilleres tuvieron que convocar a una nueva asamblea electoral que celebrarán el 2 de mayo próximo.
Al margen de las discusiones intelectuales e ideológicas sobre la supuesta crisis de la OEA y de la hegemonía de Estados Unidos —país que aporta más o menos el 80 por ciento de los recursos para el mantenimiento de dicho organismo—, esta situación podría brindar la oportunidad para que Nicaragua presente su candidatura a la Secretaría General de la OEA. En realidad, ya a principios de octubre del año pasado se barajó la postulación de la candidatura del ex Canciller nicaragüense y actual Secretario de la Presidencia de la República, Ernesto Leal (60). Sin embargo, finalmente Nicaragua decidió apoyar la candidatura del ex Presidente de El Salvador, Francisco Flores, quien no logró el suficiente apoyo, de manera que el domingo pasado retiró su candidatura dejando como únicos postulantes al chileno José Miguel Inzulsa y al mexicano Luis Ernesto Derbez, ninguno de los cuales pudo obtener el lunes recién pasado la mayoría de votos para ser electo.
Al producirse en octubre del año anterior la renuncia forzada del costarricense Miguel Ángel Rodríguez —el primer centroamericano en ocupar la Secretaría General de la OEA en los 57 años de existencia de este organismo internacional—, se dijo, con toda razón, que este cargo tenía que ser retenido por Centroamérica. De allí surgió la candidatura del ex Presidente salvadoreño, Francisco Flores, que fue apoyada por Nicaragua pero vetada por Honduras y boicoteada por el Gobierno venezolano de Hugo Chávez. Luego, en virtud de que el salvadoreño Flores retiró su postulación hasta apenas un día antes de la fecha señalada para la elección, era prácticamente imposible poder sustituirla con otra candidatura centroamericana.
Sin embargo, ante el fracaso de la elección, el lunes de esta semana y la convocatoria a un nuevo intento el próximo 2 de mayo, se ha creado una nueva oportunidad para que Nicaragua presente su candidatura, como un tercero en discordia que saque a la OEA del atolladero en que se encuentra actualmente. Además de que no se debe renunciar al punto de vista de que por derecho propio le corresponde a Centroamérica llenar la vacante que dejó el costarricense Miguel Ángel Rodríguez.
Desde que la OEA fue constituida, el 30 de abril de 1948, todos sus secretarios generales electos han sido suramericanos. Ahora, según informó ayer el diario El Comercio, de Lima, Perú, este país suramericano podría presentar la candidatura de su canciller, Manuel Rodríguez Cuadros. Pero Perú está compitiendo con Nicaragua por un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para el período 2006-2007, cargo que se debe elegir en el otoño del presente año. De manera que el Gobierno de Nicaragua debe sopesar qué le convendría más al país: la Secretaría General de la OEA o el asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, y de acuerdo con eso negociar con Perú un intercambio de respaldo a la aspiración de cada una de las partes.
Por supuesto que la presencia de Nicaragua en la Secretaría General de la OEA debería estar motivada no sólo por un afán de figuración política, sino por el reforzamiento y cumplimiento de principios y objetivos de gran interés, como por ejemplo la aplicación de la Convención contra la Corrupción y la vigencia de la Carta Democrática Interamericana.

|