Un día del Papa en León
Eduardo Marenco Tercero
Han transcurrido 22 años desde la histórica visita de Juan Pablo II a Nicaragua, aquel 4 de marzo de 1983. Sin embargo, la verdad sobre aquel viaje pastoral de Karol Wojtyla y sobre el irrespeto que sufrió en la misa campal en Managua, se ha ido conociendo poco a poco. El rompecabezas se ha ido armando pieza por pieza a lo largo del tiempo.
LA PRENSA ha tenido acceso a un documento fotográfico compuesto por decenas de imágenes, de las que hoy se reproducen nueve de ellas.
Las fotografías, captadas por una sensibilidad extraordinaria y en circunstancias muy difíciles debido a la censura sandinista, la rapidez de los hechos y debido al enjambre de foto-reporteros, muestran distintos ángulos de la visita de Juan Pablo II a la ciudad de León, a donde se trasladó en helicóptero, acompañado por Aldo Díaz, jefe de protocolo y Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del Estado sandinista, encargado oficial de su custodia, así como de la logística revolucionaria con la que fue sorprendido el Pontífice.
Las imágenes son estremecedoras por su calidad estética, su valor histórico y su fuerza reveladora.
Se observa en ellas, un Wojtyla aún vigoroso, sin los suplicios que le aquejarían durante los últimos años de su vida. También se ve su fuerza escénica y su carisma personal, algo que preocupó seriamente a la KGB desde el inicio de su Pontificado así como al Partido Comunista de su natal Polonia. No en balde, Wojtyla había sido actor y guionista en su juventud. Y tal carisma y su anticomunismo, inoculó los mismos miedos en el Estado sandinista.
En León, el Papa bendijo a los ancianos, a las madres, a los enfermos y heridos de guerra, y mostró la sensibilidad humana que caracterizó su Pontificado, admirado aún por quienes no le reconocen como su guía espiritual.
Sin embargo, las imágenes también evidencian cómo el Estado sandinista desplazó a la feligresía católica para dar prioridad a los simpatizantes del régimen con ánimos propagandísticos y amedrentando a la ciudadanía. Un preludio de la borrasca que organizarían en Managua.
CARISMÁTICO. Juan Pablo II saluda a la entrada de la Catedral de León, el 4 de marzo de 1983, durante su primera visita a Nicaragua.
fotos/la prensa/cortesía
En catedral. El Papa bendice y detrás lo observa Lenín Cerna, de lentes oscuros.
tras el cordón. Milicianos sandinistas impidieron el paso de feligreses católicos.
junto a los desvalidos. Sin embargo, niñas como ella sí pudieron ser bendecidas por el Papa.
propaganda. Los mejores lugares eran para los sandinistas.
“los muertos nos exigen vencer y sólo vencer”, dice el ejemplar de Barricada sostenido por este militante sandinista. En la portada del diario, una foto de Bayardo Arce Castaño.
Lenín cerna, jefe de la Seguridad del Estado, observa al Papa, mientras un custodio del Pontífice está detrás suyo.
Militantes sandinistas blandiendo banderas rojinegras y gruesos maderos; así como agitando consignas revolucionarias, impidieron el paso a los católicos no sandinistas.

|