Editorial
Esfuerzo conjunto
Jehú Hernández Sandoval
Hay que reconocer dos cosas. Una, que los socios de la Cooperativa Guardianes del Bosque, propietarios de más de mil manzanas de bosque virgen y primario en la zona de Jinotega, se dieron cuenta de que hay que proteger los recursos naturales que aún nos quedan.
La otra cosa es que, muy inteligentemente, crearon las condiciones para hacer del macizo de Peñas Blancas un destino turístico con todas las de ley.
Mediante un trabajo de equipo, identificaron los potenciales turísticos del lugar, diseñaron cuatro senderos de observación y aventura, y crearon condiciones para que los turistas no sólo lleguen por el día, sino que puedan pasar la noche en contacto directo con la madre naturaleza.
Una casita de dos pisos elaborada con madera, cedazo y zinc, abre sus puertas para albergar al menos a 20 turistas acomodados en colchonetas colocadas sobre el piso de tambo. “Ellos dicen que las comodidades se quedan en la ciudad y que aquí vienen a tener experiencias emocionantes”, relata Jairo Cruz, uno de los socios. La palabra belleza se queda corta para describir el lugar: peñascos blancos, árboles gigantes con inmensas raíces, riachuelos por doquier, abundante naturaleza y una imponente cascada que se desprende desde un farallón salpicando con sus aguas los árboles, que a sus pies, parecen rendirle pleitesía a su hermosura.
En la sección DE GIRA que publicamos en las páginas 8 y 9 de la presente edición, hacemos un esbozo de lo que ofrece la Reserva Macizo de Peñas Blancas. Si se decide visitarla, le aseguro que no se arrepentirá.
Editor

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