Subsidio al transporte y presupuesto nacional
José Adán Rodríguez Castillo
El pueblo de Nicaragua una vez más es víctima de las presiones de los transportistas, al exigir subsidios para “solventar los costos operativos del servicio”. Con el subsidio de cuatro días por más de 1.5 millones de córdobas es la cuarta vez, si no me equivoco, en que saca ventaja el sector transporte.
El ministro de Hacienda de una manera cautelosa dice que en los próximos días verán cómo solucionar este problema. Por otro lado, el Alcalde de Managua aseguró que es un problema del Gobierno y agregó que si este no les da nada a los transportistas, él personalmente se los daría. Entiendo que estaba de acuerdo con el señor Quinto en presionar al Poder Ejecutivo y lanzar en su contra al transportista y al usuario.
Los nicaragüenses deberían rememorar los tiempos en que el señor Dionisio Marenco siendo ministro del Micoin no defendía al pueblo sino que más bien era el confiscador de la libra de azúcar, el litro de aceite, las libras de frijoles que transportaban personas en los buses con los famosos tranques en las carreteras, a pesar de las súplicas y lamentos de los que llevaban a sus familiares ese sustento para ajustar con su alimentación.
A los miembros del Gobierno les pregunto: ¿Se les ha ocurrido pensar en subsidiar, o más bien restituir, ya que se recibió ayuda internacional, a los productores que perdieron sus cosechas cuando ocurrieron los desastres naturales del huracán Juana, el destructor Mitch, las prolongadas sequías del fenómeno del “Niño”, del devaste del gusano barrenador que quedaron grandes fincas convertidas en desierto, en los quebradores de bancos que dejaron sin sus bienes a miles de personas? ¿Qué hizo la SIB a favor de los que tenían hipotecadas sus fincas con préstamos a largo y corto plazo? Proteger nada más al ahorrante. Se debió preferir proteger al productor, al industrial, al comercio, ya que el ahorro no invertido prolonga el estancamiento económico, y la inversión empresarial de nuevos mercados.
Los productores estamos produciendo en época de verano y estamos obligados a hacer uso de combustible quizás más que los buseros para sustentar al pueblo. También usamos energía eléctrica, aunado a que las alzas se convierten en un círculo vicioso. ¿Y quién es nuestro ángel protector? Si necesitamos reparar una carretera nos exigen un porcentaje para que se repare, si no lo damos no hay reparación. A esto agreguémosle los impuestos. Sólo nosotros podemos aguantar tanta injusticia, menosprecio y humillación.
¿Los buseros son los chicos bien de la nación? No, son instrumentos de presión, a quienes les queda algo de los subsidios, además de una flota vehicular que desde hace tiempo dio su vida útil. Subsidiar es aumentar la brecha que falta para ajustarse al Presupuesto Nacional.
La Asamblea Nacional, especialista en reformar la Constitución y hacer del Poder Ejecutivo cuando se le ocurra, debiera aprobar una ley para abolir toda asignación de combustible a diputados, magistrados, funcionarios públicos y al Ejecutivo; eliminar la Fiscalía General de la República que es infuncional. No seguir gastando en un estéril diálogo que más bien parece un encuentro de Rotarios. Este ahorro significativo ayudaría a reducir esa brecha y el pueblo no cargaría con otra carga tributaria.
El autor es productor agropecuario de Estelí.

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