JUEVES 7 DE ABRIL DEL 2005 / EDICION No. 23772 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Plagio de niño por vendetta de narcos

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. La disputa que mantenía un hombre con otro reconocido narcotraficante internacional, por una cuenta no saldada de droga, puso en riesgo la vida de su propio hijo, un niño de apenas 4 años y medio

Con un pollito entre sus manos, que le obsequió el campesino que lo auxilió, regresó a Managua el pequeño José Stevens.

 

Elízabeth Romero

Un niño de apenas cuatro años y medio observó mudo como tres desconocidos impedían el paso del taxi en el que lo trasladaban a su colegio. Luego de tres detonaciones de arma de fuego, el infante fue sacado de forma violenta del interior del auto, sin que pudiese impedirlo por su fragilidad.

Los pistoleros, que se desplazaban en un carro azul, desaparecieron del lugar con el pequeño rehén, dejando una estela de misterio y horror entre los vecinos.

El inusitado hecho ocurrió el 7 de abril del 2002, a la altura del kilómetro 10 y medio Carretera Sur, y a escasos 50 metros del Preescolar Mincaito, según los archivos policiales.

La víctima fue José Stevens González Pineda, de apenas 4 años y medio, hijo del colombiano José Leonel Domínguez, quien portaba documentación guatemalteca, y la ciudadana guatemalteca Johana González Pineda.

Dos años después de ocurrido uno de los plagios más sonados en el país, la Policía concluyó que una vendetta entre narcotraficantes internacionales causó el plagio, que pudo haber costado la vida del pequeño José Stevens.

RECLAMABAN DROGA

El jefe de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), comisionado mayor Julio González, recordó que el cobro de una droga no pagada por José Leonel Domínguez (padre del infante) al guatemalteco Luis Ángel González Largo fue la causa del hecho delictivo.

“Hubo una transacción de drogas entre este señor Domínguez y González Largo, y parece que el señor Domínguez no honró su compromiso en cuanto a entregarles el dinero, por lo tanto le secuestran al niño para presionarlo a que pagara”, refirió el jefe de la DAJ.

Las cifras no son muy claras hasta ahora, pero en su momento se habló de 120 mil dólares que exigían los sujetos por el rescate.

LLAMADAS AMENAZANTES

Las investigaciones policiales confirmaron que anterior al plagio, hubo llamadas telefónicas con advertencias a los padres del niño. Incluso hubo una comunicación entre los plagiarios y el niño a quien le dijeron: “No vas a ver a tu hermanito”, refiriéndose al embarazo de su madre.

“Por trabajo de inteligencia policial pudimos tener un antecedente del señor Domínguez, padre del niño, con el señor González Largo”, rememora el jefe policial.

Para entonces la Policía contaba en su poder con una denuncia de un habitante de Rivas en contra de González Largo y de Domínguez, la que les indicaba que antes del plagio ambos señalados sostuvieron algún tipo de relación.

“¿De qué índole? No lo sabíamos. Pero sí, en Rivas había una denuncia de octubre del 2002, en donde este señor González Largo y el padre de José Stevens habían llegado donde una familia de apellido Amoretti, y habían proferido amenazas y requerimiento de un dinero”, recordó el comisionado González.

VERSIÓN POLICIAL

En el expediente en poder del funcionario policial se señala que el niño fue plagiado por el propio González Largo, junto a Donald José Rodríguez Pérez y un tercero, quien aún sólo ha sido identificado como Felipe o Leonel, que la Policía presume se trata de un guatemalteco conocido en su país por el alias de “Hormiga”.

Desde el kilómetro 10 y medio de la Carretera Sur, lugar del plagio, el niño fue conducido a una casa en Camoapa, Boaco, donde habita la madre de Donald José Rodríguez Pérez, cuyo nombre no fue proporcionado.

En esa casa, el niño estuvo a cargo de una mujer, a quien la Policía nunca pudo identificar a través de fotografías, pero que se presume sea Sandra Esmeralda Aburto Núñez, la única que está detenida junto a Luis Ángel Largo, pero por otro delito de narcotráfico y lavado de dinero.

El resto de los implicados, así como González Largo, habían sido eximidos de responsabilidades por un jurado de conciencia.

Las averiguaciones realizadas por la Policía en ese entonces les llevó a determinar que al salir publicada la fotografía del pequeño plagiado, la madre de Donald José Rodríguez advirtió por teléfono a su nuera Alejandra Deysi Méndez Urbina que el niño debía ser devuelto a sus padres.

A la fecha la Policía no establece todavía si Méndez Urbina tenía conocimiento del plagio. En ese momento declaró a las autoridades que su cónyuge le dijo ese 7 de abril que iría a recuperar un dinero que le debían a un señor y que no le quieren pagar.

Después de la llamada desde Camoapa, Méndez y Rodríguez viajaron a esa localidad para trasladar al infante. Ya habían pasado tres días del plagio, la Policía fue tras la pista de Rodríguez y su mujer, pero cuando llegó a esa ciudad boaqueña ya era tarde, el rehén y sus captores habían dejado la vivienda.

Esa misma noche la pareja trasladó al infante desde Camoapa hacia el sector de Las Calabazas, Ciudad Darío, en el kilómetro 80 de la Carretera Panamericana Norte.

Rodríguez y otras dos personas se internaron con el niño hacia el Norte de Las Calabazas, por unos caminos pedregosos que conducen a la comunidad de San Antonio.

Asimismo Méndez regresó a Managua con el conductor, que se presume era Leonel o Felipe.

Ya para entonces la Policía estaba desplegada por la comunidad de San Antonio, lo que hace presumir al jefe de la DAJ que la presión de la fuerza policial obligó a los captores a abandonar a su rehén.

SORPRESIVA PRESENCIA

La inusitada presencia de un niño desconocido y solo sorprendió a los moradores de la casa de Alberto Miranda. Tras unos cercos de piedra que rodeaban la casa el niño fue detectado por uno de los hijos del propietario de la vivienda, Pedro Ignacio Miranda.

El 11 de abril, Alberto Miranda había salido muy temprano de su casa hacia Ciudad Darío, donde se encontraba cuando escuchó por la radio que desde un teléfono una persona llamaba a la Policía para que llegaran a traer al pequeño que decía llamarse Stevens.

“¡Sí, es en su casa!”, recuerda don Alberto Miranda que le señaló un lugareño, al escuchar la noticia del hallazgo del niño. “Nos dábamos cuenta del secuestro por la radio, pero ¿qué nos íbamos a imaginar eso?”, recordó Miranda.

El niño únicamente dijo que estuvo con sus tíos.

Vecinos de esa zona, recuerdan que recién pasado el plagio hubo una serie de comentarios que hicieron pensar que los plagiarios tenían algún contacto en la zona.

Así lo piensa aún la Policía, pese a que en investigaciones posteriores no pudo ubicar al contacto que buscaban los plagiarios. El niño fue entregado sano y salvo.

POCOS CASOS DE PLAGIO

El plagio, que es una de las expresiones del crimen organizado, en Nicaragua no se registra de manera constante como ocurre en Guatemala, Honduras y El Salvador. Ésta es una de las razones por las cuales el país es considerado uno de los más seguros de Centroamérica.

“Consideramos que éstos son los golpes que la Policía ha venido dando a estos señores que se quieran asentar aquí en Nicaragua”, sostuvo el jefe de la Dirección de Auxilio judicial (DAJ), comisionado mayor Julio González.

Un principio policial establece que “nunca se debe entregar dinero” en caso de un secuestro, recomendó González.

La Policía registra de ocho a diez casos de plagio al año, pero no con las características del caso de plagio de José Stevens González. El jefe policial dijo que estos hechos ocurren en las profundidades de las montañas y son promovidos por bandas delictivas que denominó como “asalta caminos”.

OPERACIÓN “PATOJO”

La operación que la Policía Nacional denominó “Patojo” involucró a unos 80 oficiales, entre ellos los más sobresalientes en actos de inteligencia e investigación.

El objetivo principal fue el rescate con vida del pequeño rehén: José Stevens González.

En la persecución los agentes iban cerrando una especie de “anillo” en contra de los plagiarios.

Antes de que los policías cerraran completamente el anillo, los plagiarios lograron escapar de la persecución policial.

“Habíamos registrado alrededor de 15 casas, es un peine y vamos cerrando el círculo, cuando ellos sienten esta presión dejan al niño, allí en el camino”, recordó el jefe de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), comisionado mayor Julio González, sobre lo que fue la Operación “Patojo”.

El término utilizado para la operación es el mismo con que los guatemaltecos nombran a los niños.

La operación de rescate dio inicio desde el mismo momento en que el niño fue secuestrado, un lunes 7 de abril del 2002. Agentes de la brigada especial, oficiales de inteligencia y policías de Ciudad Darío cayeron desde la noche anterior en el sector donde se encontraban los secuestradores. El cerco policial alcanzó unos 500 metros a la redonda del lugar donde estaban escondidos los delincuentes.

Ese cerco se fue cerrando poco a poco por agentes de civil, vestidos como si se tratara de campesinos, quienes rastrearon todo lo que encontraron a su paso.

Tan cerca se encontraban de los captores que cuando escucharon por una emisora que el niño había sido encontrado, tardaron minutos para movilizarse a la vivienda donde era cuidado el pequeño José Stevens por la familia de Alberto Miranda.

ABANDONAN EL PAÍS

Leonel Dominguez, su esposa Johana González Pineda y el niño Stevens González Pineda, dejaron el país a raíz del rescate, recuerdan los vecinos del Reparto Santa Isabel. A la fecha se desconoce el paradero de la familia, pero la Policía confirma que en territorio nicaragüense no están. Hace un año, Dominguez fue detenido en Costa Rica por narcotráfico, pero logró su libertad.
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