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Pedro Páramo: En realidad es el pueblo

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.Pedro Páramo, la obra cumbre de la literatura mexicana del siglo XX, cumple 50 años de haber sido publicada

 

Ricardo Pacheco Colín

Emmanuel Carballo asegura que quien le dio la clave a Juan Rulfo para escribir Pedro Páramo fue la novela de la escritora chilena María Luisa Bombal, titulada La amortajada; esto hizo que él cambiara el plan original donde Susana San Juan era el personaje principal.

Pese a que Octavio Paz mencionara en una ocasión que la obra de Rulfo “estaba muy inflada”, ésta ha sido traducida a más de 40 idiomas y es la más reconocida de la literatura de México en el mundo.

Por eso, en esta fecha, los especialistas más reconocidos en el tema, los rulfólogos más agudos —quienes conocieron de cerca también al maestro— hablan de esta creación.

El autor de Protagonistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX (por cierto ahora reeditada por Alfaguara) explica con vehemencia: “Hay una cosa que hasta la fecha no ha sido tomada en cuenta, pero que es muy importante. En 1954 yo fui compañero de Juan Rulfo en el Centro Mexicano de Escritores y vivíamos en el mismo edificio, en Río Tigris 84, él estaba en el departamento 1 y yo en el 5. Éramos amigos, nos visitábamos con frecuencia y me leía lo que estaba escribiendo”.

Carballo recuerda que le tocó en suerte ser testigo del nacimiento del libro: “En ese entonces, el personaje principal no era Pedro Páramo sino Susana San Juan. Yo estaba trabajando en el FCE corrigiendo las pruebas de La historia de la literatura hispanoamericana, de Enrique Anderson Imbert, y resulta que llegué a la página donde hablaba de una escritora chilena, María Luisa Bombal, y de una novela que se llama La amortajada, que tenía la misma estructura del texto que Rulfo estaba escribiendo y que ahora conocemos como Pedro Páramo. En La amortajada, los muertos están hablando”.

Emmanuel refiere que “yo le comenté a Rulfo y ese mismo día nos fuimos al Centro Histórico a la librería Robredo, en Argentina y Guatemala, y ahí conseguimos esta novela en la edición de Sur de Buenos Aires. Rulfo leyó el texto. Estaba por llegar la Semana Santa y a raíz de esto cambió totalmente el plan de trabajo: ya no fue Susana San Juan el personaje central sino Pedro Páramo, y ella enloquece. Él está enamorado de un imposible, de una mujer que ha perdido la razón. Yo creo que mejoró”.

Hay una cosa que habla muy bien de Rulfo, aclara, “él no hizo una copia, era una coincidencia. Coincidía con María Luis Bombal, pero además, con muchas otras gentes: el mismo Odiseo baja a los infiernos y abraza a su madre, la que se le escapa como sombra porque estaba muerta”.

Al abandonar Rulfo el viejo plan, “surge maravilloso y perfecto uno de los grandes personajes de la literatura mexicana y universal, el gran cacique que no sólo lo es en el sentido económico, sino humano y que al mismo tiempo es una víctima del destino. Pedro hace infeliz a las gentes y el destino lo hace infeliz a él mismo. Esto no se ha dicho”.

Recuerda la académica y escritora Beatriz Espejo que “Octavio Paz una vez me preguntó: “¿por qué le gusta a usted Pedro Páramo? Si es una obra muy inflada”. Entonces le contesté: “Ay, don Octavio, yo creo que está usted equivocado”. Y se quedó en silencio… Tal vez pensó que no valía la pena ponerse a discutir”.

Pedro Páramo “es un poema en prosa”, asegura Espejo, “es como la síntesis del mundo, con todos sus misterios, a mí me parece uno de los mejores que se han escrito en la historia. Es un texto al que me he acercado muchas veces, pero siempre encuentro una nueva lectura”.

Dice la autora de El cantar del pecador que de Rulfo puede hablar mucho porque “yo lo traté y no coincidía el hombre con el autor de la novela: era un hombre muy parco de palabras, muy autocrítico, muy callado”.

Y recuerda una anécdota de un viaje que hicieron a Costa Rica donde él recibiría un homenaje: “Esa vez duró encerrado dos días en su cuarto, y cuando por fin salió, se encontró una multitud que lo quería ver. Ahí estaba Eraclio Cepeda, Elba Macías y Emmanuel y yo. Los cuatro sufríamos espantosamente al ver a Juan sufrir, porque en el auditorio sólo pudo decir unas cuantas cosas que no venían al motivo de la reunión”.

Rememora también que ya hacia el final, cuando Juan dejó el alcohol, “como que estaba en una depresión perpetua y para contrarrestarla vivía tomando cafiaspirinas, café y Coca Cola. Sin embargo, conmigo fue muy amable, yo lo recuerdo con mucho cariño, era una gente muy rara”.

Por su parte, el escritor Daniel Sada coincide en su apreciación de que Rulfo era un hombre como de otro planeta, “un escritor único e irrepetible, de principio a fin, porque la concepción de su trabajo es absolutamente original y los efectos también”.

Sada, autor de Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, reflexiona acerca de los personajes de Pedro Páramo: “Aquí están todos muertos, hasta el narrador. Si en la novela aparecieran nada más unos cinco personajes, no tendría el impacto que tiene, hay muchas vidas dentro de la muerte, por así llamarlo”.

La grandeza de Rulfo estriba, reitera Sada, “en esta visión que va mucho más allá de la especificidad de la vida y de la muerte, digamos que ya está rozando con otro estadio de ideas que no necesariamente son de este mundo”.

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