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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 2 DE ABRIL DE 2005
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Los años de la transición

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.A propósito del libro de David Close, Los años de doña Violeta: La historia de la transición política

 

Henry A. Petrie

¿En realidad hemos salido de la transición política en Nicaragua? ¿Podríamos asegurar que todas las bases y condiciones en nuestra sociedad están dadas para no dar marcha atrás en el esfuerzo y aspiración democrática? ¿Acaso esta democracia política-constitucional tendrá buenos derroteros sin tomar en cuenta la alta concentración de la riqueza contra el precario estado económico social en que se encuentra la mayoría de la población nicaragüense? ¿En realidad los gobiernos llamados democráticos están apuntando a las verdaderas causas potenciales de inestabilidad y explosión social? ¿Estamos libres de toda tentativa de régimen autoritario en cualesquiera de sus formas, y más aún, cuando en Nicaragua vivimos en un dominó político caudillezco?

Evidentemente, hemos adquirido nuevos elementos de cultura política, pero ¿qué tanto se está arraigando en nuestra cultura general como para afirmar rotundamente que hemos dicho adiós a la violencia y al conflicto bélico? Doña Violeta Barrios de Chamorro logró sobrevivir a las tensiones naturales de su período, pacificando el país y continuando el ejercicio alternativo del poder, pero ha quedado claro que aún quedan grandes pendientes para que podamos al fin, afirmar que la democratización en nuestro país tiene expresión en los diferentes ámbitos de la vida nacional, donde los principales instrumentos del Estado, curados de la corrupción y mala administración, coadyuven a una verdadera estrategia de desarrollo social y económico de la nación.

Entre otras, estas preguntas y reflexiones podrían desprenderse después de leer Los años de doña Violeta: la historia de la transición política, de David Close (Lea Grupo Editorial, segunda edición 2005, 358 págs.), donde se hace recuento de la era revolucionaria del FSLN y su legado, el proceso que conllevó al advenimiento de la democracia liberal con el triunfo de la UNO, los aspectos medulares de los acuerdos de transición, las características y principales acciones del nuevo régimen político presidido por doña Violeta, la reconciliación y pacificación, el reto constitucional y la disputa por la propiedad, las presiones sociales y la tecnocracia, como el balance de los períodos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños —hasta el 2004—. El examen es minucioso y su análisis va más allá del campo estrictamente político, aunque a mi criterio no profundiza en las realidades estructurales esenciales que determinan el presente y futuro funcionamiento del país y la durabilidad de una democracia de mayor alcance e integralidad social.

Entre sus tesis y argumentos, resumo:

—El fin de la Revolución Popular Sandinista fue producto de “presiones exteriores y fallas en su propia conducción”, la misma no constituyó una época en general fracasada como para borrarse de la memoria nacional. Los revolucionarios no sólo terminaron con un régimen corrupto y represivo sino también, abrieron paso a la democracia constitucional en la historia de Nicaragua al reconocer su derrota electoral en febrero de 1990 (p. 9).

—La presidenta Chamorro heredó un país “arruinado por la guerra y desgastado por las penurias materiales”. Muchas cosas habían cambiado en el país, las instituciones políticas ya no eran las mismas, como tampoco la psiquis del pueblo. Lo que en realidad existió en Nicaragua fue “el desplazamiento de una forma de democracia hacia otra” (p. 16). A criterio del autor del libro, el gobierno sandinista falló en la institucionalización de la revolución y a lo largo de una década de guerra se produjo grandes daños estructurales a la nación, la pérdida de vida humanas que ascendieron a 30,865 muertes, el doble de heridos, refugiados y división en ciudadanos entre partidarios de la revolución y desafectos, pérdidas cuantiosas en la economía. Sin embargo, se apuntan dos legados importantes: “la politización de los marginados y los cambios dramáticos en la sociedad rural”. Se reivindica la democratización de la tierra a causa de la reforma agraria como de la recuperación de las propiedades de Somoza.

—Con doña Violeta Barrios de Chamorro, primera mujer electa presidenta, se abrió una nueva etapa precedida por una transición que ubicó por primera vez en la historia del país la transferencia del poder de un partido a otro de manera pacífica. Ésta recibió el poder de manos del FSLN, fuerza político-militar que había llegado al poder mediante una revolución armada, acuñando el concepto de vanguardia y con el compromiso de construir el socialismo. Doña Violeta reorganizaría la economía, trataría de conciliar los reclamos de la propiedad expropiada por el gobierno revolucionario y emprender la reforma constitucional, un nuevo sistema político democrático liberal. Su gobierno desmanteló en buena medida el sistema revolucionario que en esencia no logró desterrar las raíces ni la memoria capitalista.

—La transición democrática no implicó estrictamente los acuerdos suscritos por el FSLN y la UNO, sino que fue más allá cubriendo todo el período de gobierno de doña Violeta, inclusive períodos posteriores, donde en un primer momento lo fundamental fue “la reconciliación y la necesidad de lograr la paz” que conllevó a la desmovilización de más de 70 mil soldados, la reducción del presupuesto de defensa hasta en un ochenta por ciento y la sucesión de la jefatura militar, pese a que lidió con el potencial confrontativo a lo interno de su propia alianza. Las reformas constitucionales y la resolución a la disputa prolongada acerca de las políticas de propiedad se convirtieron en un eje de particular importancia.

—Doña Violeta no logra enderezar al país en términos económicos y sociales, como tampoco logró consolidar el estado de derecho, pero sí tuvo importantes logros en cuanto a las libertades políticas y de prensa. La democracia adquirió mayor énfasis en lo legal constitucional retrocediendo en la política de igualdad social y económica que se propuso el régimen sandinista. Se apunta como el gran éxito de la señora Chamorro “mantener el gobierno constitucional durante un período de transición difícil y así dejar abierto el camino a la consolidación democrática”, asunto del que tendrían que encargarse los gobiernos sucesores. La publicación se encuentra en Hispamer.  
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