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Sismos ¿Hasta cuándo se moverá el mundo?
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Son los fenómenos naturales que más víctimas provocan. Desde principios de siglo, ya se pueden contabilizar 20 mil muertes por año. Claves para entender cómo se producen y por qué son tan difíciles de prever. |
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Aristóteles sostenía que los terremotos eran el resultado de las exhalaciones o vapores que originaban los vientos al penetrar en el interior de la tierra y quedar retenidos en ella, hasta que en un momento dado explosionaban. Para Tolomeo se debían al orden astrológico, es decir, a la posición de las estrellas. La idea central que tienen los científicos en la actualidad está muy alejada de esto, pero la predicción y prevención de los sismos sigue siendo tan compleja y difícil como en esos tiempos. Y las consecuencias, aún más devastadoras. El aumento de la población mundial y los factores generados por el hombre juegan un papel determinante. Desde comienzos del siglo XX, los sismos han causado una media anual aproximada de 20 mil muertes.
En los centros de observación se registran más de 30 mil movimientos de la litosfera por año. Por suerte, muy pocos alcanzan la categoría de terremotos y la mayoría ocurre en fondos oceánicos. En general, se manifiestan con sacudidas que duran entre 20 y 40 segundos, como máximo, uno o dos minutos. La magnitud se mide con la escala que inventó Charles Richter en 1936 y la intensidad –en la que también se valoran las consecuencias–, con la escala Mercalli. El movimiento sísmico obedece a las mismas leyes del movimiento físico de los cuerpos y se produce por la liberación repentina de energía ocasionada cuando se reacomodan las placas internas del globo terráqueo. La corteza de la Tierra está conformada por una docena de placas de 70 kilómetros de grosor, aproximadamente, cada una con diferentes características físicas y químicas. Estas placas, llamadas “tectónicas”, se están acomodando en un proceso que lleva millones de años y han ido dando la forma que hoy es la superficie planetaria: originaron los continentes y los relieves geográficos, pero el proceso está muy lejos de completarse... miles de años.
Estos movimientos son lentos e imperceptibles. El problema se plantea cuando las inmensas placas chocan entre sí sobre un océano de magma, presente en las profundidades de la Tierra, impidiendo su desplazamiento, por lo que comienza a desplazarse sobre la otra –o bajo ella– originando lentos cambios en la topografía. Obviamente, si el desplazamiento se dificulta, se acumula una energía de tensión que en algún momento se liberará y una de las placas se moverá bruscamente contra la otra rompiéndola y liberándose entonces una cantidad variable de energía. Eso es el terremoto.
Las zonas en donde las placas ejercen esta fuerza entre ellas se denominan fallas, y son los puntos en los que ocurre el 90 por ciento de estos fenómenos. De hecho, el 80 por ciento de las muertes por terremotos ocurrieron en sólo 10 países y casi la mitad, en uno: China. El hipocentro es el punto en la profundidad de la Tierra desde donde se libera la energía de un terremoto. En general, se localiza a una distancia que va desde 15 hasta 45 kilómetros de la superficie, pero algunas veces su profundidad fue de 600 kilómetros. El epicentro, en tanto, es el punto de la superficie que está directamente sobre el hipocentro y allí la intensidad del terremoto es mayor. Las vibraciones longitudinales y transversales que llegan a esta zona originan ondas superficiales que irradiando del epicentro se propagan paralelamente a la superficie de la tierra, de la misma manera que las ondas del mar. Las mismas pueden ser verticales –movimientos desde el hipocentro hasta la zona epicéntrica–, horizontales, que son muy comunes y muestran la dirección del movimiento sísmico, y ondulatorias, que son como espasmos terrestres o marítimos.
Los terremotos tienen el potencial de ser el desastre natural más catastrófico de cualquier país. Amenazan la vida de todos los seres vivos y dañan la propiedad creando efectos muy negativos en los ambientes naturales y los construidos por el hombre. Como el colapso en una ciudad puede ser total, los países más afectados por estos fenómenos suelen tener edificaciones bajas, precarias y antisísmicas –con placas móviles–.
Por otra parte, pueden inducir efectos geológicos secundarios como la licuefacción del suelo, deslizamientos y peligrosas fallas en las construcciones o desencadenar ondas sísmicas marinas, llamadas tsunamis o maremotos, que logran causar destrozos en costas situadas, incluso, a miles de kilómetros del epicentro.
El pronóstico, en este sentido, no es muy alentador: se espera que, dado el crecimiento de la población en las áreas de riesgo, el número de afectados continuará siendo elevado en el futuro. Esto se debe a que en la era moderna se suman los factores generados por el hombre: incendios, roturas de gasoductos, inundaciones por rotura de diques, derrames de tóxicos y hasta explosiones de plantas nucleares, que pueden ser más devastadores que el propio terremoto.

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