JUEVES 23 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23581 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




El Patriota en sus ochenta

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Joaquín Absalón Pastora

A los ochenta años del nacimiento de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cumplidos hoy, resulta inevitable medir la trascendencia de su martirologio y el fondo de su ausencia.

Desde la altura de su periodismo cartesiano, de sus luchas expuestas en las cimas de los montes criollos y comprobadas en cada uno de sus editoriales donde nunca omitió a la Patria, proclamaba: “Nicaragua volverá a ser República”.

No estaba yerma la esperanza. Decía la frase con la convicción de un periodista que veía con optimismo e idealismo la cercanía de la realidad que pasa por los ojos vivientes, exigida durante décadas por generaciones. La repetía con carácter de estribillo irreductible que amanecía como el pan en la conciencia de cada uno de los nicaragüenses. Certificaba con ella su posición de periodista.

No podía tolerar que la voracidad material de una familia pusiera a Nicaragua en la penosa clasificación de ser propiedad privada. Tentáculos monopólicos la convertían en una hacienda donde los hijos sencillos hacían de peones de los círculos de poder.

Era —y lo seguiría siendo en su ya oficialmente declarada edad octogenaria— un incansable defensor de la libertad de expresión en cualquier parte del mundo. Si ella había sido declarada le daba mantenimiento con su palabra, basado en que todo puede iniciarse y no sostenerse. Eso porque era un periodista total y toral. Hombre de oficio que andaba por el mundo con las herramientas de la libertad. Consciente de que sin esa base prima no podía ejercerse la profesión. Afortunadamente en la actualidad en el gobierno de don Enrique, la tenemos no por concesión sino por derecho. Negarla sería una mentira más de la falsificación política.

Otro logro, producto de su lucha por la cual murió: se fue Somoza aunque no todo su sistema. Tenerlo fuera a él y a su camarilla era su mayor y más combativo deseo. Ahora los nicaragüenses tenemos limpios de púas los peldaños que impedían ascender a las torres de la libertad. Los dos fines fueron logrados. Están de pie. Pero, ¿y los otros?

Me pregunto qué sería y haría en Nicaragua agobiada por una deprimente disputa dentro de los propios poderes del Estado, agobiada también por los pactos y los repactos que surgieron y resurgen como si fueran filas de huracanes, Nicaragua secuestrada por el autoritarismo partidario de dos caprichos.

Estaría luchando, desde su posición de periodista comprometido, contra los caudillos pactistas con la misma indignación con que condenó los pactos de Agüero y Somoza sólo para que aquél sonara pitoretas en las caravanas.

Anduve un par de veces con él en UDEL, como periodista y no otra cosa. Se había reconciliado con todas las fuerzas opositoras del país. El legendario Domingo Sánchez “Chagüitillo” era uno de sus aliados.

No olvido los preparativos que le hacía doña Violeta antes de partir a las giras. Nos reuníamos en el kiosco del parque Las Palmas en horas anticipadas a compartir tragos y bocadillos. El doctor Pedro José Quintanilla y el doctor Edmundo Jarquín a quienes destinaba una especial amistad y otros, eran infaltables concurrentes a la tertulia previa.

Dentro de esas jornadas recuerdo un discurso pronunciado por el doctor Chamorro en la Cuesta Country Club en un homenaje dado en motivo de concedérsele el premio Moors Cabot. El remate fue: diálogo con todo el mundo menos con Somoza.

¿Dónde está ahora el doctor Chamorro? El signo de la presunción sigue abriendo sus alas. Sustentado en que morir por la Patria es vivir, lo veo observando desde la atalaya que le encomendó la eternidad si Nicaragua retiene o no el sello de República que él alzó con la mayor avidez en su gesta de mártir.

El autor es periodista
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Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el escritor

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